sábado, 30 de diciembre de 2017

¿¡El día mundial de los pobres, es una hipocresía!?







Con el valor, ciertamente astronómico de la hipotética venta de la Piedad, millones de pobres, que viven ahora en la miseria, podrían recibir una ayuda considerable. 

No es preciso ser  muy perspicaz para adivinar el comentario que, ciertamente, muchos no católicos habrán hecho a propósito de la institución, por el Papa Francisco, del Día Mundial de los Pobres: más que crear una efeméride de este género, que poco o nada va a beneficiar a los más indigentes, mejor sería que el vaticano abriese la mano de sus fabulosos tesoros y, con el valor de la venta de esos bienes, ayudase efectivamente a los pobres. Caso contrario, el Día mundial de los Pobres, que tuvo su primera edición en pasado día 19 de noviembre, se arriesga a ser una gran hipocresía.

La alegada duplicidad de la iglesia en relación a la cuestión social, recuerda la falsa leyenda de la dama cínica que, ricamente vestida y ostentando lujosas joyas, habría respondido así a un mendigo, a la salida de un baile de caridad: -¿¡cómo se atreve el señor a pedirme limosna, cuando estuve toda la noche danzando por su causa!?

La inmensa riqueza de la iglesia católica, principalmente la del Vaticano, es un tópico referido recurrentemente por los anticlericales. En verdad, no se puede dejar de reconocer que la Basílica de San Pedro, el palacio apostólico, la Capilla Sixtina, la Biblioteca de los museos vaticanos encierran obras de arte de incalculable valor. Es cierto que esos tesoros no son directamente rentables –es probable que los ingresos por su exposición al público no sirvan para siquiera para cubrir los gastos inherentes a su conservación –pero no se puede negar que, la venta de alguna de esas obras de arte, sería suficiente para matar el hambre de mucha gente. Piénsese, por ejemplo, en la Piedad de miguel Ángel: ¿no siendo esa famosa imagen  de Nuestra Señora de la Piedad esencial a la misión de la Iglesia, porque no se promueve su venta, en subasta mundial? Los 450 millones de dólares en los que fue rematado recientemente el cuadro “Salvator Mundi”, de Leonardo da Vinci, podrían fácilmente ser superados por la ‘Piedad’. Con el valor astronómico de ese extraordinario ingreso, millones de pobres, que viven ahora en la mayor miseria, podrían ver mejoradas sus condiciones de vida.

Es verdad. Así como es verdad también que esta misma crítica se podría hacer a otras entidades, comenzando por el Estado portugués. Es significativo que, aún en tiempos de la más severa austeridad nacional, nadie haya sugerido  que el Museo nacional de Arte Antigua vendiese alguna de sus obras más valiosas- como, por ejemplo, el tríptico de Nuno Gonçalves –a pesar de saber que tal enajenación iba a permitir al Estado obtener un ingreso nada despreciable. Más aún, fue precisamente en 2015 y 2016 que, paradójicamente, se lanzó una campaña nacional para la adquisición, por 750 mil euros, de ‘la Adoración de los Magos’ de Domingos Antonio Sequeira. Afortunadamente se consiguió, por suscripción pública, rescatar esa obra y devolverla al patrimonio nacional. Curiosamente, no consta que alguien haya considerado hipócrita aquella campaña…

Tampoco se ha escuchado hasta ahora, que se sepa, ninguna voz reclamando la venta de ese cuadro, o de otro tesoro nacional cualquiera, en provecho de las víctimas de los incendios. Nadie consideró hipócritas a la presidencia de la República, o del Parlamento u otro gobierno, por el hecho de no haber dispuesto de los bienes de los museos nacionales con ese fin. Los partidos políticos y las centrales sindicales, siempre tan preocupadas con los pobres, tampoco avanzaron ninguna propuesta en ese sentido, sin que nadie los hubiese acusado de fariseísmo. Por lo visto, la hipocresía es una virtud exclusiva de los católicos y su Iglesia respectiva…

Por increíble  que parezca, lo que muchos querrían que la iglesia hiciese con sus bienes, ya sucedió en otro país. Por eso, con el liberalismo, todos los conventos masculinos fueron extinguidos, así como los femeninos, aunque éstos solo después de la muerte de la última religiosa. Algunos de los conventos expropiados y su mobiliario fueron integrados en el patrimonio nacional, pero la mayor parte de sus bienes muebles  e inmuebles fueron vendidos en subasta pública y después vorazmente dilapidados. Edificios, imágenes de arte sacra y bibliotecas de enorme valor artístico y cultural, que las órdenes religiosas tenían, durante siglos, creado y conservado, para bien de la nación, se perdieron para siempre. Henrique Leitão e Luana Giurgevich publicaron, recientemente, en una obra de referencia (‘Clavis bibliothecarum’, 2016), los catálogos e inventarios de las instituciones religiosas en Portugal, hasta 1834. Más de cuatrocientas bibliotecas desaparecieron con esa catástrofe cultural, solo comparable al terremoto de 1755 y a la tragedia que fue, para enseñanza nacional y cultura científica portuguesa, la expulsión de los jesuitas, en 1759.

¿Qué sucedió con cuadro “Salvator Mundi”, recientemente comprado en subasta, por un desconocido multimillonario? Pura y simplemente desapreció, para el público en general, que ya no lo puede contemplar: desgraciadamente, puede más el poder económico de uno solo que el legítimo interés cultural de todos. Lo mismo sucedería con la ‘Pietà’, o los demás tesoros artísticos del Vaticano, si tuviesen el m ismo destino. Esos bienes son de hecho, de la humanidad; la Iglesia católica solo los conserva y garantiza que estén a disposición de todos, sobre todo de los más pobres. Cualquier sin techo puede ahora entrar en la Basílica de San Pedro y contemplar, gratuitamente y durante el tiempo que quiera, esta magnífica escultura de Miguel Ángel, que le estaría prohibida si fuese propiedad privada, como es ahora el “Salvator Mundi”. Si esa imagen mariana fuese también eventualmente subastada, serían todos los pobres los principales perjudicados, aunque el dinero de su venta revertiese a favor de algunos de ellos.   Porque la ‘Pietà’ es de la Iglesia es de todos nosotros, también de los no creyentes y, sobre todo, de los pobres.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre, para que todos fuésemos ricos en su pobreza (cf. 2Cor 8, 9). Su Iglesia, siendo pobre y para los pobres, como recordó el papa Francisco, se hizo rica, para que todos los pobres puedan ser ricos con su riqueza.

http://observador.pt/opiniao/o-dia-mundial-dos-pobres-uma-hipocrisia/




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