sábado, 21 de octubre de 2017

El mundo no soy yo


Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


El sufrimiento invita al cambio en el sentido de que estamos más atentos a los otros. Con todo, a muchos solo los vuelve más distantes, fríos o indiferentes. ¿Pero cómo puede alguien tener paz sabiendo que hay otros, semejantes a él, que no la tienen?

La realidad es mucho mayor y muy diferente de lo que solemos creer. Hay mucha gente muriendo de hambre, así como hay personas que dan lo mejor de sí al mundo y marcan la diferencia, incluso aunque nadie les reconozca eso. Sin embargo, nadie es imprescindible, tampoco nosotros mismos.

La humanidad es rica en diversidad, compuesta por pueblos innumerables que fueron adaptando la vida y su vida a las condiciones de los lugares donde fueron construyendo sus casas. En todo tiempo y lugar hay vida. Cada uno de nosotros es a penas una ínfima parte de este movimiento de la vida que quiere vivir.

Algunos, sin embargo, se creen superiores, o por el poder, o por el dinero, o por cualquier otra cosa. Claro, todos tenemos dones que nos diferencian en algo concreto, pero también tenemos otros puntos en que somos más débiles que nuestros semejantes.

Por más que comprenda nuestra conciencia, cuando somos tocados por una tragedia o atañe a uno de nosotros, todo cambia. Consideramos que la realidad altera todo su sentido y se concentra solo en lo que nos acontece aquí y ahora. También en los buenos momentos tendemos a aislarnos de los demás y del mundo, como si... fuésemos la única cosa importante. O sea, raras veces conseguimos pensar de forma adecuada a nuestra posición relativa en el mundo y en la vida.

El sufrimiento invita al cambio en el sentido de que estamos más atentos a los otros. Con todo, a muchos solo los vuelve más distantes, fríos o indiferentes. ¿Pero cómo puede alguien tener paz sabiendo que hay otros, semejantes a él, que no la tienen?

Vivimos solamente en un pequeño trozo del mundo, pero tenemos inteligencia suficiente para comprender que existen otros cuya vida podemos y debemos mejorar, a través de simples gestos que comienzan por no ignorarlos.

Tal vez una de las perores cosas que hacemos sea no agradecer la vida considerando que ella es mala, que somos unos desgraciados y que nada tiene importancia... La verdad es que tal vez el mundo quede mejor sin gente así, que solo sabe mirar para sí mismo.

También nosotros somos otros, en un horizonte donde existimos todos. Iguales en dignidad, pero donde quien se olvida de su prójimo la pierde, por completo, a pesar de las apariencias.

Ilustración Carlos Ribero




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