sábado, 26 de agosto de 2017

Los imprudentes nunca tienen paz




OPINIÓN DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


 “Nadie nace bueno. Que seamos buenos es el resultado de una lucha constante, donde al enemigo le basta un desequilibrio para que aquello que ha llevado años construir se destruya en una sola noche.”

Hoy se prefiere el exceso. Se recurre a la exageración como si fuera bueno y la moderación se considera una flaqueza cobarde de quien es incapaz de ir más allá de sus límites. 

Los extremos nunca fueron buenos, ni la imprudencia fue alguna vez un medio eficaz de llegar a un buen fin.

Ser humano implica encontrar el punto de equilibrio en todo. La armonía es una condición de la felicidad que es la paz. El mal es complejo y radical, engaña por medio de la mentira de las apariencias fugaces y deslumbrantes y no combate con armas semejantes, sino con verdad, sencillez y determinación paciente.

Moderar los apetitos y los deseos es el primer paso de quien busca construir y recorrer el camino seguro.

La inteligencia y la experiencia exigen que seamos prudentes, que hagamos del tiempo un aliado, impidiendo que la prisa o la pereza nos lleven a decidir en el momento equivocado. Lo mismo debemos hacer con el espacio, ni demasiado lejos, al extremo de que no podamos siquiera distinguir los contornos, ni tan próximo que no veamos sino un detalle ínfimo, aislado y perdido de su contexto.

Un árbol crece lentamente, pero seguro. Se eleva a medida que enraíza. Un fuerte tronco une las raíces, que buscan sin cesar las mejores fuentes de alimento, a las ramas, que apuntan al cielo.

Lo invisible es la razón de ser de lo visible.

Los que prefieren el radicalismo no tienen paciencia para comprender que jamás la verdad se dejará abarcar por un ciego de corazón y soberbio de inteligencia.

Hay algo extraño en las voluntades temerarias que sobrepasa los límites. Hay quien se permite todo en nombre de una libertad que en manos de un radical no es un bien, sino un mal. Para sí mismo, para los otros y para el mundo.

Ser prudente no es ser neutro ni quedarse inmóvil, implica decir y actuar en el tiempo exacto. No es para débiles, perezosos o cobardes.

Nadie nace bueno. Ser buenos es el resultado de una lucha constante, en la que al enemigo le basta un desequilibrio para que aquello que ha llevado años construirlo se destruya en una sola noche.

Sólo la prudencia nos puede conducir a la paz que es la felicidad.


Imagen Carlos Ribero
http://rr.sapo.pt/artigo/91884/os_imprudentes_nunca_tem_paz

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