martes, 1 de agosto de 2017

La rutina es un muro ante los cambios



Daniel Medina Sierra


La vida nos juega malas pasadas, eso es obvio, ningún objeto queda inmóvil eternamente, tarde o temprano habrá una causa y por tanto un efecto. Imaginen entonces, un ser viviente, cualquiera, que conozca un poco la naturaleza, verá que está en permanente cambio, transformación, degradación, multiplicación...

Nosotros los seres humanos necesitamos, más que ningún otro ser de este mundo, un ambiente tranquilo, necesitamos un punto de referencia; cuando algo fuera de nuestro control entra en escena, entramos en pánico.

Necesitamos orden en nuestras vidas, coherencia. Es más fácil entenderlo con ejemplos. Si zarpamos en un barco, con aguas tranquilas, todo el equipo en perfectas condiciones, con una ruta clara y un destino, estaremos tranquilos y disfrutaremos del viaje. Cada cambio que transcurra en el viaje será motivo de miedos y angustia. El mar esta embravecido, el equipo empieza a fallar, no tiene siquiera una brújula para orientarse. En cuestión de minutos, un viaje apacible se convierte en una verdadera pesadilla.

En sentido más cotidiano el símil es, en esencia, semejante. Estudiar, trabajar, mantener una relación sentimental, casa, compromiso, hijos, un viaje con ciertos sobresaltos pero con ruta y destino claros. Queremos creer que tenemos control de nuestras vidas, que nada malo nos pasará, que podremos impedir que nos robe la brújula, pues sin ella estaríamos perdidos. No tenemos control sobre nuestras vidas, la rutina es un muro ante los cambios, una especie de burbuja. Nadie te prepara para saber qué debes hacer, o cómo reaccionar ante semejante situación. Tenías trabajo e ingresos y ahora no ¿Cómo gestionas la falta de ingresos, de la rutina del ganarse el pan?

¿Y si solo eran las primeras nubes antes de la gran tormenta?... Su pareja le deja, pierde su casa, amigos, familia... la tormenta perfecta. Causa y efecto, propia o ajena, puede cambiar por completo el rumbo de nuestras vidas. Cuando ya nada crees que te va a sorprender, truenos y relámpagos impiden ver el horizonte, una salida.

El secreto es dejarse llevar, cuántas batallas perdidas contra los cambios que inexorablemente tendrán que ocurrir, cuantas negaciones de la verdad, cuanto rencor, cuanta incomprensión, para reconocer que no soy dueño de mi vida, pero si de mis actos.

Cuando recibes esa gran revelación es cuando más valoras el entorno que nos rodea. Ser consciente de la fragilidad y disfrutar de cada momento, es la mayor obra que podemos dejar en nuestra corta estancia en este mundo. No todo lo que sube es bueno, no todo lo que baja es malo. Caminar hacia delante es, en ocasiones, caminar hacia atrás. Tal vez estemos tan preocupados por subir, que nos olvidamos del esfuerzo, de la voluntad, desechamos tantas lecciones de humildad que aprendimos cuando estábamos abajo. Ir hacia delante con las maletas repletas de recuerdos, de promesas, una parte importante de nuestras vidas se nos escapa, porque consciente o inconscientemente fuimos tirándolas porque nos pesaba mucho e impedían que corriéramos más deprisa.


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