domingo, 19 de marzo de 2017

El milagro de los pastorcitos de Fátima

P. GONÇALO PORTOCARRERO DE ALMADA

Consta un nuevo milagro atribuido a la intercesión de los beatos Francisco y Jacinta Marto. La noticia no ha sido confirmada aún oficialmente pero, si lo fuere, quedará abierto el camino para la canonización de los más jóvenes pastorcitos de Fátima. Teniendo en cuenta que su beatificación ocurrió en Fátima, el 13 de Mayo de 2000, cuando San Juan Pablo II peregrinó por última vez al santuario de Cova de iria, no sería imposible, aunque muy probable, que el Papa Francisco canonizase a ambos el próximo día 13 de Mayo, con ocasión de la peregrinación a Fátima, en el centenario de la primera aparición mariana.

El milagro alegado sólo podrá ser reconocido como tal después del análisis por tres comisiones. A la científica toca probar que el hecho extraordinario no es susceptible de explicación natural. La comisión teológica tiene que reconocer que el eventual milagro se debe a la intersección de los bienaventurados Francisco y Jacinta. Por último, el Pleno  de la Congregación para la causa de los Santos deberá aprobar la canonización que, en última instancia, es decidida por el Papa. En estas cuestiones, la Iglesia es particularmente cautelosa y, por eso, no es de extrañar que sea largo el proceso a realizar desde el rumor de un posible milagro hasta la beatificación, o canonización, del siervo de Dios en causa.

Pero, aunque, por razón de la necesaria complejidad y demora de este proceso, ya no sea posible que el Papa Francisco los canonice con ocasión de la visita a Fátima, la verdad es que, de confirmarse el posible milagro atribuido a los dos pastorcitos más jóvenes, está ahora más próxima su tan deseada canonización.

Por más que se haya dicho en el sentido de dar a conocer la vida santa de Francisco y Jacinta Marto, es una pena que, precisamente entre los cristianos, no todos conozcan suficientemente estos ejemplos tan impresionantes de santidad. De hecho, al leer las Memorias de la Hermana Lucía –cuyo proceso de beatificación, concluida la fase diocesana, progresa ahora en Roma- se queda muy impresionado con la heroica virtud a que, en poco tiempo, llegaron aquellos dos hermanos.

Su mudanza y conversión es tanto más significativa por cuanto es cierto que tales niños eran, antes de las apariciones, muy normales, también en sus defectos infantiles. Jacinta tenía los caprichos propios de las niñas de su edad y Francisco hacía las travesuras comunes a los rapaces de su aldea: en una ocasión, por ejemplo, tiró piedras a los niños de una población vecina, con otros muchachos de Aljustrel. Otra vez, al ver en casa a otro hermano mayor que, al lado, dormitaba, solo no le metió en la boca un bicharraco porque el padre, in extremis, le  impidió consumar la fechoría... Tampoco eran niños particularmente piadosos: a pesar de tener todo el día por su cuenta y aunque los padres les recomendaran el rezo diario del rosario, no hacían eso, para tener más tiempo para sus juegos infantiles, mientras pastoreaban los rebaños familiares.

Si es verdad que, al inicio, de ‘santitos’ no tenían nada, cuando murieron eran ya de una probada virtud: impresiona ver su rigurosa piedad, su mortificación heroica, su extraordinaria devoción eucarística, sobre todo de Francisco, siempre deseosos de hacer compañía a ‘Jesús escondido’ en el sagrario; su tierno amor por la Señora más brillante que el sol que se les aparecía; sus ansias de reparación  por los pecados de todos los hombres; su filial oración por la Iglesia y por el Santo Padre; su empeño en sufragar las almas del purgatorio; su generosidad en la oración y expiación por la conversión de los pecadores, aterrorizados como quedaron con la visión del infierno.

Aunque Fátima no estuviese asociada a ningún fenómeno extraordinario, la santidad de los pastorcitos sería ‘milagro’ más que suficiente para atestiguar su autenticidad sobrenatural. Pero es también una hazaña y, casi, una provocación: ¿si ellos, en tan poco tiempo, progresaron tanto espiritualmente, por qué no aprendemos nosotros la lección1?¿¡Por qué esta demora nuestra en seguirlos por los caminos de la santidad, que ellos tan heroicamente recorren en tan poco tiempo!?

En buena hora la Conferencia Episcopal quiso resaltar el centenario de las apariciones marianas de la Cueva de Iria con una carta pastoral, “Fátima, señal de esperanza para nuestro tiempo”, para leer y meditar. ¡Para los más jóvenes, que bueno sería darles a conocer las vidas heroicas de los bienaventurados  Jacinta y Francisco Marto! ¿Si Nuestra Señora confió tanto en aquellos tres niños, que escogió para sus interlocuciones y mensajes, por qué no hacer otro tanto con los jóvenes de nuestras familias, catequesis y escuelas?

http://www.vozdaverdade.org/site/index.php?id=6189&cont_=ver3

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