domingo, 28 de agosto de 2016

Cristianismo y Juegos Olímpicos




Si es a la revolución francesa que se debe la restauración del olimpismo, ¡¿cómo explicar que los Juegos Olímpicos solo hayan recomenzado “moderna y definitivamente en 1896”, o sea... más de cien años después?!

En Público el 19 de agosto pasado, el historiador Rui Tavares, que también es el fundador del Libro, escribió: “lo que acabó con los juegos Olímpicos antiguos fue la llegada al poder del cristianismo. Teodosio, el primer emperador cristiano que gobernó el Imperio Romano   (Constantino fue el primero en convertiré al cristianismo, pero ya cerca de su muerte), emitió una serie de decretos aboliendo todo tipo de cultos a los dioses paganos, y fue así como los juegos Olímpicos, que eran tanto una fiesta religiosa como deportiva, se extinguirían más de mil cuatrocientos años después. Teodosio era orgullosamente intolerante con los rituales, las imágenes y la sensualidad del paganismo”.

Es curioso que este historiador, aunque reconozca que Constantino fue el primer emperador romano cristiano, no lo considere como tal, a efectos de los Juegos Olímpicos. ¿Por qué? Porque murió pronto, el hombre. La verdadera razón, con todo, parece ser otra: como daba por hecho que el primer emperador cristiano pudiese ser presentado como un fundamentalista enemigo del olimpismo, el fundador del Libro tuvo a bien suprimir a Constantino para, falseando la historia, presentar a Teodosio como “el primer emperador cristiano que gobernó sobre el Imperio Romano”. ¿Esclarecedor, no es así?

También omite –¿olvido, ignorancia o simple mala fe?- que Teodosio, en la fase inicial de su reinado, fue tolerante con los paganos y favorable a la conservación de sus templos y estatuas, aunque haya retirado, en 381, la prohibición de Constantino en relación a los sacrificios, estableciendo, diez años más tarde, los sacrificios de sangre. A pesar del fundador del Libro afirmar que el cristiano Teodosio era “orgullosamente intolerante”, la verdad es que, por ejemplo, cuando en 338 algunos cristianos incendiaron la sinagoga de Calínico, en Mesopotamia, Teodosio ordenó al obispo local que reconstruyese la sinagoga, disponiendo los recursos necesarios, y que castigase a los incendiarios. ¡Para “intolerante”, convengamos que no está nada mal!

¿Pero, sería Teodosio de hecho orgulloso? En el año 390, San Ambrosio de Milán excomulgó a este emperador, por haber ordenado la masacre de Salónica, como represalia por el asesinato del gobernador militar de esa ciudad. Sólo después de que Teodosio hubiese manifestado su arrepentimiento y hecho, durante varios meses, penitencia pública, fue levantada la excomunión y el emperador, que los ortodoxos veneran como santo, fue admitido en la iglesia. A este propósito, Teodosio diría más tarde: “Sin duda, Ambrosio me hizo comprender por primera vez lo que debe ser un obispo”. ¿¡Un todo poderoso emperador romano que se humilla hasta este punto, ante un obispo indefenso católico, sería entonces tan orgulloso?!

Más sorprendente es, con todo, la originalísima tesis de este historiador en relación al renacimiento de la práctica olímpica: “Después de Teodosio, solo se volvió a hablar del restablecimiento de los Juegos Olímpicos con la Revolución Francesa” (con mayúscula en su texto, al contrario de Cristianismo, que escribe siempre con minúscula, vaya a saber por qué...). ¡Por lo tanto, según este cronista, durante un milenio nadie siquiera habló de los Juegos Olímpicos!
¿¡Pero, si se debe a la revolución francesa la restauración del olimpismo, cómo explicar que, como dicho historiador reconoce, los Juegos Olímpicos solo hayan recomenzado “moderna y definitivamente en 1896”, o sea... más de cien años después?!

Además, es curioso que se omita la obligatoria referencia a Pierre de Frèdy, que fue, de hecho, el restaurador de las Olimpiadas y que, por más señas, no solo no tiene nada que ver con la revolución francesa, sino que, por el contrario, era un aristócrata, que fue bautizado en la Iglesia católica, estudio en un colegio jesuita, pidió y obtuvo, para el olimpismo moderno, la bendición del papa San Pío X y era amigo del padre dominico Henri Didon, que fue el autor del lema olímpico. ¡Si el mismo fuese revolucionario y ateo, ciertamente que habría tenido derecho, por parte de este historiador, a una mención honrosa, pero siendo baron de Coubertin y, aún peor, cristiano, nada de eso!

Tampoco se refieren los Juegos Olímpicos de Berlín, cuando Hitler aprovechó ese acontecimiento deportivo mundial para exaltar la raza aria y hacer propaganda del régimen nazi. ¿¡Si un jefe de Estado entonces hubiese rehusado la participación de su país en esos Juegos, el fundador del Libro también lo condenaría por ser “orgullosamente intolerante”? ¿¡ No es verdad  que, si algún estadista lo hubiese hecho, para no colaborar con el nazismo, habría merecido el respeto y la admiración de todos los verdaderos humanistas cristianos?!

Igualmente se omiten otras diversiones de la antigüedad greco romana a la que los emperadores romanos cristianos también pusieron término, como son los combates circenses, en los que tantos cristianos fueron bárbaramente asesinados. Es verdad que la revolución francesa no restauró esos degradantes espectáculos paganos, pero sí retomó la persecución a muerte de los cristianos, la que el comunismo, a su vez, ha llevado a cabo, desde 1917 hasta la actualidad (China, Corea del Norte, etc.), generosa continuidad.

Este cronista de Público, más allá de historiador, fue también fundador del Libre. Es, de hecho, -¡honra le sea hecha!- un historiador libre, no de los antiquísimos prejuicios marxistas y anticristianos, sino de la realidad de los hechos. A fin de cuentas, ¿¡quién es el que es “orgullosamente intolerante”?¡

http://observador.pt/opiniao/cristianismo-e-jogos-olimpicos/

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