jueves, 5 de noviembre de 2015

Sínodo de la familia: una bendición para el mundo



/10/2015, 0:05 

http://observador.pt/opiniao/sinodo-da-familia-uma-bencao-para-o-mundo/

Cabe al papa explicar cómo se articula la pastoral de la misericordia con la fe de la Iglesia, como mantener que un matrimonio valido sea preterido por unión posterior, saltándose el principio de la indisolubilidad.

El proceso no está concluido aún, pero ya se puede decir que el Sínodo sobre los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” fue una experiencia positiva, no sólo por el hecho de todas las conclusiones,  incluso  las más polémicas, han sido votadas por dos tercios de los padres sinodales, sino también porque la relación final mejoró sustancialmente el “instrumentum laboris”, esto es el texto de trabajo elaborado a partir de las conclusiones de la asamblea extraordinaria de octubre de 2014. 

Al contrario de lo que sucedía en el texto anterior que, según George Weigel, era “bíblicamente anoréxico”, las conclusiones del último Sínodo expresan una reflexión teológica más madura. De forma más positiva, se reafirmó la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la Eucaristía  y se renovó la apelación conciliar a la santidad. Los miembros de esta asamblea  sinodal insistieron también en la necesidad de un entendimiento pastoral específico para con las familias y matrimonios en situaciones difíciles. Reafirmaron además que la gestación es una bendición de Dios y alabaron el ejemplo de los casados felices y de las familias numerosas, agentes privilegiados de la evangelización.

Otro capítulo sobre el cual las conclusiones de este Sínodo fueron especialmente esclarecedoras, respecto a la aplicación de la doctrina de la Iglesia, o sea, a la pastoral familiar. Se estudió la relación entre la conciencia individual y la verdad, excluyéndose que aquella pueda sustituir, o contrariar, las enseñanzas reveladas por Cristo. En este sentido, se subrayó que la actividad pastoral debe estar en sintonía con el magisterio eclesial, siendo inviables soluciones locales o regionales contrarias a la doctrina de la Iglesia, que es una y universal. 

Aunque consciente de que, en algunos países, la ley civil equiparó otras uniones al casamiento natural, el Sínodo entendió que sólo este es verdadero matrimonio y, en consecuencia, el único que puede fundar una auténtica familia. Se armonizaron los conceptos de verdad revelada y de misericordia divina, en la teoría y en la práctica pastoral.

Muy en buena hora la última asamblea sinodal ha sido más positiva y pacífica que la precedente, aunque es verdad que también se hicieron sentir diversas corrientes interpretativas de la doctrina y de la tradición eclesial. Por un lado, un sector significativo del episcopado europeo y norteamericano, teniendo en cuenta las circunstancias de muchos de sus fieles, sugirió tolerar una segunda unión, permitiendo a los cónyuges recasados el regreso a la práctica sacramental de la confesión y de la comunión eucarística, que en la actualidad no les está permitida. Por otro lado, muchos obispos del resto del mundo reaccionaron contra esa hipótesis, en la medida en que la consideran contraria a la indisolubilidad matrimonial y a la doctrina, también revelada, sobre la eucaristía. La relación final del Sínodo resalta el mantenimiento de la doctrina de la Iglesia pero, al mismo tiempo, apela a una actitud más flexible en relación a los fieles que se encuentran en situación matrimonial irregular.

Cabe ahora a Francisco la última palabra, probablemente a través de una exhortación apostólica post sinodal. Una de las cuestiones que el papa deberá solucionar es la respecta a la forma como la pastoral de la misericordia se conjuga con a fe de la Iglesia. O sea: ¿¡cómo mantener que un matrimonio válido sea preterido por una unión posterior, sin contrariar el principio irrevocable de la indisolubilidad!? O más aún:
  ¿¡Cómo admitir a la comunión eucarística a un fiel que, aunque canónicamente casado con una persona, vive maritalmente con otra cuando, según la enseñanza paulina y la práctica de la Iglesia, se prohíbe la eucaristía a quien se encuentra en ese estado!? Como hace notar el Cardenal Arinze, ¿si a ese fiel se le permite acceder a la comunión eucarística, no podrían también comulgar todos los cristianos cuya vida contradice los principios evangélicos como, por ejemplo, los solteros que viven maritalmente!?

Para superar este impase, algunos padres sinodales apelaron a la noción de discernimiento, o sea, a un acto prudente que, en cada caso, el pastor competente debería realizar sobre la situación concreta de un fiel, permitiéndole, o no, la práctica sacramental. Pero, como se ha dicho, tal solución podría llevar al casuismo y a una relativa confusión sobre la cuestión, como que pastores más rigoristas la negaran o que otros, más permisivos, la autorizarían. Sin un criterio uniforme, se va a perder también la unidad doctrinal de la Iglesia, resultando un debilitamiento del magisterio pontificio y el vaciamiento del propio sínodo. Si así fuese, serían indiferentes en la práctica las recomendaciones pontificias, o las conclusiones sinodales, pues, en cualquier caso, prevalecería lo que, en cada diócesis, el obispo decidiese.

La procesión aún va en el atrio porque el resultado de las dos asambleas sinodales, extraordinaria y ordinaria, reunidas en Roma en 2014 y 2015, respectivamente, sólo será conocida cuando sea publicado el documento en que Francisco decidirá, con carácter definitivo,  las conclusiones que serán introducidas en la pastoral católica. A los fieles les incumbirá entonces, en coherencia con su fe, acatar la decisión pontificia.

De todos modos, ya es posible registrar con satisfacción que la pluralidad eclesial se unió en una común exaltación del don de la familia y del misterio del amor matrimonial, entendido como la unión indisoluble entre una mujer y un hombre, apta de por sí para la reproducción. Todos los fieles, de acuerdo con sus propias circunstancias, son llamados a vivir en familia, porque la Iglesia es familia y cada familia cristiana una iglesia doméstica. Tal como, en la Santísima Trinidad, donde la pluralidad de las personas no obsta a la unidad sustancial, también cada familia debe ser, en la diversidad de sus miembros, una experiencia de comunión en el amor que el mismo Dios es.


Sacerdote

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