domingo, 23 de agosto de 2015

¿La ideología de género, qué género de ideología es?




La ideología de género no es la nueva vanguardia de los derechos humanos, de la igualdad sexual o de la no discriminación, sino una nueva versión del marxismo

La pregunta fue formulada en estos términos: “¿Estamos preparados para abrazar la idea de que el género de cada uno depende de la identidad de género y no de las características del cuerpo, como la genitalidad?”

A esta cuestión trata de responder afirmativamente el autor de la tesis de doctorado que, el pasado día 19 de Junio, fue aprobada con distinción por el  ISCTE y que mereció un amplio reportaje en el diario Público el 11 de agosto pasado.

La ideología de género entiende que no se es del sexo a que corresponde la masculinidad o feminidad biológica, sino del género al que cada cual, libérrimamente, decide pertenecer. O sea, como se afirma en la fórmula anunciada, “el género de cada uno depende de la identidad de género y no de las características del cuerpo”. La sustitución del ‘sexo’ que son sólo dos –el femenino y el masculino- por el ‘género’, que no se sabe cuántos son, permite todas las variantes que el lobby LGBT agrega y promueve.

En abono de su tesis, el referido autor entrevistó a 22 transexuales. Está fuera de duda el respeto que les es debido, como a cualquier otra persona, independientemente de su orientación sexual, así como también son excluidas todas las formas de discriminación injustas. Pero, ¿como reconocer, jurídicamente, una identidad sexual variable?

Según el autor de este estudio, “ser transexual no significa tener una identidad sexual”. ¿Quiere esto decir que la transexualidad no es una identidad de género? Si así fuera, entonces no tiene sentido que una condición, que no es identitaria, tenga relevancia en el registro civil. Si, como se dice, “muchos participantes declaran que se reconocen como  mujeres u hombres a lo largo de sus trayectorias, de cuerdo con su identidad de género”, es obvio que tales participantes no pueden, pura y simplemente, ser tenidos como femeninos o masculinos. ¿Si ser transexual no define en una identidad sexual, en la medida en que tal sujeto tanto puede ser hombre como mujer, cual es la relevancia de la transexualidad en términos de identificación personal?

Más allá de las 22 entrevistas a transexuales, el autor también consultó “79 artículos publicados en as ediciones electrónicas de los cuatro principales diarios”, se supone que sin especial relevancia científica; “un extenso reportaje de una revista semanal” que no se identifica; “el debate” parlamentario que antecedió a la aprobación de la correspondiente ley; “la transcripción de un programa de televisión emitido por a RTP”, que tampoco se menciona; “el mensaje del presidente de la República”, de quien se desconoce cualquier especial competencia en esta temática y, aún, “cuatro comunicados emitidos por la mayor organización de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT)”. Si es todo, en realidad es  muy poco.

Si la identidad de género se determina sólo por la opción personal, la identidad sexual, por el contrario, se desprende de la propia naturaleza. Tal vez algunos nieguen la relevancia del sexo biológico, pero el sexo no es, por norma, sólo biológico, sino sobre todo sicológico y hasta espiritual, mucho ante de ser, también, una realidad cultural. O sea, se nace masculino o femenino y esa condición no es meramente anatómica, sino constitutiva de la personalidad del sujeto, al nivel de su intelectualidad, de su afectividad, de su sociabilidad, etc.

El profesor Richard A. Lippa, de la Universidad de California, realizó con el apoyo de la BBC, una interesante investigación sobre preferencias profesionales. A partir de doscientas mil entrevistas a otras tantas personas de 53 países de Europa, América, África y Asia, concluyó que los hombres tienden a los trabajos más técnicos, mientras que las mujeres prefieren las ocupaciones sociales. Es significativo que esta tendencia se mantenga en todos los países y continentes, no obstante la diversidad de culturas y de condiciones socioeconómicas. A su vez, el profesor Simon Baron-Cohen, del prestigioso Trinity College de la Universidad de Cambridge, que es autor de ‘Sex differences in human neonatal social percepción’, llegó al mismo resultado, al constatar que los niños, con sólo pocas horas de vida, fijan su preferencia en objetos mecánicos, mientras que las niñas, de la misma edad, ponen más atención a los rostros humanos.

Pero hay algo en lo que la ideología de género no engaña: su carácter predominantemente ideológico. Si se tuviera en cuenta que ya Engels afirmaba que la primera lucha de clases es la que se da dentro del matrimonio y que la dialéctica de lo femenino y de lo masculino debe ser abolida, no es temerario afirmar que la ideología de género es neomarxista. D. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián, fue aún más lejos cuando dice, el pasado 15 de agosto, que esta ideología es una ‘metástasis del marxismo’. “De acuerdo con los más agudos analistas –añadió el prelado español- el marxismo fracasó por haberse centrado en la teoría económica de la lucha de clases, sin atacar directamente a la familia, que es la que verdaderamente configura los valores de la persona. Por eso, en la actualidad,  a través de la ideología de género se procura destruir la familia y la concepción natural del hombre”

No obstante la matriz profundamente anticristiana de la ideología de género, la verdad es que, como enfáticamente escribe la autora del reportaje apreciable, en enero de 2011, “el país decidió” autorizar el cambio de género sin necesidad de esterilización o cualquier tratamiento”. Más aún, “Portugal se convirtió en el primer país europeo” en hacerlo, pues “ni España, ni el Reino Unido habían ido tan lejos”.


En vísperas de elecciones legislativas, los partidos deberían ilustrar al electorado sobre este particular, no suceda que, después, “el país” venga a decidir sobre una ideología que aún ningún partido político tuvo el coraje de decir lo que es.
Sacerdote católico



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