sábado, 25 de julio de 2015

Felices los que lloran




                                                          Ilustração de Carlos Ribeiro


Aunque parezcan pedazos de soledad, las lágrimas son gotas de amor que nacen a pares.

Las tristezas no son aflicciones. La tristeza es lo que queda después de la desgracia del momento. Estar triste dura.

Los naturales tormentos de la vida nos enseñan que ser feliz es una forma de vivir en las profundidades inmutables de la existencia, no en las superficies y apariencias agitadas y pasajeras de la vida.

La fragilidad humana lleva a que a veces tengamos que experimentar lo que creemos ser la desaparición de nuestra felicidad… perdemos y sentimos las pérdidas. Perdemos lo que tenemos, pero no lo que somos. Amar es darse. Los que nos amaron se nos dieron. No se pierden porque existen en nosotros. Soy también aquel que me amó. Que me ama.

El dolor es un mal. A veces, llega a través de la culpa. Cuando no comprendemos bien lo que sentimos y lo que  pensamos. Cuando decimos lo que era para callar o hacemos silencio de lo que era para decir. Cuando no escogemos bien lo que hacer o cómo hacerlo.

A veces, la pesadumbre es profunda. Tantas veces la propia libertad  parece ser nuestro castigo. Cuantas más opciones tenemos delante, mayores serán después los arrepentimientos.

Más profunda que la pena es la ‘saudade’ verdadera. La pena es una impresión de disgusto que se clava en el corazón. La ‘saudade’ es mucho más dulce pero, como espada, mucho más dura, afilada y larga. Parece destruir lo que celebra. Se trata de una de las tristezas más hondas… la de haber perdido lo que se tuvo, la de continuar amando lo que ya no está aquí con nosotros. La que continua siendo dos después de dejarnos de sentir el otro.

Hay quien, aunque triste, escoge alimentarse de la luz. Y quien, en la misma situación, prefiere alimentar las sombras. Un amor ausente duele, pero el sufrimiento sólo existe porque el bien no ha desaparecido. Está allí. No ha sido destruido u olvidado, pues, en ese caso, no se sufriría, porque habría desaparecido también la razón por la cual sufre.

La ‘saudade’ es un bien por el cual se sufre.

Una ‘saudade’ que se extingue es señal de un amor que no existió. Los amores que acaban nunca son verdaderos…

La vida es una alegría profunda. Un misterio. Un milagro.

No hay tristeza pura… porque fluctúa siempre en ella una certeza de paz: la certeza de un más allá que existe.

Todas las luchas son lutos… y los lutos son señales de la verdad y de la tristeza que quien es feliz…

El luto es una gravidez al contrario. Un proceso lento por donde la materia se va convirtiendo en espíritu. Enriqueciéndonos por el amor del que nos hace creadores.

El consuelo de quien llora es la certeza de que cuando se ama… la felicidad está en todo y es para siempre.

Las lágrimas son silencios que abren nuestros ojos a la luz.

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