sábado, 18 de julio de 2015

El tiempo no es nuestro



                                                   Ilustração de Carlos Ribeiro

El amor no es una carrera contra el tiempo. No contra el mundo. Es contra nosotros. O mejor, contra lo peor de nosotros. El egoísmo.

La vida necesita del tiempo, pero no hay nada peor que posponer… muchos creen que el momento de amar puede ser otro. Que siempre habrá tiempo después del tiempo. Están equivocados. El tiempo no es nuestro y, por tanto, no está a nuestra disposición.

Podemos ir disfrutando del tiempo, pero nunca por derecho.

Somos libres en el tiempo, pero el tiempo no es nuestro. Somos responsables de lo que hacemos, lo que significa que debemos ser capaces de responder ante alguien. Incluso a solas, tenemos la obligación de tener claros los fundamentos de nuestras decisiones ante nosotros mismos… Pese a que muchas veces la verdad esté toda en una respuesta simple: -¡No sé!

Amar es caminar rumbo al fin de los tiempos, destruyendo esa puerta que separa este tiempo del otro. Lo que ha de venir. Aquel de donde todos llegamos aquí. Aquel a donde todos volveremos. Eso mismo, la eternidad que reposa bajo cada día. El antes del pasado. El después del futuro.

El que soy construyéndose en un diálogo dinámico entre yo y lo que existe más allá de mí, el otro y el mundo.

El amor me lleva al otro. Supero mis límites, del espacio y del tiempo. Porque me doy, paso a existir también en lo que me sobrepasa. Soy más. Sólo el amor permite la conquista de la eternidad. Sólo el amor resiste al nacimiento y  la muerte. Cualquier vida que nace, brota de un amor, de una entrega gratuita e incondicional de algo al espacio y al tiempo sin fin. Pero existir en plenitud sólo es posible si fuéramos capaces de entregar esta vida, toda. Sin esperar nada a cambio. Sin buscar otra recompensa que no sea la de saber que nos entregamos a la eternidad de la misma forma que la eternidad nos confió a este mundo.

El misterio de nuestra existencia pasa porque asumamos el No se. Por cuidarnos de no posponer nada importante. Por asegurarnos que hacemos lo que de bueno es posible, así que es posible. Creer que el mañana es cierto no  es una tontería, pero tampoco es una forma evidente de no merecer el hoy.

En muchas vidas el tiempo dura, dura y dura. Se expande. Tal vez por eso haya quien no sepa entender que no hay días iguales. Que sólo porque un día sucede al otro, eso no es garantía que le sea semejante. Ser, existir, es vivir y dar vida. Dar vida. Dar vida. Darse al mañana como si no hubiese mañana.

Sentir el hoy. Olvidar el pasado, pero asumirlo. No soñar con el mañana, sino construir el mejor mañana de que fuéramos capaces.
Si todo puede acabar hoy mismo, por eso importa agotar lo que somos y queremos ser sin escatimar esfuerzo… importa que sepamos que también es posible que duremos mucho en el tiempo por aquí. Nuestra vida no nos pertenece. Somos una parte de todo. No el centro. No estamos vivos, somos vida. Una vida llena de misterios, pero de belleza sublime. Pueden las lágrimas y el sufrimiento parecer una eternidad… pero sólo el bien no tiene fin.

No siempre somos capaces de comprender el bien que somos, el bien que nos acontece, el bien que hay en todo.

El amor nos hace renacer cada vez que parece maternos. Hacer un camino es construirlo donde no existe y es necesario. Existir es dar vida a la vida. Todo lo demás es… nada. Decir que no al amor es negarse a sí mismo. Es privarse de sí. Anularse. Hacerse nada.

No sabemos de qué tiempo llegamos, ni a qué tiempo vamos. Pero llegamos y vamos. No sabemos ni cuando, ni donde. Pero nuestra esencia no deja margen para dudas: no somos ni una casualidad ni algo sin sentido.

Importa comprender y vivir la profundidad del tiempo. Tal cual es. Tal cual somos. Infinitos.


 Somos más que tiempo. Mucho más.

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