jueves, 9 de abril de 2015

¿Somos realmente libres?



Por Daniel Medina Sierra

Charlando hace unos días con una buena amiga, surgió un tema recurrente: qué entendemos por el concepto de Dios.

Nuestra amiga nos comentaba que Dios nos concede el don más preciado del ser humano: la libertad.

Escuchando atentamente sus argumentos, su visión de Dios, pensaba “¿Cómo puede estar tan segura, o al menos eso parecía, de que Dios nos hace libres?

Desde luego, y puesto que hablamos de Dios, mi planteamiento es subjetivo, por lo tanto no tengo la certeza, sino mi propia vivencia.

Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que los hombres no somos libres en absoluto. Nuestro margen de acción es muy limitado, ya que depende de factores externos, es decir, el país donde naces, no es  lo mismo nacer en un país desarrollado que nacer en un país subdesarrollado; también interviene la situación política, social. En el desarrollo personal tenemos también el núcleo familiar, amistades.

Por lo tanto, difícilmente un individuo podrá elegir cómo vivir su vida. Me podría extender, pero creo que queda suficientemente caro mi alegato.

Un ejemplo claro lo encontramos en los padres. Un hijo llora porque se ha caído y se ha hecho daño, el padre lo cura, lo abraza, y el niño se siente a salvo.

El hijo sigue creciendo, pero el padre sigue cuidándolo; se casa, tiene  hijos, y el padre es dichoso con sus nietos, a los que cuida con el mismo amor con que cuidaba de su hijo (o más); está orgulloso de cómo su hijo ha crecido, habiendo sido un niño querido y esperado, y cómo, siendo ya un hombre, enseña a su hijo a amar y respetar a los demás.

Otro amigo me explica que si Dios interviniera de forma directa y evidente, no tendría razón de ser, ya que entonces todo sería fácil y se daría por hecho…

Creo que no se da cuenta de que lo que no tiene sentido es que los hijos lloren, sufran, y no tengan siquiera el consuelo de un padre…

No, no somos libres, somos esclavos unos de los otros, y no podemos despertar de esta pesadilla, volver a sonreír, a dormir ocho horas seguidas...

No conozco un padre amantísimo que deje sufrir a un hijo. Se culpa de todo al hombre pero… ¿A caso Dios no interviene, los otros seres humanos no intervienen?... ¿Libertad?


Si fuera libre no sería pobre, si fuera libre tendría una segunda oportunidad, si lo fuera… el trabajo no estaría hecho y acabado, al contrario, quedaría mucho por hacer, pero, por vez primera seríamos completamente libres, no me refiero al libre albedrío, sino libres para amar, para ayudar, cumpliendo  sueños; libres para no soñar con paraísos y ángeles cantando al son de músicas celestiales, sino para construirlo aquí...

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