sábado, 21 de febrero de 2015

Visión general de las universidades actuales y su función sociocultural

Lamentablemente vemos que los sistemas actuales como el liberalismo y el socialismo promovidos durante décadas en toda clase de universidades, tecnológicos, politécnicos… con sus grandes avances científicos y tecnológicos, han ido dejando un saldo negativo en lo que se refiere al medio ambiente y a la situación personal y social. Y es que es un hecho que la libertad que implica cultivo, es aquella que no está esclavizada por el error y el mal. Por esta razón no se ha podido desarrollar auténticamente la cultura ni ha podido haber auténtico desarrollo porque la libertad no ha sido sometida a la verdad y al bien.

Hay que reconocer que los sistemas que están implícitos en todas las asignaturas de las áreas científicas, técnicas, de negocios, ingenierías, humanidades… de la gran mayoría  de las universidades y centros educativos y que son el liberalismo y el socialismo han sido una de las causas de este déficit social y ambiental. Y es que el liberalismo que invoca una “cultura” que va contra el orden absoluto, natural y sobrenatural de la verdad y del bien y de sus normas morales acaba promoviendo la incultura en la que la “libertad” sin control, queda esclavizada por las pasiones y va en contra de la verdadera cultura.
El liberalismo o capitalismo que pone la verdad y la escala de valores en función del libre mercado y sus sistemas educativos materialistas y relativistas en sus principios, como el constructivismo y el construccionismo que sostienen que el hombre es el artífice de la verdad que puede sostener la cultura y que son los pilares de la malentendida democracia, han acabado por promover la anarquía, el caos, el atropello a los derechos humanos, la injusticia, la devastación ambiental, oponiéndose radicalmente a la cultura.
Por su parte, el colectivismo de izquierda o marxista socialista que lleva el maquiavielismo hasta el extremo, destruye la cultura al afirmar que la única realidad es la materia en evolución necesaria y que a través de la sociedad la materia engendra el derecho, la filosofía y la religión subordinando la persona al estado considerándola como medio para la producción y para el estado.
Definitivamente estos dos sistemas: liberal o capitalista y marxista o socialista por ser materialistas, son intrínsecamente incapaces de lograr el orden social, la paz, la justicia y el auténtico desarrollo.
Esto nos lleva a reflexionar sobre el papel que han tenido en todo esto las Universidades, ya que las Universidades auténticas deberían ser el órgano superior de la cultura con la misión de investigar la verdad en todos sus aspectos, pero sobretodo en la unidad superior de la sabiduría filosófica y en el caso de las universidades católicas o de inspiración cristiana, más aún, desde la sabiduría filosófica y teológica. Todo parece indicar que se ha perdido la conciencia de que la Universidad es el lugar donde se debería proyectar el orden y la organización de la vida humana, individual y social en todos sus aspectos.
Y es que el agnosticismo, el racionalismo, el empirismo, el idealismo, el escepticismo, el materialismo, el existencialismo y sus distintas aplicaciones a la política, la economía, la psicología, la pedagogía, la administración… en sus formas de liberalismo, comunismo, constructivismo, construccionsimo, relativismo, etc., todos estos errores de la Filosofía no pueden ser sino la negación de la misma, ya que llevados a la práctica resultan ser destructivos del hombre y de todo lo que le rodea.
Por esto también, las Universidades que carecen de una  Filosofía realista, o que obedecen a estos sistemas, han perdido su carácter universitario y han quedado pulverizadas en un conjunto de escuelas independientes, sin el carácter unificador e integrador de todos los sectores de la verdad en la unidad de la verdad total y superior, y han quedado sólo artificialmente y extrínsecamente unidas por una administración común y burocrática que acaba por devorarlas, ya que la academia queda arrodillada al servicio de los sistemas administrativos.
Pero además, el cultivo de los aspectos particulares de la verdad, privados de una verdad sapiencial o filosófica realista que los unifique, carece de carácter cultural porque de ese modo no se contribuye al perfeccionamiento del hombre y de todo lo que le rodea produciendo anticultura en lugar de cultura. Todo esto podemos corroborarlo en el contraste que tenemos entre los grandes avances científicos y tecnológicos y deterioro social y ambiental junto con la injusticia de un mundo polarizado en el que pocos tienen acceso a todos los avances mientras tres cuartas partes del mundo se encuentran en la miseria.



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