jueves, 5 de febrero de 2015

No leas el Quijote

Antes de terminar el curso, Javier me pidió una lista de libros entretenidos para el verano. Es una petición que se repite todos los años entre mis alumnos, y también entre colegas y amigos a la caza de lecturas apropiadas para sus hijos. Se trata de ocupar el tiempo libre que se avecina, de conjurar la amenaza de aburrimiento que planea sobre las largas vacaciones estivales. Y uno, como profesor de Literatura y profesional del tema, no tiene más remedio que atender la demanda de consejo. Con mucho gusto además. Y con varias listas elaboradas durante años, pensadas para edades y circunstancias diferentes, pues no gusta lo mismo a los ocho que a los ochenta.

Javier tiene quince años, y le toca la lista más generosa: cincuenta títulos fotocopiados en una cara de folio. Una selección de veinticinco autores españoles y veinticinco extranjeros. De Homero a Borges, pasando por Cervantes y Shakespeare: sencillamente, los mejores. Y de todo un poco: novela, poesía, teatro, biografía y ensayo suave. Obras comprensibles, breves la mayoría, y muy interesantes. Antiguos y modernos, lejanos y cercanos, incluso vecinos como Delibes y Miguel Martín, a quienes hemos visto casi a diario durante años.

Con el folio en la mano, Javier quiere saber si se trata de libros tan interesantes como Harry Potter, y pone cara de incrédulo cuando le aseguro que no, que en mi selección sólo aparecen obras mucho más interesantes que la mencionada. Luego le explico que la historia de la literatura no empieza ni termina en Rowling, y que el ranking de calidad no lo marca necesariamente el número de ejemplares vendidos. “O sea, que el libro más vendido quizá no es el mejor… ¡Pero es el que más gusta!”, argumenta Javier. En eso estamos de acuerdo, aunque debo matizar de nuevo: “Los libros de Harry Potter son los que más te gustan porque no has leído otros mejores…”. Javier, que es un tipo práctico, decide pasar de las palabras a los hechos, y me lanza un reto contundente: “¡A que no me dices cinco libros que me gusten más de Harry Potter!”.

La verdad es que Javier me pone un reto fácil, pues su interés por la lectura es muy reciente, y lo que desconoce y le queda por leer es casi todo. Ha leído a Tolkien, a Michel Ende y a Jack London, pero no ha tenido aún la inmensa suerte de entrar en la Odisea (Homero), en Las ratas (Delibes), en Peñagrande (Miguel Martín), en El viento en los sauces (Kenneth Graham), ni en Marcelino, pan y vino (Sánchez Silva). Javier agradece mis cincuenta tentaciones en forma de libro y subraya los cinco seleccionados. Hoy, después de un mes de calores y vacaciones, me encuentro con él y le pregunto por el reto. Se encoge de hombros, abre los brazos, pone sonrisa de disculpa y me responde que está leyendo El Quijote. “¡¿Cómo dices?!”. No me lo puedo creer. Ni siquiera los alumnos más lectores te dan esas sorpresas en estos tiempos. Pero Javier me explica que se lee un capítulo cada noche, ya en la cama, y que se ríe un monton con las aventuras de la pareja cervantina. Así que, de momento, el reto puede esperar.

Si alguien me pregunta cómo he conseguido que una criatura de quince años disfrute con la mejor novela del mundo, debo confesar mi inociencia: “No empieces por El Quijote”, fue todo lo que dije al entregarle la lista. El resto, sin duda, lo hizo su adolescencia.






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