jueves, 26 de febrero de 2015

Lineamenta del Sínodo de la Familia -Respuestas a las preguntas 7-11

XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos
La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo
Respuestas a las preguntas de los Lineamenta 
Segunda parte –La mirada en Cristo: el Evangelio de la familia (A)

Preguntas y respuestas
7. La mirada vuelta hacia Cristo abre nuevas posibilidades. «De hecho, cada vez que volvemos a la fuente de la experiencia cristiana se abren caminos nuevos y posibilidades impensadas» (n. 12). ¿Cómo es utilizada la enseñanza de la Sagrada Escritura en la acción pastoral hacia las familias? ¿En qué medida tal mirada alimenta una pastoral familiar valiente y fiel?
En el uso pastoral de la Biblia crece el peligro de una protestantización de la mentalidad de los fieles. La Biblia no se entiende al margen de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Sin duda, con la “sola Escritura” podrá pensarse en muchas supuestas “novedades”, pero éstas al final serán ruinosas y en el fondo ni siquiera serán nuevas.
Al procurar hoy “una pastoral familiar valiente y fiel”, sería un serio error pensar que “valiente” y “fiel” son dos adjetivos que están “en tensión dialéctica”. Una pastoral familiar verdaderamente valiente es la que es plenamente fiel al Evangelio de la familia revelado por Dios en Cristo, transmitido en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, e interpretado auténticamente por el Magisterio de la Iglesia. Los “nuevos caminos” y las “posibilidades impensadas” que se abren al volver la mirada a Cristo no pueden contradecir jamás el depósito de la fe custodiado por la Iglesia. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24,35).
8. ¿Cuáles valores del matrimonio y de la familia ven realizados en su vida los jóvenes y los cónyuges? ¿Y en qué forma? ¿Hay valores que puedan ser puestos de relieve? (cf. n. 13) ¿Cuáles son las dimensiones de pecado a evitar y superar?
Los pecados contra la castidad son muy frecuentes entre los jóvenes y los cónyuges, pero a pesar de eso prácticamente nunca se habla de eso en las homilías, las cartas pastorales, etc. Es urgente que los pastores y los agentes pastorales se empeñen en anunciar íntegramente la doctrina moral católica, en particular la moral sexual y matrimonial. Especialmente, es urgente tomar en serio la enseñanza de la encíclicaHumanae Vitae, para evitar que muchos matrimonios cristianos profanen habitualmente la alianza conyugal mediante la anticoncepción.
También son frecuentes hoy la mentalidad divorcista y la mentalidad antinatalista. Es preciso contrarrestarlas mediante el anuncio gozoso de la doctrina católica sobre el matrimonio: su naturaleza, sus fines y propiedades esenciales, etc.
Por último, destacamos que es necesario evitar el error que ha sido llamado “gradualismo de la ley”. Aunque el crecimiento en la virtud sea gradual, la ruptura con las situaciones de pecado grave debe ser abrupta, para que haya verdadera conversión.  

9. ¿Qué pedagogía humana es preciso considerar en sintonía con la pedagogía divina para comprender mejor qué se le pide a la pastoral de la Iglesia frente a la maduración de la vida de pareja, hacia el futuro matrimonio? (cf. n. 13).

Ante todo es necesario un testimonio coherente (en obras y palabras) de los fieles cristianos, especialmente de los novios y los esposos cristianos. Ese testimonio coherente requiere una fe firme y buena formación doctrinal de los fieles, lo que a su vez requiere que los pastores y los agentes pastorales acepten y prediquen sin respetos humanos toda la doctrina de la Iglesia Católica. Esto último exige una profunda conversión y una amplia superación de la “secularización interna” que se da en muchos ámbitos eclesiales.
Más concretamente, a la pastoral de la Iglesia se le pide que no tolere (ni mucho menos bendiga) la fornicación, el concubinato, el adulterio, etc., sino que llame insistentemente a todos los pecadores a la conversión, anunciando con convicción y alegría la verdad, el bien y la belleza de la castidad y del matrimonio cristiano.

10. ¿Qué hacer para mostrar la grandeza y belleza del don de la indisolubilidad, de modo de suscitar el deseo de vivirla y de construirla cada vez más? (cf. n. 14)
Esto es imposible si no se está convencido de la grandeza y belleza de la Verdad. El reconocimiento de cualquier obligación moral supone ante todo el reconocimiento del primado de la Verdad. El moralismo kantiano del “imperativo categórico” (el deber por el deber mismo, o sea la moral basada en la pura obligación, sin referencia previa a la Verdad y al Bien) es un fundamento inconsistente de la moral. No se puede captar la belleza de la indisolubilidad matrimonial con una mentalidad nominalista o empirista, pues en ese caso el criterio ético imperante es el utilitarismo, y a esa luz la indisolubilidad matrimonial no tiene sentido.
En el fondo de la crisis del matrimonio (y de la crisis eclesial) está la crisis metafísica, es decir, la corrupción de la inteligencia humana, naturalmente abierta al ser y a la verdad, por la influencia de la filosofía nominalista imperante en la modernidad. La fe católica tiene, entre otras cosas, la inmensa virtud de restaurar, con la ayuda de la gracia, la salud natural de la inteligencia humana, pero a condición de que sea la verdadera fe católica la que se predica y no su versión herética corrompida por esa misma mentalidad nominalista.
En particular, conviene mostrar que la indisolubilidad es uno de los aspectos esenciales de la alianza íntima de vida y de amor entre los esposos, y que esa alianza o comunión crece continuamente “a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total” (Papa Juan Pablo II, exhortación apostólicaFamiliaris Consortio, 19).

11. ¿De qué modo se podría ayudar a comprender que la relación con Dios permite vencer las fragilidades inscritas también en las relaciones conyugales? (cf. n. 14). ¿Cómo testimoniar que la bendición de Dios acompaña a todo verdadero matrimonio? ¿Cómo manifestar que la gracia del sacramento sostiene a los esposos en todo el camino de su vida?
En este punto tiene un rol fundamental el sacramento de la Reconciliación, que supone el reconocimiento del pecado, el arrepentimiento, la conversión y la confianza en la misericordia de Dios para el que se arrepiente de verdad y hace un sincero propósito de enmienda. “Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido, con la resolución de no volver a pecar” (Concilio de Trento: DS 1676).” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1451). El perdón de los pecados es una parte esencial del mensaje del Evangelio.
El testimonio de los convertidos (especialmente los casados) puede ayudar en este sentido; también el testimonio de los esposos cristianos que se han mantenido mutuamente fieles a lo largo de toda la vida.



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