lunes, 9 de febrero de 2015

El silencio es oro

Lo ha vuelto a hacer. Monseñor Uriarte, obispo emérito de San Sebastian ha vuelto a hablar de su tema favorito. ETA. Y con matices nuevos llama a la disolución de la banda mafiosa-terrorista que nació para –dicen ellos- luchar contra una dictadura y ha terminando convirtiéndose en el monstruo contra el que dijo querer luchar.
Uriarte, recordarán muchos, no fue jamás un padre para las víctimas. En los nueve años de estar al frente de la diócesis de San Sebastián desafío a mis lectores a buscar en las hemerotecas una sola referencia de cariño a las víctimas, un gesto por insignificante que parezca hacia aquellos que padecieron la violencia por parte de aquellos que se escondieron en el anonimato, en la extorsión a sus vecinos, en el terror hacia el que discrepaba de su ideología totalitaria de ensalzamiento a un ente abstracto e imperialista como “Euskal Herría”.

Uriarte. Ahora, ahora que languidece cuando su sucesor intenta reconstruir sobre el páramo que dejó usted. Ahora habla. Y su lengua que tantos años envenenó a sus paisanos ahora busca congraciarse, quizás dándose cuenta de los años de infamia, quizás movido por otros motivos que le son propios.
No se engañe. Sus palabras entonces caían en saco roto. A los terroristas no les importaba un comino lo que tuvieras que decir y a quien te escuchaba, que solo oyó desprecios hace tiempo que los perdió.
Vascos de buen corazón, gente buena que ante su frialdad con su sufrimiento se les enfrió la fe. Lo que no me extrañaría nada. Porque en usted buscaron un padre y lo que encontraron fue un padrastro.
En este caso, en su caso, monseñor, el silencio es oro. Ya no valen medias tintas, ni mea culpas. El daño está hecho y este es el momento de callar. Podrá obrar más o menos a favor de quienes de verdad le necesitaron, pero ya declaraciones vacías sobran. No vale la pena.
Lo malo no es ni siquiera que hable, en los términos que sea, sino en la estela que tuvo y, desgraciadamente aún tiene. No hay más que ver como recibió el clero vasco a los obispos Iceta y Munilla. Poco los faltó, parafraseando al actual alcalde donostiarra, recibirlos “ a tiros”… Pues eso. Hay obispos que han alimentado esas actitudes, y que han evalentonado al clero más “abertzale”.
Pero eso es de ayer. Y afortunadamente los que siguieron esa estela pintan canas y pronto no pintarán nada. Dios mediante.



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