domingo, 15 de febrero de 2015

Construyendo las estructuras humanas, no se llega a Dios


En el Evangelio de hoy domingo, un leproso se acerca a Cristo y le dice: “Si quieres purifícame” y Cristo, conmovido, le toco diciendo “Lo quiero, queda purificado”. ¿En quien confiamos? ¿En Dios o en nuestras fuerzas y estructuras? Las fuerzas y estructuras humanas son necesarias para objetivos humanos. La mano de Cristo es necesaria para sanar nuestra realidad cotidiana.

Como el leproso, podemos aproximarnos a Cristo solicitando con confianza y certeza, que sí el quiere, los errores, corrupciones y pecados serán borrados de nosotros. Lo curioso es que normalmente acudimos a las fuerzas humanas y creamos Torres de Babel inmensas, que creemos que serán las herramientas de la salvación. Sin duda estas fuerzas y estructuras a veces nos confunden y desvían del camino.

Con razón te confundes, pues esperabas algo de ti o de algún hombre amigo, y maldito el que pone su esperanza en el hombre. Te confundiste porque te engañó la esperanza; te engañó la esperanza puesta en la mentira, pues todo hombre es mentiroso. Si hubieras basado tu esperanza en Dios, no hubieras sido confundido, porque aquel en quien debías colocar la esperanza no puede ser engañado. (seguir leyendo)

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