viernes, 9 de enero de 2015

Yo no soy Charlie

Todavía es pronto para valorar el alcance del asesinato por parte de islamistas de una docena de personas de la revista ‘Charlie Hebdo’ y varios policías; pero sí tengo claro que en mi caso los «enemigos de mis enemigos no son mis amigos». En este sentido me ha parecido interesante la opinión sobre el asunto de la revista católica francesa «L’homme nouveau»: Je ne suis pas Charlie! (Yo no soy Charlie). Opinión mesurada y que comparto, a riesgo de apartarme del discurso dominante, lo siento.

Yo no soy Charlie: la libertad de expresión y la libertad de prensa no dan derecho a insultar, despreciar, blasfemar, a pisotear o burlarse de la fe o de los valores de los ciudadanos, ni a atacar de modo sistemático a las comunidades musulmana o cristiana. «Una viñeta es un disparo de fusil», dijo Cabu [NdT: dibujante de la revista Charlie Hebdo y una de las víctimas].
No, yo no soy Charlie y nos choca ver a Mahoma con forma de boñiga enturbantada o a Benedicto XVI sodomizando niños. No es cuestión de tolerancia o librepensamiento: el insulto es una violencia. Yo no soy Charlie, y no creo en la unidad nacional decretada por un Presidente de izquierdas. Treinta años de equivocaciones son, en parte, responsables de la situación actual. No creo en su capacidad de luchar contra el terrorismo mientras deshilacha cada año la soberanía del país y su capacidad de defenderse y hacer justicia.
Yo no soy Charlie, y el Presidente vuelve a equivocarse al presentar como héroes nacionales a esos caricaturistas que tanto han contribuido a destruir el vínculo entre comunidades, despreciando el sentido de la nación y que ridiculizando a polis, gendarmes y militares convirtieron al francés medio en un gañán. Los policías murieron en esta ejecución sumaria mientras eran caricaturizados por las mismas personas a las que protegían. Yo no soy Charlie, pero soy francés, y observo a mi país sumirse en el horror. Oigo el grito de guerra «Alá akbar» que emerge en los suburbios y los políticos no quieren enterarse de la realidad. Charlie murió por haber minimizado los riesgos del Islam radical. Pensó que por vivir en un país cristiano podía insultar de forma segura. Yo no soy Charlie, pero soy cristiano. No he pensado ni por un solo instante que tenían que morir, o que habían encontrado lo que merecían. Paz a sus almas y que Dios les acoja, si ellos quieren, en su misericordia. Pero yo no soy Charlie.
Miguel Vidal lo dice de un modo más directo, por si alguien prefiere otro estilo:
Charlie Hebdo me repugna. Y la supuesta religión que dicen profesar quienes han cometido el atentado me repugna. Pero ni la repugnancia que me produce esa publicación justifica el crimen, ni la justificación religiosa del atentado exime a sus autores de ser considerados miembros de una secta criminal.
Dios quiera que no se precipiten acontecimientos que parecen inevitables, y a nosotros nos toca rezar por víctimas y verdugos. Como decía G.K Chesterton «La Biblia nos enseña a amar al prójimo y a amar a nuestros enemigos: probablemente porque se trata de la misma gente».



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