viernes, 23 de enero de 2015

¿Papa Francisco versus familias numerosas?

Recuerdo una anécdota. Bueno, más de una. Pero una viene al caso con respecto a un debate de estas últimas horas. ¿El protagonista? Benedicto XVI. ¿El momento? Su viaje papal a Brasil, en mayo de 2007. ¿Las circunstancias? Debate intenso en México por la aprobación de la primera ley del aborto en la capital del país y una advertencia en la revista de la arquidiócesis de ese lugar con “graves sanciones canónicas” a los políticos que votaron esa normativa. ¿El caso? Una pregunta con doble intención realizada por un periodista y el pontífice que cayó en la trampa. ¿El resultado? La prensa tuvo su titular: “El Papa excomulgó a los políticos que aprobaron el aborto”. Una noticia que en realidad nunca existió, porque Ratzinger nunca declaró la excomunión de nadie. Aunque la polémica posterior, esa sí fue muy verdadera.

¿Por qué sacar a colación ahora aquel episodio? Por dos razones. Una: Para recordar que la prensa tiene mecanismos propios, falibles y fácilmente sujetos a la distorsión. Dos: Para no olvidar la importancia de comprender, en su totalidad y sin retaceos, el sentido último de ciertas afirmaciones. Máxime si estas son pronunciadas por el vicario de Cristo.
Ya lo escribí en otras ocasiones: El Papa es uno de los personajes sobre la tierra cuyas palabras están más sujetas a la instrumentalización. Sin importar quien ocupe el puesto. Ocurrió con Benedicto XVI, en el ejemplo citado y muchos otros. Pasó con Juan Pablo II en diversas ocasiones. También antes. No debería ser una sorpresa, entonces, que suceda con Francisco. Ahora bien, con este último ocurre un fenómeno sugestivo e inquietante a la vez. Él habla con libertad personal y franqueza, sin filtros ni censuras mentales. Lo hace muy a menudo. La medida de sus intervenciones es directamente proporcional a la cantidad de sus reuniones, públicas y privadas. Como es un pontífice activo y dinámico, sus encuentros cotidianos son francamente numerosos.
A final de cuentas, y él mismo lo ha dicho, conduce su vida como una persona normal, dentro de la normalidad que un pontificado puede permitir. Si advierte una necesidad, habla. Si le piden su opinión, responde. Si lo van a visitar, dedica unas palabras. Esa vocación de normalidad me parece estimulante, pero comporta un hecho objetivo: Ninguna de sus declaraciones y ninguno de sus gestos puede ser sometido a un control previo. Como ocurre en cualquier persona normal. Nadie espera que todas y cada una de las cosas que surjan de la boca de un Papa sean magisterio de la Iglesia. Ni que a cada momento, en cada instante, el pontífice vaya confirmando en la fe con sus frases y sus silencio.
Puede gustarnos o no, pero a estas alturas del pontificado resulta claro que Francisco es un Papa “ocurrente”. Tiene una chispa especial. No rehuye a hacer chistes y comentarios que pueden dejar atónitos a los interlocutores. Lo digo por experiencia personal. Insisto: Esto puede gustar o no. No pocos se sienten incómodos con su forma de ser, algunos directamente se manifiestan disgustados. Un disgusto que pronto (e injustificadamente) se ha convertido en desconfianza y también en preocupación, cuando no en crítica abierta.
Pero a veces esa desconfianza parte de lecturas parciales o directamente distorsionadas de lo que dice el Papa. Como ocurrió con el ejemplo del “puñetazo”, la madre y el tema de la libertad de expresión. Ahora el episodio parece repetirse, con un pasaje de la conversación con los periodistas que sostuvo Francisco en su viaje de Filipinas a Roma, ayer lunes. Él habló 56 minutos, sobre numerosos temas. Como siempre recomendamos leer todas sus respuestas(aquí).
El comentario en cuestión se refiere a la paternidad responsable y a los hijos en una familia católica. Aquí abajo comparto tanto la pregunta como la respuesta. Me remito sólo a un par de anotaciones al margen. Primero: Por cómo algunos medios manejaron la noticia y por la reacción de diversos fieles, quedó flotando la idea de una crítica, casi una burla, del Papa a las familias numerosas. Pero si se lee la declaración completa, resulta evidente que no es así.
Encontré al menos un diario italiano que tituló: “La familia según Francisco, tres hijos por pareja”. Como si el pontífice hubiese prescrito a los católicos no procrear más de esa cantidad de bebés, cuando en realidad dijo exactamente lo contrario. Ante una pregunta con trampa, que intentaba clasificar a los hijos como la causa de la pobreza en las familias, respondió constatando lo obvio: que la población crece sólo a partir del tercer hijo, porque tener dos equivale a un crecimiento cero, fenómeno que tiene efectos negativos sobre la sustentabilidad de la economía a largo plazo.
Segundo apunte: La frase de la polémica. “Existe quien cree que para ser buenos católicos debemos ser como conejos, ¿no?”. Personalmente creo la frase utilizada fue poco feliz, ciertamente desafortunada, producto del diálogo de corrido. Pero en el contexto no me parece ni un insulto, ni una crítica a las familias numerosas, ni un menosprecio hacia los hijos. En todo caso fue una crítica a quienes vínculan, casi obligatoria y hasta ideológicamente, la “calidad” del propio catolicismo a la cantidad de pequeños que integran sus respectivas familias. Conozco más de uno de ellos. E incluso algún venerando movimiento de la Iglesia que incurre en este error.
No obstante, en la misma entrevista (que, repito, es mejor leer completa) el Papa alabó a su predecesor, Pablo VI, y su encíclica “Humanae Vitae”, que suscribió la negativa de la Iglesia a los métodos anticonceptivos artificales. Y fue muy claro al recordar que Montini redactó ese texto, sobre todo, para oponerse a la mentalidad “neo-malthusiana”. Es decir, a una corriente social que pretendía, desde el poder, reducir la población a través del drástico descenso en el número de nuevos nacimientos. Mentalidad que, evidentemente Bergoglio no apoya, más bien todo lo contrario. Baste sólo recordar la reciente audiencia que brindó cientos de familias numerosas de Italia y de Europa.
¿A qué vino, entonces, la reprensión de Francisco a una mujer que iba por su octavo embarazo luego de siete cesáreas? Queda claro que no intentaba ridiculizar a quienes tienen muhos hijos. El centro de su reto no fueron los pequeños, ni la familia, sino los riesgos (concretos) que pueden conllevar los embarazos sucesivos. Y la obligación para los esposos, también, de ejercer una paternidad responsable en esos casos extremos. A veces, por paradójico que pueda resultar, se llega a ejercer la parternidad responsable no teniendo hijos. Por eso el Papa recomendó directamente a cada pareja encontrar el camino consultando con el propio pastor.
El tema es delicado, porque se trata de lo más sagrado que el ser humano puede tener: la familia. Quien quiera puede sentirse molesto con la frase de los conejos, incluso después de haber leído completas las declaraciones de Francisco. Está en todo su derecho. Pero tampoco me parece lícito estar a la caza de cada dicho del pontífice para alimentar la desconfianza mencionada arriba. Desconfianza que, en realidad, puede esconder un insano deseo por tomar cotidiana distancia del vicario de Cristo.
A BORDO DEL AVION PAPAL
La apertura a la vida es condición para el sacramento del matrimonio. Pablo VI estudió esto: cómo hacer para ayudar, muchos casos, muchos problemas… muchos problemas que tocan el amor de la familia. Pero había algo más, el rechazo de Pablo VI (en la encíclica ‘Humanae vitae’, que decía no a la anticoncepción, ndr) no se relacionaba solo con casos personales: les dijo a los confesores que fueran comprensivos y misericordiosos. Él veía el neo-malthusianismo  universal que buscaba un control de los nacimientos por parte de las potencias: menos del uno por ciento de los nacimientos en Italia, lo mismo en España. Esto no significa que el cristiano deba tener hijos en serie. Regañé a una mujer que se encontraba en el octavo embarazo y había tenido siete cesáreas: ‘¿Quiere dejar huérfanos a sus hijos? No hay que tentar a Dios…’ Pero, quería decir que Pablo VI era un profeta.
Usted ha hablado de tantos niños y de su alegría, pero según los sondeos la mayoría de los filipinos piensa que el crecimiento enorme de la población sea una de las razones de la pobreza en el país. Normalmente una mujer da a la luz más de tres hijos. La posición de la Iglesia sobre la anticoncepción es una de las cosas con las cuales mucha gente no está de acuerdo con la Iglesia.
Yo creo que el número de tres hijos por familia que usted menciona, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener la población. Cuando baja por debajo de este límite, ocurre el otro extremo, lo que ocurre en Itala donde en el 2024 -he escuchado, no se si es verdad- no habrá dinero para pagar a los pensionados… La palabra clave para responder, que usa la Iglesia y que uso también yo, es la de paternidad responsable y cada persona, en el diálogo con su pastor, busca cómo hacer esta paternidad. El ejemplo que he mencionado hace un momento de esa mujer que esperaba el octavo hijo y tenía siete nacidos por cesárea, esta es una irresponsabilidad: “No, pero yo confío en Dios…”, decía. Si, Dios te da los medios, pero perdóname eh, existe quien cree que para ser buenos católicos debemos ser como conejos, ¿no? Paternidad responsable: por esto en la Iglesia existen grupos matrimoniales, los expertos en estas cuestiones y existen los pastores, y yo conozco tantas y tantas vías de salida lícitas, que han ayudado para esto. Y otra cosa: para la gente pobre un hijo es un tesoro, es verdad que se debe ser también prudentes, pero el hijo es un tesoro. Paternidad responsable pero también mirar con generosidad a aquel papá o a aquella mamá que ve en el hijo o en la hija un tesoro.




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