sábado, 31 de enero de 2015

La honra, no la gloria



Por José Luís Nunes Martins

publicado em 31 Jan 2015 - 08:00      http://www.ionline.pt/iopiniao/honra-nao-gloria/pag/2



                                                            Ilustração de Carlos Ribeiro

Mi honra no depende de la opinión de los otros. Es una cualidad personal que depende sólo de mí. Se funda en mis acciones y sólo de ellas depende. Puedo honrar a alguien, pero no puedo contribuir a su honra, sino a través de mi ejemplo.

El mérito que resulta del ejercicio de las virtudes (y de los deberes) no es algo que obtenga siempre la estima o la admiración ajena, muchas veces el resultado es precisamente el opuesto: indiferencia y desprecio. Pocos se llevan bien con quien hace lo que ellos no hacen, pero debían.

Quien espera el reconocimiento de la multitud vive en un plano donde nada es lo que parece, ni, por supuesto, la admiración. Para la multitud, hoy, las apariencias valen mucho más que la verdad.

A veces, en un contexto formal, nos referimos a otros utilizando la fórmula Vuestra Excelencia, al mismo tiempo que la mayoría de nosotros no tiene la menor idea de la verdadera excelencia de esa persona, de lo que será capaz, si es honrada o… si ya no lo es.

Es comprensible que deseemos de ser tenidos en buena estima por nuestros semejantes y por los que están más próximos, queremos merecer su aprecio y estar a la altura de la dignidad de su atención. Pero es esencial buscar siempre la honra, nunca las honras.

Ser responsable pasa por tener siempre presentes los fundamentos de lo que escogemos ser, las respuestas a las preguntas sobre el por qué y el para qué de nuestras decisiones… debemos ser íntegros y consistentes. Aunque eso nos cueste el sacrificio de la reprobación de las opiniones ajenas.

La honra es la práctica de la virtud, no es una vanidad. Se trata de algo que se conquista con mucha dificultad, pero que se puede perder con la mayor de las facilidades. Nos cabe a cada uno de nosotros construir y velar por su honra. Sabiendo que nuestra propia existencia es, en sí misma, un premio enorme, que se constituye como un pilar fundamental de una dignidad que no depende de nadie más. Mantener la honra de luchar por ser lo mejor que podamos y debamos ser, es más importante que conquistar las más ilustres glorias mundanas.

A veces la honra resulta herida. Basta un simple descuido y el daño puede ser trágico… pero, aún así, cumple a quien la perdió luchar por reconquistarla. Restableciendo lo que es. Alcanzando lo que pueda. Llegando a ser todo cuanto debe.

La honra de alguien vale más que cualquier fama. Resulta de la voluntad de ejercer sus talentos y cumplir el deber de ser virtuoso, en un mundo donde las modas, reglas y premios no están en consonancia con la verdadera excelencia.

La reputación, las venias son siempre realidades pasajeras, el mundo las da y las retira, en una lógica infantil que no es sino un juego de humores superficiales, momentáneos y sin el menor fundamento profundo.

Nuestra existencia es toda ella un conjunto de enorme sorpresas, conviene mucho tener la capacidad de comprender que vivimos en un mundo que nada nos debe…

La actitud correcta ante la vida es la humildad absoluta… lo que somos y todo cuanto tenemos son dádivas puras, que nos llegan sin que se espere nada a cambio…  ser capaz de disfrutar de ellas, aceptando su completa temporalidad, es ver la vida a la luz de la verdad.

Que en cada uno de nuestros días no falte el agradecimiento y la súplica.

En mis noches más oscuras, que yo no olvide que mi mayor honra es ser quien soy y poder retribuir la gratuidad de este don de la vida, siendo dádiva para la vida de los otros.


La existencia es una limosna. Un don inmerecido. Que será sólo para quien lo supiera acoger y fortificar… con verdad y honra… pero sin garantía ninguna. 

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