sábado, 15 de noviembre de 2014

La multitud, la soledad y el amor.



Ilustração de Carlos Ribeiro

Querida amiga,

Comprendo su miedo a una vida que acabe en soledad y donde nunca llegue al éxito profesional…

Creo que debe, en primer lugar, aprender a vivir sola. Más vale sola que fingir que ama. No crea que esto es sólo una etapa del camino, sino que es, en verdad, algo que debe ser una preocupación permanente también de quien ama a alguien con el que vive todos los días. ¡Pero nuestro amor nunca es por nosotros! Jamás nos podremos gustar a nosotros mismos si no hacemos nada por los otros. Amarse a sí mismo es una contradicción, una forma simple de decir egoísmo.

Sólo quien se acepta puede esperar ser aceptado por otro.

Es con humildad como se debe entrar y salir de la vida. No es ni siquiera una virtud. Es la verdad. Ninguno de nosotros es muy importante. Es fundamental conocer bien nuestro tamaño e importancia, a fin de que sepamos mejor lo que podemos y debemos ser.

Muchos buscan en la fama y en la fortuna la razón de su felicidad. ¡Se equivocan todos! Aunque en un primer momento los aplausos le parezcan el paraíso, no tardarán en sentirse todavía más vacíos y partan en busca de aplausos… claro, pronto llegan a un punto en que ya no hay aplausos suficientes para recatar de la angustia de no depender sólo de sí mismos, de su amor, para ser felices. Mientras tanto, fueron perdiendo lo esencial…

Las cosas son lo que son. Nunca son lo que parecen. Una vida buena es algo que depende de un esfuerzo enorme por echar fuera lo que no es importante, lo que es sólo momentáneo, por más que parezca importantísimo y eterno. Para ser feliz, querida amiga, tenemos que ser simples. Concentre sus fuerzas en coger sólo lo que es esencial dejando atrás todo el resto.

Su profesión es un medio, nunca un fin.

Precisamos trabajar y es bueno que no nos dediquemos sólo y exclusivamente a la familia, mas le pido que decida en concreto (no sólo con palabras) que la familia es lo más importante. Tenga una carrera que otros hasta pueden considerar soportable, domine la ambición, en cuanto lucha y  empéñese en amar a aquellos que tiene y va a tener en casa. Claro que no es fácil, nada lo es. Pues son esos, muchas veces, quien nos hieren en lo más hondo… pero, tal vez por la misma razón, son esos mismos quienes con una sonrisa y un abrazo nos transportan al cielo.

El sufrimiento forma parte de la vida. No huya de él. Acéptelo, afróntelo y comparta su lucha y los resultados de ella. Cualesquiera que sean. Quien no estuviera consigo en los peores días, tal vez no sea el ideal para los mejores, porque la estará utilizando como un medio y no la ama como un fin. Los egoístas son así, especialistas en el arte de fingir amor. No intente siquiera desenmascararlos, pues lo más probable es que la convenzan de que usted es la egoísta y no ellos. ¡Pero, ellos creen exactamente eso! ¡Es así como sobreviven! Maestros en el juego de engaños. Hasta se engañan a sí mismos.

Amiga, una advertencia especial: la inmensa mayoría de las personas piensa que la familia es más importante que el trabajo, en eso no hay discrepancias. Pero la vida son nuestras obras, aquello que decidimos, y no lo que creemos que es mejor o nuestras promesas, por más sinceras que sean. Por eso, vemos tantas personas que se empeñan mucho más en su vida profesional que en la personal… con resultados… lógicos. La vida personal se va desgranando, mientras la profesión sigue, muchas veces, hacia ningún lado. Incluso puede parecer que sube, ¡pero… es para caer! Son muchos los que ya tarde se dan cuenta que la felicidad está en la sonrisa sincera que podemos dar a quien está cerca, más que los aplausos y en la admiración que podemos recibir de gente que ni siquiera sabemos quien es.

Para que alguien sea  feliz necesita de amor… y eso no es algo que se consiga en un empleo. Amar es darse, no es vencer en un juego de intercambio.

Cuente conmigo. Estoy aquí. Confío en usted. Rezo por usted.


A su disposición.

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