viernes, 10 de octubre de 2014

El matrimonio, la Iglesia y el Card. Kasper

Cardenal Walter Kasper, usted habló en febrero sobre el Sínodo frente a los cardenales y propuso una hipótesis sobre la posibilidad de la comunión para los divorciados que se han vuelto a casar. ¿En qué consiste?
No propuse una solución definitiva, sino –después de haberme puesto de acuerdo con el Papa– hice algunas preguntas y ofrecí consideraciones para posibles respuestas. Este es el argumento principal: el sacramento del matrimonio es una gracia de Dios, que convierte a los esposos en un signo de su gracia y de su amor definitivo. Incluso un cristiano puede fracasar y, desgraciadamente, hoy muchos cristianos fracasan. Dios, en su fidelidad, no deja caer a nadie y, en su misericordia, da quienes quieren convertirse una nueva oportunidad. Por lo tanto, la Iglesia, que es el sacramento, es decir el signo y el instrumento de la misericordia de Dios, debe estar cerca, ayudar, aconsejar, animar. Un cristiano en esta situación tiene una necesidad particular de la gracia de los sacramentos. No se pueden conceder segundas nupcias, sino –como decían los Padres de la Iglesia–, después del naufragio, una barca para sobrevivir. No un segundo matrimonio sacramental, sino los medios sacramentales necesarios en su situación. No se trata de una solución para todos los casos, que son muy diferentes, sino para cuantos hagan todo lo que les sea posible en sus situaciones.

¿Puso usted en duda la indisolubilidad del matrimonio cristiano?
 La doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental se basa en el mensaje de Jesús; la Iglesia no tiene el poder para cambiarla. Este punto no cambia. Un segundo matrimonio sacramental, mientras la pareja siga con vida, no es posible. Pero hay que distinguir la doctrina de la disciplina, es decir la aplicación pastoral en situaciones complejas. Además, la doctrina de la Iglesia no es un sistema cerrado: el Concilio Vaticano II enseña que hay un desarrollo, en el sentido de una posible profundización. Me pregunto si es posible, en este caso, llevar a cabo una profundización semejante a la que se dio en la eclesiología: aunque la Iglesia católica sea la verdadera Iglesia de Cristo, hay elementos de eclesialidad también más allá de las fronteras institucionales de la misma Iglesia católica. En ciertos casos, ¿no se podrían reconocer también en un matrimonio civil algunos elementos del matrimonio sacramental? Por ejemplo, el compromiso definitivo, el amor y el cuidado recíproco, la vida cristiana, el compromiso público, que no existen en las parejas de hecho.
 ¿Qué le parece la publicación de este nuevo libro con aportes de cinco cardenales, incluido el Prefecto Müller?
 Me ha sorprendido. Lo supe hoy gracias a los periodistas: a ellos les enviaron el texto, a mí no. Nunca me había sucedido nada parecido en toda mi vida académica.
 ¿En la historia reciente de la Iglesia ha sucedido que algunos cardenales hayan intervenido con esta forma organizada y pública antes de un Sínodo?
 Durante el Concilio Vaticano II y en el post-concilio existían las resistencias de algunos cardenales frente a Pablo VI, incluso por parte del entonces Prefecto del Santo Oficio. Pero, si no yerro, no con esta modalidad organizada y pública. Si los cardenales, que son los colaboradores más cercanos del Papa, intervienen de esta manera (por lo menos en relación con la historia reciente de la Iglesia), nos encontramos frente a una situación inédita.
 ¿Qué espera que suceda durante las próximas semanas, en el debate sinodal?
 Espero que podamos tener un intercambio sincero y tranquilo de experiencias pastorales, de argumentos, en una atmósfera de escuhca. No respuestas prefabricadas, sino aclaraciones sobre el “status quaestionis”, y luego habrá todo un año para la discusión a nivel local, antes de las decisiones de 2015.
 ¿Le parece que Papa Francisco hable demasiado de misericordia?
 ¿Cómo es posible hablar demasiado de un tema que es fundamental en el Antiguo Testamento? Claro, la misericordia no contradice la doctrina, porque es en sí misma una verdad revelada, y no cancela los mandamientos del Señor; pero es una clave hermenéutica para su interpretación. Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio dijo: «Hoy, la Iglesia debe usar no las armas de la severidad, sino la medicina de la misericordia». La misericordia es, pues, el tema central de la época conciliar y post-conciliar de la Iglesia católica.


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