domingo, 14 de septiembre de 2014

La Cruz no es simulación ni simulacro, es signo de la Verdad

Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz. En plena postmodernidad esta fiesta parece una locura incomprensible. Muchas personas se sorprenden que demos tanto valor a un instrumento de tortura y muerte. Incluso ven en nuestro comportamiento un cierto disfrute sado-masoquista, avivado por los prejuicios que dispersan los medios y un entendimiento perverso del placer que parece que puede ser conseguido por medio del dolor. Pero la Cruz no es nada de esto. Es un signo que marca el camino de Cristo y también nuestro camino.

¿Cómo explicar a una persona actual qué es la Cruz y su importancia? No es sencillo, ya que antes de sentir dolor, estamos dispuestos a cualquier cosa. No nos importa tomar drogas o embotar nuestra mente de mil formas. El dolor es el gran enemigo que buscamos hacer desaparecer sin pensar en los medios que se nos ofrecen para ello.

Para escapar del dolor somos capaces de crear realidades alternativas que nos distraigan. Realidades que creamos para no pensar en nosotros mismos y quienes tenemos a nuestro lado. Nos han hecho creer que necesitamos una realidad personal que nos aísle convenientemente de aquello que nos hace sufrir. Para muchos es mejor dejar de sentir antes de que aceptar nuestra naturaleza humana. ¿Por qué vivimos cada vez más alejados los unos de los otros y de todo lo que nos rodea?

Quizás es porque la realidad en su sentido auténtico, ha dejado de existir para la gente. Sólo es real aquello que te muestra la televisión, y cuando tu propia experiencia no coincide con lo que ves, piensas que eso te pasa porque eres un bicho raro, una excepción. Piensas que eres el único que no es feliz, mientras que el resto sí lo es porque lo dice la televisión. Y te deprimes (P. Santiago Martín. La última Aparición de la Virgen)

Vivimos en una sociedad llena de simulacros, en la que disimulamos continuamente, para sentirnos seguros. Un simulacro es un mentira que representamos como si fuera verdad. Los simulacros son la esencia de la sociedad postmoderna que nos rodea. (Seguir leyendo)

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