jueves, 11 de septiembre de 2014

Algunas sugerencias sobre la Santa Misa


Después de leer el admirable estudio sobre la Santa Misa del Padre Iraburu, me permito, humildemente, hacer unas sugerencias de «menor cuantía» para la mejor celebración de la misma.
1. Puntualidad. Por respeto al Señor, al celebrante y a todos los asistentes.
2. Irse colocando todos en los primeros bancos cerca del Misterio, formando una «comunidad» unida fraternalmente. (No comprendo que estando la Iglesia casi vacía alguien ocupe un sitio en la fila 22. No lo comprendo. ¿Está reñido con los de delante?)
3. Que el celebrante lleve siempre casulla.
4. Acto penitencial. Que los fieles también se den golpe en el pecho.
5. «Gloria a Dios en el cielo». Esto sólo lo hice el celebrante y el pueblo sigue «…y en la tierra…», y así sólo da gloria a Dios el celebrante. Convendría una invocación del celebrante y que el Gloria los recemos todos íntegramente (como se hace con el Padre Nuestro). Por ejemplo que diga el sacerdote: «Glorificamos a Dios», o «Glorifiquemos a Dios Padre Hijo y Espíritu Santo».
6. Salmo. Leerlo sin interrupciones: se «pierde el hilo» si se hace caso al lector, no se sabe qué hay que decir, cuándo hay que decir (A menos que otro sacerdote pronuncie un lamentable: ¡Todos!). Al final, dice el celebrante la primera frase y todos la repetimos.

7. Evangelio. Inicio. El celebrante, generalmente, dice: «Lectura del Santo…», y a la vez se persigna sin decir: «Por la señal…». Que lo diga antes o después, pero que lo diga.
8. Homilía. FUNDAMENTAL. De ordinario son más largas que todas las oraciones precedentes. ¿Es que tiene más importancia que el salmo, más las epístolas, más el Gloria?… ¡No!… Creo que debe durar un par de minutos. Lamentablemente, se da por sentado que lo que hay que escuchar con mayor atención es la homilía. (Y eso sucede por desgracia). (Por eso jamás pasan entonces la bandeja de las limosnas durante la homilía. ¡No se puede distraer a los fieles cuando están escuchando!). Dar más importancia a la homilía es dar menos importancia a lo demás.
9. El sacerdote dice: «Creo en un solo Dios…» y los fieles seguimos: «Padre Todopoderoso…». Y nos quedamos sin afirmar que creemos en un solo Dios. Propongo que el celebrante diga: «Proclamemos nuestra fe», o «profesemos…», o «Proclamamos firmemente nuestra fe». Y los fieles, con el celebrante, recemos el Credo íntegramente.
10. En el Credo. En las palabras que indico, todos debemos inclinarnos: «…y por obra del… y se hizo hombre». Advertirlo, porque está mandado, y no se hace.
11. «Este es el sacramento de nuestra fe». Siempre el celebrante usa esta fórmula y nunca las otras dos bellísimas.
12. Cada vez es más frecuente que los fieles, durante la Consagración, permanezcan en pie. (Con escándalo de los que, como siempre, estamos arrodillados, y muchas veces no nos dejan ver la Sagrada Forma. Sólo vemos la espalda del que tenemos delante). Nota. ¿Va a desaparecer de la vida cristiana –católica- esa respetuosa postura mantenida durante siglos?
13. «Fieles a la recomendación del Salvador…». Siempre el sacerdote usa esta recomendación. Nunca las otras tres. U otras permitidas.
14. En el Padre Nuestro, se dice «líbranos del mal». No del Maligno. O de Satanás (más claro).
15. «Daos fraternalmente la paz». Creo que hay que darla a una o dos personas. Nada más. Muchos (sobre todo señoras mayores) la dan a un gran número de fieles, con gran ajetreo. Advertir, alguna vez, cómo se debe hacer.
16. «Este es el Cordero de Dios…» Quizá, si se puede hacer, sería más emocionante decir: «Este es Jesucristo Resucitado. El cordero…».
17. Advertir a los que comulgan en la mano, que introduzcan la Santa Hostia en la boca de cara al altar.
18. Dice el celebrante: «El cuerpo de Cristo me guarde…». Lo dice «en secreto». ¿Por qué?
19. La Misa termina abruptamente. El rito de la Comunión es minúsculo. Acabamos de comulgar y ya nos despiden… Como solución provisional, el celebrante al terminar de repartirse la comunión podría sentarse para, interiormente y con los asistentes, rezar a Jesús resucitado que acaban de recibir. (Fundamental). Muchas veces -¡qué mal!- mientras rezamos, un sacerdote nos avisa que el miércoles hay una excursión, organizada por la parroquia, que… ¡Por favor¡ Que nos dejen hablar con el Señor que acabamos de recibir. Por favor.
20. Al finalizar, decimos: «Demos gracias a Dios». ¿Demos? Mejor sería «damos».
A) Las canciones que nos hacen cantar son demasiadas (no podemos aprendernos todas) y, en general, son pésimas (nos da vergüenza cantarlas). Son «cancioncillas estúpidas» (Julián Marías). «Horteradas hueras y yanquizantes» (Pérez Ollo, crítico musical).
B) Al abrir el Sagrario y al cerrarlo, hacer una respetuosa genuflexión. (¡No es mucho trabajo!). Que esto lo haga un sacerdote o un diácono, nunca un seglar. (Sólo cuando no hay otro remedio).
C) No pasar la bandeja, o el recipiente que sea, durante la Misa. En ningún momento. En ningún momento viene bien; siempre se superpone a algo que es más importante y requiere más nuestra atención. Poner una mesita en la puerta o puertas, con una bandeja u otro recipiente, con un letrero que diga: «Limosna por la Santa Misa», u otro título semejante. Y que la gente deposite su limosna al entrar o al salir.

Por Iraeta.



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