domingo, 29 de junio de 2014

El misterio del Sagrado Corazón de Jesús. San Buenaventura

El pasado viernes celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. La revelación personal que Santa Margarita de Alacoque recibió, nos lleva al Corazón de Jesús, un símbolo que hasta ese momento había pasado bastante desapercibido.

Los símbolos son de gran importancia en el cristianismo, ya que a través de ellos podemos acercarnos a los misterios que Dios nos ha revelado. San Buenaventura, un visionario santo franciscano, ya se acercó a este símbolo cuatro siglos antes de Santa Margarita y nos dejó este maravilloso texto:

Tu corazón, ¡oh buen Jesús!, es un verdadero tesoro, una perla preciosa, que hemos encontrado profundizando en el conocimiento de tu cuerpo (Mt 13,44-45). ¿Quién la rechazaría? Más bien, lo daría todo; a cambio, entregaré todos mis pensamientos y todos mis deseos para obtenerla, depositando todas mis preocupaciones en el corazón del Señor Jesús, y sin duda este corazón me alimentará.

En este templo, en este «santa santorum», ante esta arca de la alianza (1R 6,19), adoraré y alabaré el nombre del Señor, diciendo con David: "He encontrado mi corazón para pedir al Señor» (2S 7,27). Y yo, he encontrado el corazón de Jesús, mi Rey, mi hermano y mi tierno amigo. Y yo ¿no rezaré? Ciertamente rezaré. Porque Su Corazón está conmigo, le diré con audacia, e incluso más: porque Cristo está verdaderamente a mi lado, como mi jefe, mi cabeza (Col 1,18), ¿no estará conmigo?... Este corazón divino es mi corazón; está verdaderamente en mí. Realmente, con Jesús dispongo mi corazón. ¿Qué tiene de extraño esto? La «multitud de creyentes" formaban «un solo corazón" (Hch. 4,32).

Habiendo encontrado, muy dulce Jesús, este corazón, que es el tuyo y el mío, te rezaré a ti que eres mi Dios. Recibe mis oraciones en este santuario donde te nos escuchas, o más bien, atráeme enteramente hacia tu corazón... Tú puedes hacerme pasar por el agujero de una aguja, después de haberme hecho depositar el peso de esta carga que llevo sobre los hombros (Mt 19,24; 11,28). Jesús, el más hermoso de toda la belleza humana, lávame aún más de mi inequidad y purifícame de mis pecados (Sal 44,3; 50,4) para que, purificado por ti, me pueda me acercar a ti que eres más puro, que merezca «habitar todos los días de mi vida» en tu corazón y pueda siempre ver y realizar tu voluntad (Sal. 26,4 ss). (San Buenaventura La Viña mística, 8-9)

El texto de San Buenaventura se adentra en la mística del Corazón de Cristo de forma certera y profunda. Intentaré resumir y traducir este párrafo, dentro de lo posible, a un leguaje más actual: El Corazón de Jesús se encuentra ahondando el conocimiento de Cristo. Es la Perla que merece que entreguemos, confiadamente, nuestros pensamientos y deseos para obtenerla... (seguir leyendo)

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