lunes, 22 de abril de 2013

VENCEDORES DE LA PRUEBA


Los creyentes no podemos ser cobardes, ni miedosos. Tenemos que ser guerreros; gente capaz de enfrentar la prueba y de vencerla...

La vida humana está compuesta de situaciones difíciles y debemos estar preparados para enfrentarlas y vencerlas. Las pruebas son consecuencias de nuestra condición humana, de nuestra libertad o de malas decisiones tomadas. No creo en un Dios que "celosamente", como cualquier inseguro, prueba al hombre para ver si lo ama o no. Eso lo haría parecer un ser monstruoso y sádico. La vida nos prueba con las consecuencias de nuestras decisiones y los achaques propios de nuestra condición humana; pero Dios lo que hace es amarnos y el amor verdadero no duda del otro, sino que confía plenamente en él.


Dios nos ama verdaderamente y no tiene que poner a prueba nuestro amor. Nos cree y confía en nosotros, que somos hechura suya. Pero está claro que las pruebas de la vida hay muchas: momentos en los que la plata no alcanza, la salud flaquea, aparecen rupturas de las relaciones esenciales, la confusión, y el sinsentido, etc. Tenemos que enfrentar esas pruebas y luchar contra ellas.

El apóstol Santiago nos recuerda que son los vencedores quienes reciben el premio. No podemos darnos por vencidos antes de que caiga el último "out" del último "inning". Debemos tener la seguridad de que cada uno de nosotros tiene la fuerza y el poder -dado por Dios- para vencer todas las dificultades.

En la frase de Santiago, soportar no se puede entender como resignación, sino como capacidad de batalla, de lucha. No nos resignamos a vivir esa dificultad; sino que luchamos por vencerla. Tenemos que esforzarnos hasta la última gota de sudor por vencer ese problema y esa situación que nos está dañando. Tenemos que estar en pie de lucha con dedicación, inteligencia y mucha fortaleza.

Por eso, en este día, te quiero animar, te quiero invitar a sentirte fuerte, te exhorto a no darte por vencido, a no creer que las cosas están perdidas. Para ello se necesita una buena capacidad de aguante, de sacrificio, de resistencia, de no partirte fácil, de saber recargar el corazón, de saber levantarte cuando te tumba la dificultad, de saber encontrar hombros que te apoyen para seguir luchando, de encontrar corazones que te animen a seguir dando lo mejor de ti. Estoy seguro de que ninguno de los problemas que tienes son mayores a tus capacidades; estoy seguro de vas a vencer. Pero necesitas creer ti y confiar en la actuación de Dios en tu vida.

La Biblia de Jerusalén, en esta cita, que estoy comentando hoy, no traduce aprobado sino aquilatado; lo que me gusta mucho, porque estoy seguro de que después de vencer los problemas, tenemos más quilates, es decir, valemos más.

Por eso habría que mirar las dificultades con unos ojos optimistas, pues ellas nos enseñan y nos bendicen, aunque a veces no quisiéramos que la bendición llegara de esa manera. Hay lecciones que aprender en cada una de esas pruebas que la vida nos pone. Y vamos a aprenderlas porque somos capaces de hacerlo.

¡Pilas! Ustedes son capaces de vencer. Hoy es el día para seguir luchando. Echemos fuera todo sentimiento de miedo o de tristeza y dispongamos el corazón para conquistar la felicidad que merecemos. ¡Ánimo!

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