martes, 1 de enero de 2013

Más de jesuitas latinoamericanos (impresentables)

La historia de los miembros de la Compañía de Jesús que parecen de todo menos católicos no se limita al caso del sacerdote chileno Pedro Labrín, que reportamos en este espacio y el cual abrió una ineludible polémica. ¿Hacia dónde van los jesuitas? En Latinoamérica la crisis cualitativa en esa comunidad religiosa se encuentra extendida, como un cáncer, a nivel continental. Con sus honrosas excepciones.


Un clamoroso ejemplo lo constituye el padre Carlos Novoa, de la Universidad Javeriana de Bogotá, licenciado en teología y filosofía, doctor, especializado en ética sexual y en ética económico-política, autor de 13 libros y unos 50 artículos. En octubre de 2011 despertó una enorme polvareda al justificar públicamente, en una entrevista al diario El Espectador (leer completa aquíel “valor ético” del aborto terapéutico. Para hacerlo no tuvo mejor idea que citar a Juan Pablo II en su encíclica “Evangelium Vitae”.
En medio de un debate legislativo sobre el aborto en Colombia, el benemérito jesuita prácticamente acusó a los católicos de “cargar las tintas” por defender la vida humana no nacida y remató: “creo que todos estamos de acuerdo en que el aborto no es ideal. Pero hay que comprender humanamente las situaciones difíciles o incluso dramáticas y de profundo sufrimiento que enfrenta una mujer angustiada y sola”.

La justificación de un acto considerado por la Iglesia como moralmente malo e inaceptable, en cualquier circunstancia, desató una enorme polémica. Notables canonistas y algún obispo se vieron obligados a corregirle la plana al sacerdote y dejar en claro la correcta doctrina católica.
Pero, como bien han hecho notar algunos comentaristas, los casos Labrín y Novoa no son aislados sino –más bien- resultado de lo que aprenden los jesuitas en sus noviciados y seminarios. Ellos son reflejo de lo enseñado en sus instituciones.
Por eso no debe resultar extraña la noticia de estas horas (se puede leer aquí) según la cual una organización no gubernamental de Colombia defiende el “derecho” de dos lesbianas a adoptar a la hija biológica de una de ellas exhibiendo, nada menos, que un reporte de la ya citada Universidad Javeriana.
“Revisando los estudios al respecto se encuentra que la mayoría muestra que no hay diferencias entre los niños criados por padres homosexuales (frente a los criados por parejas heterosexuales), lo cual es un indicador de que no existe una razón científica para oponerse a priori a la adopción por parte de las parejas homosexuales”, sostuvo el informe que lleva el sello de la casa de estudios jesuita.
Una cosa similar parece ocurrir con el Instituto Humanitas Unisinos de Brasil, convertido en una especie de búnker para la defensa de un anacrónico “catolicismo marxista” inspirador de la, se piensa, ya superada teología de la liberación. Una corriente que de superada parece tener muy poco, al menos para sus seguidores latinoamericanos que ya están organizando un Congreso Continental de Teología a celebrarse del 8 al 11 de octubre de 2012 en la universidad jesuita brasileña de San Leopoldo. A eso se refiere otro estimado colega, Rodrigo Gurgel, en su blog (aquí en portugués).
Jesuita español es el sacerdote y teólogo Jon Sobrino, a quien en 2007 la Santa Sede debió corregir públicamente a causa de los errores graves en algunas de sus obras. Jesuita francés fue también Andrés Aubry, ideólogo de la “Iglesia autóctona” que provocó una profunda ruptura eclesial en San Cristóbal de las Casas, sureña diócesis mexicana ubicada en el estado de Chiapas. A esta lista se podrían sumar muchos otros, demasiados.
El conflicto con todos estos religiosos no depende tanto de su libertad de conciencia. Ellos pueden pensar como quieran, cada ser humano sólo rendirá cuentas ante el Creador en su juicio particular post-mortem. Su verdadero problema es el desconcierto que generan en el resto del pueblo de Dios, empeñado en ser fiel al Evangelio. En estos tiempos de secularismo, estos sacerdotes alimentan la ignorancia religiosa de los incautos, autorizados a pensar: “entre los católicos hay quienes piensan distinto…”. O tanto como decir: “en la Iglesia hay dos doctrinas y dos morales”. Y en estos términos tendrían razón. Desgraciadamente.

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