jueves, 8 de noviembre de 2012

Vivir más sencillamente


Si formamos parte de la gente más rica de la Tierra, ¿por qué no somos los más felices? ¿Es posible dejar atrás los ritmos acelerados de la vida actual y buscar alternativas que llenen nuestra existencia? ¿Es posible mejorar la calidad de vida consumiendo menos? ¿Es posible vivir en mayor armonía con los ritmos de la naturaleza y de nuestro cuerpo? 
    La cultura occidental, capitalista y neoliberal prosigue su marcha inexorable hacia un mundo cada día más sofisticado y artificial, proyectando en el resto del planeta la misma fascinación y culto al dinero, la prisa, la movilidad, el consumo, la competitividad, el trabajo deshumanizante, la acumulación, el éxito, la imagen, las drogas de todo tipo, la realidad virtual que desfigura la vida... Como becerros de oro, son nuevos ídolos que exigen la sumisión total de sus fieles. La publicidad, verdadero compendio de todas las ciencias, se encarga de programarnos para que no nos escapemos de este paraíso-jaula diseñado por los departamentos de márketing.
    Las estadísticas no cesan de darnos datos preocupantes: utilizamos y despilfarramos más recursos de los que el planeta puede dar. Un quinto de la humanidad consume más que las otras cuatro quintas partes, que viven en situación de pobreza. Aumenta la tensión, el estrés, las relaciones humanas de quita y pon, la falta de tiempo para el silencio y la introspección, la comida basura, la atmósfera enrarecida, el agujero de la capa de ozono... Se nos invita a ir hasta el último rincón del planeta mientras seguimos sin conocer a los vecinos de nuestra escalera ni la vida interna de nuestro pueblo o barrio… o la de nuestros seres más queridos.
    ¿Un programa de vida que contrarreste esta tendencia? Optar por la simplicidad voluntaria. Ser más libres interior y exteriormente. Ser más personas. Vivir con una mayor armonía entre el cuerpo y el espíritu. Redescubrir la belleza de la naturaleza y de las relaciones humanas profundas. Encontrar formas más naturales de re-crearnos, de usar nuestro tiempo libre, de enriquecer la mente y restablecer nuestras fuerzas. Depender menos de las cosas para sentirnos felices. Hacer que nuestras vidas tengan menos ataduras y dependencias. Ser más desprendidos y más solidarios.  Ser, en definitiva, como Jesús.
    Jesús es el hombre sencillo por excelencia. Totalmente desprendido, se pone siempre en las manos del Padre y confía. Invita a sus discípulos a vivir sin acumular, a no preocuparse por cosas innecesarias, a ser pobres de espíritu, a repartir lo que sobra y aún lo que se precisa con los más necesitados, a orar con confianza plena en tiempos de escasez, a fiarnos de la gente que el Padre pondrá en el camino para ayudarnos. Sólo los sencillos y humildes pueden entender su mensaje.
    La Iglesia ha vivido este tema en eterna dialéctica, cayendo en la tentación de amasar riqueza y poder y de hacer complejo, sofisticado, barroco y distante lo que en un principio era sencillo y asequible a la gente. Por ello ha tenido que ser sacudida cada cierto tiempo por profetas como los padres y madres del desierto, Francisco de Asís, Carlos de Foucault, Dorothy Day, Juan XXIII,…
    El Espíritu Santo sigue alentando hoy la respuesta generosa de personas que, desde opciones humanistas o planteamientos religiosos, nos alertan con su testimonio del peligro y nos invitan a vivir vidas más sencillas. Son muchos ya los que, interesados en algunas de las múltiples áreas de la vida simple, se han "echado al monte" y han comenzado a caminar por senderos alternativos.
    ¿Por dónde empezar? En el presente número publicamos una apretada colección de artículos, materiales y sugerencias que esperamos sirvan de guía para orientarnos en tan necesario tema. Esperamos que sean de utilidad. No obstante, dada su importancia, seguiremos publicando artículos sueltos en los próximos números que profundicen en la opción evangélica por una vida más sencilla.

http://www.ciberiglesia.net/discipulos/04indice.htm#portada

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