sábado, 24 de noviembre de 2012

Egoísmo + Melancolía + Orgullo = EMO


La popular Wikipedia define EMO ante todo como un estilo de música, “derivado del hardcore punk nacido a finales de los años 80 y que se diferencia de éste por su sonido más lento y melódico. También está considerado una corriente del rock alternativo.” Originalmente alude a “EMOtional Hardcore,” algo así como rock duro pero capaz de expresar la complejidad propia de las emociones, y no simplemente los estallidos de ira, pasión o locura que suelen caracterizar al rock pesado. La mutilación, o por lo menos, el hacerse cortaduras no es ajeno a sus prácticas porque supuestamente, “un dolor físico ayuda a olvidar un dolor emocional.”
Esta complejidad emocional es el área común de los EMOs de todos los colores. La idea ha cuajado en un estilo de vida con características bien señaladas que giran en torno a la música que se oye, por supuesto, pero también a un modo de vestirse, unos temas de conversación, lugares de reunión y un aspecto corporal característico. El EMO típico debe ser andrógino (que no se sepa sino de muy cerca si es hombre o mujer), anoréxico, gregario con los otros EMOs, o de lo contrario solitario; ha de ser apático, lleno de odio hacia sí mismo y el mundo, pero con estallidos emocionales, a menudo feminoides, que vayan en paralelo a la música de bandas como SDRE, Jimmy Eat World o Finch.
No soy experto en música, mucho menos en rock y sus derivados, de modo que mi interés es fundamental social y pastoral. Pienso que los EMOs representan un caso difundido y extremo de “tribu urbana” que pervive en las laderas de nuestra propia sociedad. De fondo, el dolor de una especie de orfandad intelectual y afectiva se convierte en una psicología nómada, hermética, pronta a culparse y castigarse (masoquismo emocional) , y por ello mismo impermeable al diagnóstico, la opinión y las voces externas. Nada puedes criticarles que ellos no clasifiquen en uno de estos tres cajones: “Paso…"; “Yo ya sabía que soy un asco…"; “Sólo me importa la opinión de los que me importan…”
El rostro de semejante “ideario” produce EMO, o sea, Egoísmo radical (sólo cuento yo, lo que yo sienta y a lo que a mí me guste); Melancolía (suave saborearse en lo triste, lo dramático o lo trágico) y Orgullo (el mundo, como tal, vale y cuenta poco frente a mí y los que piensan como yo). De ese modo, su nombre común se convierte en la sigla que los describe.
Desde el punto de vista de la evangelización la pastoral y la psicología, creo que es importante darse cuenta del desafío que implica encontrar una “tribu” así. Quiero decir: las estrategias usuales resultan francamente insuficientes. Presentarnos como los buenos, o los razonables, o los compasivos, o los que imponen las reglas a lo sumo produce bostezos, apatía o agresión pasiva en ellos. No logra sacarlos de sus tres “cajones.” Téngase en cuenta que esa O de Orgullo quiere decir que todo EMO, mientras no se demuestre lo contrario, pone su valía en una sola cosa:no dejarse integrar al “sistema.”
Además, esa mezcla de autocompasión / autoculpabilidad; o también: narcicismo / tendencia suicida, deja perplejo a cualquiera. La muralla del hermetismo hace que casi lo único que puedas esperar de ellos es que te pasen un audífono de su ipod para que tú también comprendas lo dura que es la vida, “como de domingo por la tarde,” según su expresión. Además, esa traza de “yo soy así, y punto” crea un aire de autenticidad y de rebeldía que por supuesto tiene gran encanto entre los jóvenes.
¿Sugerencias para abordar el fenómeno EMO?
1. La mejor terapia es la prevención. Antes de que tu hijo o hija empieza a vestirse solo de negro, rosa y blanco (el uniforme EMO) dará muchas señales: los amigos con los que se junta, la música que oye, los conciertos a los que “se muere” por ir. Amplio diálogo y todo lo que facilite un sentido sanamente crítico es preventivo.
2. Todo derecho trae una responsabilidad. La psicología EMO florece allí donde la gente cree que tiene solo derechos y donde piensa que nada es importante ni doloroso, si no es que les lesionen sus derechos. Esta tribu urbana es un caso extremo de adónde conduce la ideología de los “Derechos Humanos” sin “Deberes Humanos.” Y resulta que ambos nos humanizan. En concreto, los hogares donde se fomenta la idea de que ser joven es ser niño pero con más dinero, tiempo y aparatos (ipod, laptop. etc.) son el mejor caldo de cultivo para los EMOs.
3. Aprender a usar las palabras. Esto parece trivial pero no lo es. En lengua inglesa se ha vuelto proverbial la dramática pobreza de lenguaje del los “teens,” o sea los adolescentes. Aparte de repetir OMG, sort-of, kinda, like…like, f*ck, no saben distinguir la rabia del resentimiento, ni una risa accidental de una felicidad real. La falta de palabra produce un efecto de olla a presión que revienta en episodios impredecibles de cólera, autodestrucción o lo que sea. En diálogo paciente pero exigente, amoroso pero razonable con los adolescentes hay que enseñarles a encontrar la palabra justa, la que ayuda a prevenir el hermetismo–o salir de él.
4. Aunque digan que no, sí que oyen. Su estrategia es tipo “caracol,” y saben enconcharse, a veces sin dar la cara, sino solo metiéndose en sus largos mechones de cabello liso y negro. Pero escuchan más de lo que parece. Me acuerdo uno de ellos que iba con cara de víctima, y de aburrido y de víctima, a unas misas que celebré en Grimsby, Inglaterra. Aunque trataba de enfundarse en su camiseta negra y rosa, o taparse la cara con el mechón, a veces se le veía sonreír ante un apunte que comprendía. La clave no es sermonear sino desenmascarar muchas cosas que son del mundo de ellos y que les parecen sagradas. por decir algo, los intereses económicos y la pose en que viven la inmensa mayoría de los artistas que se muestran como degenerados. O también: cómo se hubiera podido prevenir mucho del destino que los llevó a matarse. Frases bien dichas, fundadas en datos sólidos, y dichas por sorpresa, no dejan de causar su efecto.
Entendámonos, en este como en tantos otros temas de pastoral juvenil, nadie tiene fórmulas definitivas ni recetas siempre válidas. Pero desconocer lo que sucede a nuestro alrededor, ¿no sería como demasiado EMO de nuestra parte? :-)

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