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domingo, 10 de febrero de 2019

El que ama no traiciona



 José Luís Nunes Martins


 La fidelidad no es una virtud, se trata solo de una simple consecuencia del amor, cuando es verdadero.

La traición es muy común y es el resultado de la falta de respeto, de los egoísmos que ni siquiera se soportan a sí mismos. Buscan recibir, no dar. La traición es una tentativa de fuga de quien no se respeta a sí mismo. Falla siempre, pues aunque de vueltas y más vueltas al mundo, la desgracia de la que huye está, al final, en el fondo de sí mismo.

El que traiciona cree que, por no creer en la verdad, esta deja de ser lo que es.

Ser fiel a otro comienza por la verdad y la fidelidad con uno mismo. Solo traiciona al otro el que se acepta a sí mismo como traidor.

El que ama no traiciona, porque quien ama no es traidor.

El verdadero mal nunca llega desde fuera. El único mal que nos hace caer en desgracia es aquel que decidimos hacer.

Nuestro valor y la confianza que merecemos dependen de nuestra capacidad de amar a los demás, que, en verdad, siempre nos pueden traicionar.

Pero el amor, el amor verdadero, es algo muy raro.

Amor es una especie de nombre común para un enorme conjunto de historias desgraciadas y accidentes confusos que suceden entre personas que se encuentran y no encuentran por los caminos de su existencia.

Se habla mucho de estos amores y poco del Amor.

El Amor es el deseo puro del bien del otro.


http://www.agencia.ecclesia.pt/portal/quem-ama-nao-trai/

sábado, 2 de febrero de 2019

Odiar el error, amar a la persona que yerra

José Luís Nunes Martins


Existe una gran cantidad de comportamientos que nos provocan rechazo, y terminamos atacando a las personas que los tienen. Ahora bien, una persona es más, mucho más, que sus circunstancias o sus elecciones.

Es difícil distinguir estos dos planos, es más sencillo confundirlo todo y disparar en todas las direcciones, esperando que el error desaparezca. Y si la persona fuese alcanzada no se considera que hay ningún problema, ya que se trata de un castigo justo, una especie de amargo remedio que hará mucho bien.

El evaluador puede ser el mayor problema de la evaluación. 
¿Procuro ver las cosas como ellas son? ¿No considero más que la superficie de la cuestión? ¿Estaré mirando el asunto a partir de una perspectiva mejor? ¿Cuántas veces la falta que veo en los otros es solo una proyección de una frustración mía?

El desprecio por alguien es un ataque a la dignidad de quien así se cree capaz de juzgar a los demás. ¿Cuántos de los que se creen por encima de los otros se perdonan todo a sí mismos?

Quien practica el mal cree que eso es lo mejor. Dentro de sí, se ve haciendo el bien.

Es esencial que nos amemos unos a los otros, más aún cuando hay engaños que resolver. Al final, nunca necesitamos tanto del amor como cuando vivimos en el error.

Los pequeños siempre culpan a los otros de sus errores. Los mayores comprenden que sus propios errores son solo suyos y necesitan de quien les garantice que no perderán el valor.

Es importante aceptar que podemos recibir grandes y buenas lecciones de las personas que creemos que no son dignas de enseñar nada… Los errores tienen la virtud de poder ser maestros de virtud, para quien los comete y para todos los que quisieren aprender con ellos, incluso no siendo suyos. Nunca se debe aceptar el error como bueno.

Hacer sufrir a una persona, atacarla por sus errores o juzgarla es un error.

Amar a alguien siempre es acertado.

http://www.agencia.ecclesia.pt/…/odiar-o-erro-amar-a-pesso…/

sábado, 26 de enero de 2019

Resistir a lo que otros quieren


José Luís Nunes Martins


El mundo nos grita cada vez más alto sus órdenes. Notificaciones, mensajes pasionales y de grupo, correos electrónicos, agendas cargadas de compromisos, noticias de última hora y ataques de publicidad cada vez más personalizados. Todo esto nos aleja de nosotros mismos y de nuestra preciosa paz, de donde podían nacer cosas mucho más bellas e importantes que reacciones y respuestas a los requerimientos del mundo y de los otros.

Parece que siempre hay alguien concreto que está esperando que hagamos cualquier cosa… Todos parecen reclamar nuestra atención de forma que no admite sino que obedezcamos. Así, la mayoría de nosotros vive esclavizado por voluntades ajenas a la nuestra.

Nunca como hoy tuvimos tantas herramientas para trabajar y nunca la concentración fue tan difícil.
Cuando, cerca del final del día, disponemos de algún tiempo para nosotros, ya estamos exhaustos.

Tal vez sea importante que repensemos ahora no lo que hacemos, sino nuestra estrategia para enfrentarnos con aquello que nos piden y con aquello que nosotros mismos soñamos.

Nuestros vicios y hábitos forman parte de nosotros, pero siempre es posible cambiarlos.

Quien espera el sitio, el momento y el ánimo seguros, nunca hace nada. Trabajar en serio en algo grande implica hacerlo cuando no apetece, en lugares y tiempos que no son los más adecuados. Quien se rinde a las circunstancias nunca podrá elevarse por encima de ellas.

Ocupados y preocupados con las pequeñas cosas, acabamos sin tiempo para las grandes, aquellos sueños que están esperando que los realicemos, cuando tuviéramos tiempo y concentración.

Nada grande y bueno se concreta sin que tengamos que empeñarnos en ello durante más y más horas, renunciando a cumplir montones de otras exigencias, que aunque siempre sean urgentes, solo raras veces tienen alguna importancia.

Es verdad que buena parte de nosotros prefiere una excelente disculpa para no ser protagonista en la lucha contra todas las tentaciones que hacen flaquear nuestra voluntad de hacer que suceda.

Hay quien es capaz de concretar pequeños proyectos, pero no es capaz de lanzarse a uno grande. Tal vez sea por miedo al compromiso. Las grandes empresas nos comprometen, exponiéndonos a las criticas justas e injustas de otros respecto de lo que hacemos y de lo que somos. Pero, lanzarnos a una gran aventura implica que tengamos que asumir el trabajo de cada día, saber lo que debemos hacer hoy y mañana… y hacerlo, todos los días.

¡Todos tenemos fuerzas y flaquezas diferentes, y una sensibilidad propia. No hay una solución perfecta para todos. Cada uno debe conocerse, crear filtros para distinguir lo que le importa de lo que le perturba, asumir el gobierno de los tiempos de que dispone y no dejar de hacer realidad un gran proyecto propio. Por imposible que todo esto pueda parecer!


sábado, 19 de enero de 2019

Un método sencillo para ahorrar (mucho) tiempo en decidir


 José Luís Nunes Martins

Forma parte de la vida sentirnos perdidos en ella. Cada día nos entregamos, con más o menos tranquilidad, al misterio absoluto de la existencia, a la incertidumbre de lo que está por venir.

Cada decisión que tomamos nos transforma. Cada indecisión que se prolonga nos retrasa.

Tal vez siempre haya tiempo para corregir una decisión equivocada, pero para una indecisión no.

Algunas personas buscan razones para decidir, cuando, en verdad, lo que buscan es solo disculpas en caso de que su elección salga mal, razones para no sentirse culpables.

Otras personas acaban por ser solo el resultado de las influencias que hacen de ellas un fantoche. Se sienten prudentes, pero son impotentes porque, de tanto dudar, no hacen nada por sí mismas. Algunas creen haber decidido, pero no tienen coraje para concretar su resolución.

La verdad es que la decisión solo es decisión en el momento en que se produce la primera acción en ese sentido.

La mayor parte de nosotros pasa la vida lidiando con decisiones serias y difíciles respecto de uno mismo, de los otros y del mundo. Pero hay una forma simple de resolver grande parte de estas cuestiones: Decidir los principios de su identidad.

¡Si alguien fuese capaz de decidir que no sería infiel, entonces, hace frente a cualquier futura oportunidad de serlo, la decisión ya está tomada! No se pierde el tiempo ni se pasa ningún tipo de angustia.

En realidad muchos de nosotros casi consiguen ser lo que antes hayan decidido ser, pero es en ese casi donde está la diferencia, pues si cada vez que se me presenta un nuevo dilema, me pongo a analizar si es el caso en que debo aplicar la regla o hacer una excepción, entonces la existencia de la regla es solo una forma en que la propia persona se convence de que no es… ni una cosa ni lo contrario.

¿Finalmente, por qué extraña razón algunas personas se pasan el día cuestionándose si deben o no decir la verdad? ¿Si deben ser honestas en esta o aquella situación? ¿Si deben amar a este prójimo o solo al otro?

¡Decida yo los pilares de mi identidad, asumiendo que, al decidirlos, me ahorro ahí la decisión posterior de tener que decidir donde los aplicaré. A partir de ahí, en la mayor parte de mis noches me acostaré en paz y luego dormiré!




sábado, 12 de enero de 2019

¿Por qué no amamos hasta el final?


José Luís Nunes Martins


Hay cada vez más personas mayores que viven solas y aisladas. Su soledad, porque no es elegida, es una condena de los otros y de su propia familia. Algunos la aceptan como condición casi natural de su edad y por la determinación que tienen de no ser un peso para nadie, menos aún para aquellos que aman.

¿Pero es que el amor es solo para los buenos tiempos? Cuántos de estos hombres y mujeres, que hoy viven abandonados, habrán dedicado todas sus fuerzas al servicio de sus hijos sin mirar los sufrimientos y sacrificios que su dedicación les exigía. Hijos esos que, ahora, los prefieren lejos.

En octubre de 2018, fueron contabilizadas 45.563 personas ancianas viviendo solas o aisladas en Portugal. Un número que asusta por lo que revela, no de esas personas, sino de los otros que debían combatir esta realidad en vez de ignorarla.

En invierno, llegan a nuestros hospitales muchos ancianos desnutridos y con hipotermia. Tristes, muy tristes. Peor, están resignados a esta condición de desconsuelo. Por eso, agradecen cada sonrisa y minuto de atención… como si sintiesen que no se lo merecen.

El hambre, el frío, la tristeza y la soledad son problemas cuya solución se conoce y puede ser aplicada, mejor o peor, por casi todos nosotros. La dolencia peor es la que hace que casi todos nosotros nos quedemos indiferentes, que rehusemos prestar apoyo, familiar o institucional.

Algunas residencias de ancianos parecen cementerios de vivos… tal vez hasta con menos visitas. ¿Qué dice eso de nosotros?

Preservamos a nuestros niños de convivir con los ancianos, como si la vejez fuese contagiosa. Tal vez con miedo de que los niños nos pidan después más encuentros como aquellos. Incluso porque los viejos tienen tiempo y paciencia para los niños, y eso nos enfada, porque nosotros no tenemos.

¿Qué es necesario para que cambiemos nuestra forma de pensar? ¿Será necesario que lleguemos nosotros a viejos para darnos cuenta? Tal vez, entonces, sea justo que suframos lo mismo o peor. Incluso porque estos, en su tiempo, no abandonaron a los suyos.

¿Si garantizamos, y bien, a los reclusos de los establecimientos carcelarios comidas calientes y acompañamiento permanente de salud, por qué razón no conseguimos asegurarlo para nuestros ancianos?

Decimos que amamos, pero amar es amar hasta bel final. Suceda lo que suceda.

La mayoría de nosotros afirma con convicción que ama, pero será eso verdad? Al final, si un amor se acaba es porque nunca llegó a existir.

Mal vale que asumamos que no somos ni capaces ni dignos de amar.




http://www.agencia.ecclesia.pt/…/porque-nao-amamos-ate-ao-…/


sábado, 29 de diciembre de 2018

¿Sabes cuántos años tienes?





¡Sabemos el tiempo que hemos vivido, pero ignoramos por completo cuántos años nos quedan por vivir!


La vida nos empuja siempre hacia adelante, fosilizando lo que se ha vivido e impidiéndonos dar la vuelta, aunque fuera por un segundo. El pasado es inmutable, aunque sea siempre una riqueza personal, cualquiera que sea la proporción de éxitos y fracasos, de errores y decisiones acertadas.

Podemos arrepentirnos, entregando nuestro futuro como garantía de la culpa pasada, alterando nuestras elecciones con el fin de superar la falta. Pero también podemos huir hacia el mañana, como si lo que fuimos no formase parte de nosotros.

La vida es un día, un instante pasajero, una hora que siempre se nos escapa. Es cierto que la vida se vive hacia adelante… pero para comprenderla es esencial aceptar, asumir y analizar con el máximo cuidado todo el trayecto a cada paso que demos.

Si el mañana no es cierto, debemos pensar bien lo que queremos y lo que no queremos hoy, evitando dejar que la casualidad guie la parte que nos cabe decidir.

Es importante abrir el corazón a lo que nos sobrepasa, porque la vida es un misterio profundo y un milagro gracioso.

Nuestra existencia es esencial a la vida, pero el mar es inmenso y nuestro barco es pequeño.

Que yo sea capaz de dejar mis miserias atrás y me aventure por los océanos desconocidos de la libertad.

Que sepa escuchar al Amor y aprenda, en el silencio de su presencia, a comprender el misterio de mi existencia.


domingo, 23 de diciembre de 2018

¿Por qué ser normal?


José Luís Nunes Martins


Cada vez nos parecemos más unos a otros y eso no es nada bueno. Los coches son casi todos grises, pero no reparamos en ello y eso es todavía más extraño. Nuestros sueños se parecen todos… porque las grandes empresas los distribuyen gratuitamente para después poder vender aquello que los hace realidad. Cada vez más soñamos sueños que no son los nuestros y eso es todavía mucho peor.

Cada vez hay menos bebés porque muchas personas no tienen tiempo para otra cosa que no sea su vida cotidiana y tienen mucho miedo a los grandes cambios.

Pero las personas están cada vez más tristes, se sienten alejadas de sí mismas y su paz se les escapa sin que consigan sujetarla.

Cada año, en Navidad, se intercambian regalos, un excelente pretexto para que pensemos en lo que le gusta al otro, más que en aquello que nos gusta a nosotros. ¿Pero es que al otro solo le gustan las cosas materiales? ¿Son regalos que nos hacen presente o meras justificaciones de nuestras ausencias? ¿Qué podríamos hacer para hacerlo feliz? Tal vez un regalo normal sea mucho más fácil y… barato.

Aparte de esto, ¿Qué nos haría felices? ¿Por qué no luchamos por eso con empeño, aunque buena parte de esa batalla sea con los que se escandalizarán con un empeño tal anormal?

La vida quiere vivir, por eso se multiplica. Nos desafía a ser más y más, a multiplicarnos, a no pararnos nunca.

El mal quiere estancarnos, reclutándonos para su ejército gris, donde todo lo que hacemos y nos llega es normal y lo normal parece ser lo mejor hay.

Mi existencia debe ser rica y productiva. Sería muy bueno que algunos más pintasen el mundo de colores, por medio de lo que dan a los corazones de los otros.

Es un error, una tristeza y una verdadera tragedia, la vida normal de la que muchos no huyen. No hay allí nada de extraordinario sino una ilusión de seguridad.

Incluso podemos acumular fracasos uno tras otro, pero nuestra vida, si fuera vivida con amor, habrá valido la pena,  cumpliendo la promesa de vida al mundo que fuimos nosotros, en el día de nuestro nacimiento.

¡Nunca nadie es solo uno, porque podemos siempre volvernos contra la vulgaridad y vivir!
Que seamos capaces de llevar más vida a la vida de los que viven con nosotros. Que tengamos el coraje de producir en los otros algo anormal: la felicidad auténtica.


sábado, 15 de diciembre de 2018

Amar solo tiene un porqué



El amor no es una respuesta. No resulta de una necesidad del otro. No es segunda parte de cualquier tipo de historia.

El amor es el primer paso, una creación interior, el nacimiento de una relación, una obligación tan íntima que es más fuerte que la voluntad más profunda.

Podemos tropezar siete veces en la misma piedra sin llegar nunca a aprender donde está ella. Aún así, jamás podemos dejar de buscar a alguien que amamos o que queremos amar, so pena de morir por olvidarnos de vivir.

Ser rico no es acumular bienes, es dejar fuera lo que no es valioso y dar lo que no es esencial, es ser libre por haberse desprendido del peso que impide volar y amar.

Todos tenemos una razón por la cual debemos vivir, luchar y morir. Ese es nuestro porqué. El significado de nuestra existencia, el porqué de nuestra llegada a este mundo y el paraqué de nuestro futuro.

¿Amar entristece porque implica sufrir? No. Quien acepta amar sabe, desde el inicio, que eso supone el mayor de todos los sacrificios: dar la vida.

Amar es entregarse al otro, suceda lo que suceda, durante todo el tiempo, sin término.

Amar solo tiene un porqué: amo porque quiero ser yo.


domingo, 9 de diciembre de 2018

Lo que no contamos a nadie


José Luís Nunes Martins

Hay un conjunto de historias que van a desaparecer cuando muramos, porque nunca las contamos a nadie. Unas serán buenas, otras y, yal vez la mayor parte, ni una cosa ni la otra.

Aquello que hacemos de buena gana tendrá aún más valor si no lo divulgamos. Es posible que lleguemos a ocultar la autoría del bien que hagamos hasta para las personas con quienes hemos sido buenos.

¿Que se gana guardando sigilo sobre las buenas acciones que se llevan a la práctica? Desde luego, este recato impide que caiga en cualquier tipo de orgullo, ese vicio que está en la raíz de la mayor parte de los males. ¿Pero es que no podría inspirar a otros? No. Las personas que eligen ser buenas lo hacen con la profunda convicción de que ese camino que quieren hacer, no es para imitar a alguien o por moda.

El testimonio esencial y más importante no es el de quien hace el bien, sino el de quien lo recibió.

El que da importancia a la opinión de los otros no considera sus propias ideas de forma adecuada. La persona se menosprecia a sí misma para después procurar su valor en las opiniones y miradas ajenas, amoldándose no al bien, sino al parecer de los demás.

Aquello que hacemos de buena gana tendrá aún más valor si no lo divulgamos. Es posible que lleguemos a ocultar la autoría del bien que hagamos hasta para las personas con quienes hemos sido buenos.

En cuanto a las historias malas, esas si deben ser compartidas. Para hacer penitencia por aquellas de las que hemos autores, demostrando nuestro arrepentimiento, o para librarnos de las que fuimos víctimas a través de una apertura al amor de los otros, para sanar esas heridas profundas.

Hay aún un grupo de cosas que no son buenas ni malas. No debemos darles importancia. Hay quien cree que debe contarlo todo, incluso lo que no importa, y acaba por aborrecer más de lo que comparte.

La verdad es que nuestro valor está en proporción directa con el bien que hacemos sin que nadie lo sepa. Contarlo es una quiebra de fe, una cesión al orgullo, una flaqueza hecha a la tentación de la vanidad, a pesar de que parezcan siempre buenas las disculpas para hacerlo.

Por eso, debemos exponer nuestros errores sin ocultar nada. Después, no cansar a otros con lo que no tiene importancia, ni bueno ni malo. Por fin, guardar solo para nosotros todo el bien del que seamos capaces.

Nuestros mayores hechos deberán ser conocidos solo por nosotros y por Dios. ¡Si conseguimos olvidarlos, entonces será perfecto!



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