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domingo, 15 de enero de 2017

Pies en la tierra, cabeza en el cielo


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La fe no es cosa de viejas  beatas. Es algo que exige coraje, fuerza y valor. Está solo al alcance de los hombres y mujeres que deciden ser valientes, dispuestos para todo.

Estar dispuesto no es una voluntad, no es querer estar dispuesto. Es tener hecho todo lo necesario. No importa lo que cueste o se tarde.

En nuestros días, es extraño que la expresión hombre humilde sea sinónimo casi exclusivo de hombre miserable... alguien que los demás, siendo diferentes –o diferenciados, como se llaman a sí mismos- reconocen como digno de pena y compasión. Ahora bien, aquí parece existir una señal clara de que no conviene caer en esta condición, tan miserable a los ojos de la multitud.

Las alas de un águila le pesan, pero le permiten volar. Sin ellas, sería solo un ave más de corral. Más ligera, pero mucho menos libre.

La fe no es una venda que tapa los ojos, sino una ventana que abre horizontes más allá de lo que podría la razón, sólo por sí, contemplar. Tampoco es una verdad cómoda en que algunos se refugian para no tener que pensar, sin ningún desafío que incomode, porque impulsa siempre nuevas búsquedas, obliga al desasosiego de una lucha constante, exige que se camine al encuentro del otro lad0 de la existencia...

La humildad es la condición de la fe. Sin la cual nadie es elevado por encima del polvo y del fango.

Creer es volar, porque implica ir por donde y hacia donde no hay suelo. Pero no se piense que ahí se llega a través de la convicción en nuestro propio valor, no. Es, sí, por la conciencia de nuestra cobardía.

La fe nos da firmeza, pero sin tener donde posar los pies ni donde reclinar la cabeza. Hace como que creemos en una roca firme que existe sin que la podamos ver... a fin de que podamos existir sin tener que fingir.

(Ilustração: Carlos Ribeiro)


sábado, 14 de enero de 2017

La ganancia es siempre ingrata


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

El deseo de tenerlo todo es insaciable, donde no hay espacio para cualquier tipo de dádiva. La persona codiciosa es ciega en relación a lo que ya tiene y a lo que ya es. Sólo mira para lo que no tiene. La avaricia es una tristeza que no reconoce las razones de lo que sería una alegría...

¿Cuántos de nosotros tenemos conciencia de lo que ya hemos conseguido tener y ser?

Esta destrucción de nosotros mismos se acelera cuando no nos reconocemos como seres humanos con valor suficiente, y buscamos fuera de nosotros cosas que supriman esos vacíos creados a fuerza de ser inconscientes. Claro, muchas veces la ganancia se esconde detrás de la caridad y gratitud que no son sino medios para alcanzar más y más. En verdad, solo se da como forma de inversión, del cual esperan elevados intereses.

La satisfacción de los deseos nunca los satisface. Nunca es suficiente y solo ven despertar y alimentar deseos aún más excesivos. La ira resulta de la conjugación del orgullo con la ganancia, por lo que no hay más que un paso de la ganancia a la violencia.

El tesoro de cada uno de nosotros no está en los bienes que poseemos. La riqueza y la miseria dependen de la capacidad de ser íntegros, generosos y agradecidos.

¿Quién sería yo sin aquellos que con su amor me ofrecieran ser mejor?

¿Quién soy yo cuando me creo pobre sin serlo?

Lo que hace brillar un corazón es la bondad y el dulce recuerdo de las ayudas recibidas.

Debemos amar. A pesar de todas las ingratitudes, el amor es el único camino para la paz de los que andan perdidos de sí mismos.

El amor no se retribuye. Inspira a amar.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/73363/a_ganancia_e_sempre_ingrata

jueves, 12 de enero de 2017

Contexto del cisma de Occidente



Desarrollaremos los antecedentes de lo que fue el cisma de Aviñón, o Cisma de Occidente, privilegiando la voz de dos santas, Sata Brígida y Santa Catalina de Siena. 








sábado, 7 de enero de 2017

Sólo hay un lugar donde puedo tener paz


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Todos tenemos un rinconcito en el mundo en el cual, protegidos y distantes del ruido y la prisa, descansamos y disfrutamos de la paz por la cual pasamos la vida luchando.

Ahí, no hay fiestas ni alegrías efusivas, solo una paz pura. Allí, solos, estamos en buena compañía.

Es un error enorme creer que nos realizamos solo fuera de nosotros, o que eso es una condición esencial para una realización plena.

Quien se deja guiar por el ansia de la aprobación de los otros, no tiene conciencia de que esa avidez conduce a tal exposición que impide el recato y la intimidad donde nuestras fuerzas se equilibran y fortalecen. Quien vive para la apariencia, pronto cambia la paz interior por una ilusión de fama, tan instantánea que muere nada más nacer.

Quien no tiene donde vivir en paz es miserable. En el sentido más profundo y absoluto de la miseria.
Sólo en este lugar, que no es un sueño, puedo dormir y despertar con una sonrisa.

¿Por qué razón no estoy siempre ahí? Tal vez porque tengo que pasar por lo peor para continuar mereciendo lo mejor.

En la vida siempre tenemos que hacer sacrificios grandes para continuar existiendo en ese lugar donde aprendemos a ver el mundo como es, donde nuestros planes comienzan a hacerse realidad, donde recargamos nuestras fuerzas, donde somos y nos sentimos amados.

Amar implica salir de la comodidad y hacer muchas cosas desagradables que es imprescindible para la defensa de mi felicidad.

Caminando siempre, como si el espíritu solo avanzase cuando las personas lo mueven, procurando sin cesar la paz del otro, sin el cual no puedo tener la mía.

Y es así que, mientras en la tierra mis pies se debaten con el fango y las trampas del mundo, mi corazón experimenta ya la paz de un cielo al cual no he llegado aún.


http://rr.sapo.pt/artigo/72770/so_ha_um_lugar_onde_posso_ter_paz

viernes, 6 de enero de 2017

ALBERT CAMUS ENCUENTRA EL SENTIDO



Albert Camus premio nobel de literatura, agnóstico, como suele decirse, mediado el siglo XX, escribía en un artículo titulado la crisis del hombre. Si no se cree en nada, si nada tiene sentido y si en ninguna parte se puede descubrir valor alguno, entonces no hay nada bueno ni malo, y Hitler no tenía razón ni sin razón.










jueves, 5 de enero de 2017

He aquí a Dios; he aquí al hombre - Monseñor José Ignacio Munilla



El cristianismo no solo nos revela la vocación trascendente del hombre, sino que, al mismo tiempo, humaniza la presente. Cuanto màs divinos, màs humanos, màs divinos. Al contemplar el portal de Belén, bien podemos exclamar. He aquí a Dios; he aquí al hombre. 






lunes, 2 de enero de 2017

Por fin le llegó una cita de trabajo


Pero, antes de recibir esta grata noticia ocurrieron muchas cosas hoy. “La familia en España es un caos”. Con estas palabras comenzaba nuestra tertulia esta mañana. ‘Nadie se habla entre hermanos, padres e hijos’. “Yo, soy la oveja negra de la familia, pero que no se hablen mis hermanos, que son todos ‘gente normal’ eso no lo entiendo...”

La verdad es que estamos tan enredados entre nuestras propias redes y mentiras o medias verdades, sobreviviendo sin muchas luces en una sociedad cada vez más compleja, cuando no contradictoria, que no acertamos a ver para encontrar soluciones adecuadas para nosotros mismos. Algunos, después de muchas terapias y mucha voluntad,  encuentran su verdad, y con ella la salida y el fin de sus problemas. Pero, socialmente, es difícil sortear las trampas que nos tienden intereses múltiples, desde el capitalismo insaciable a la izquierda ideologizada e inútil. Al ataque a la familia tradicional, se suma un sistema educativo nefasto, sometido igualmente a la dictadura del buenismo y el relativismo, con desprecio absoluto del esfuerzo y el mérito, destruyendo así cualquier anclaje o modelo con autoridad intelectual y natural para avanzar seguros en la vida.

Ha vuelto a morir un sin techo en la calle. Los más sensibilizados nos alarmamos cuando alguien muere en la calle,  hasta nos manifestamos, no sin razón. Pero  igual nos sobrepasamos, por ‘buena voluntad’, sin duda, o sobreactuamos en otros casos.

Las personas sin hogar, a menudo son discretas, y no siempre están dispuestas a hablar de sí mimas, como si quisieran guardar su intimidad aunque esté maltrecha y herida; pero es ‘lo que les queda de sí mismos’. Esta persona, u otras, quizá no quisieran protagonismo, ni siquiera a la hora de la muerte. Otra cosa es que se le acompañe en el tránsito al último albergue, confiados en que la misericordia divina tiene siempre una morada para el que ha sufrido mucho en este valle de lágrimas.

Sí, yo he escuchado muchas veces de labios de algunos sin techo frases que lo prueban: ‘ya vais a hacer la foto... para que vean cómo dais de comer a los pobres’, esta fue la última que escuché, y se refería a nosotros mismos, que tratábamos de festejar muy sencillamente, creíamos que en familia..., la Navidad, y no teníamos intención de hacer fotos.

¿Pero quién está haciendo algo efectivo, serio, solidario al cien por cien, con el que sufre desamparo y cae en la exclusión social? ¿Los sindicatos, el gobierno, los políticos, los ‘empleadores’ con beneficios incalculables...?  Ayer llamaron a un amigo para una entrevista, y parecía casi un milagro, lo encontré optimista, animado, había recuperado por un instante su dignidad, su capacidad de soñar con un futuro prometedor... Daba gusto. Después de meses, años, semanas, días echando currículos por todas partes, un simple detalle le devolvió la dignidad de persona, de trabajador, la confianza en sí mismo.

De ahí, en conversación con otro amigo, sacábamos conclusiones, y decía él: ‘verdaderamente al gobierno, a los sindicatos, a los políticos, les importamos bien poco’, si no, ¡cómo es posible que permitan que haya cientos, miles, millones de desempleados, día tras día y año tras año! ¡Cómo es posible que no se les ocurra alguna forma de mantener a las personas en expectativa de algún trabajo próximo, aunque fuera por unos meses!

¡O nos salvamos todos, o no nos salvamos ninguno, porque desaparecerá la sociedad democráticamente entendida y caerá en manos del más fuerte!  La realidad es que cada día hay más personas viviendo en la calle, porque no se ha previsto el aumento de plazas en albergues, o en pisos tutelados, para esas personas que se ven abocadas a la dependencia absoluta, al desamparo total, de sus familias y del Estado. La exclusión social humilla al que la sufre y a quienes la provocan o son causa consciente o inconsciente de ella.


Si todos nacemos iguales, hijos del mismo Padre, todopoderoso y dueño de la vida, Señor de la muerte, los que fallamos somos nosotros, que no seguimos los mejores impulsos de nuestro corazón, la voz de nuestra conciencia que, si no padecemos algún trastorno mental, distingue caramente lo que está bien y lo que está mal, y aún así preferimos procurar la seguridad propia por encima del bien común. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Navidad musulmana



Es razonable que un dirigente de una escuela estatal de un país laico, Italia, tenga en cuenta las diversas sensibilidades religiosas, pero no hasta el punto de negar la identidad nacional y tradiciones culturales.

Marco Parma, director del liceo Garofani, en Rozzano, en el norte de Italia, con cerca de mil alumnos, de los cuales solo un quinto  no profesa la religión cristiana, decidió que el tradicional concierto de Navidad debería designarse por la estación del año en que ocurre, para no ofender a los alumnos no cristianos, ni a sus familias.
Obviamente, también excluyó del programa del ahora denominado concierto de invierno todas las músicas con alguna connotación religiosa porque, como explicó, “en un ambiente multicultural, esto genera problemas”. En una fiesta de Navidad anterior, en que se habían cantado canciones alusivas al nacimiento de Jesucristo, “los niños musulmanes no cantaron. Se quedaron ahí, totalmente rígidos. No es bueno ver un niño que no canta o, peor aún, ser llamado por los padres fuera del escenario”, añadió Marco Parma.

Es razonable que un director de una escuela estatal de un país laico, como es Italia, atienda las diversas sensibilidades religiosas, pero no hasta el punto de negar la identidad nacional, ni las tradiciones culturales de su país. Es verdad que la Navidad es una solemnidad cristiana, pero también es una fiesta nacional y, por eso, también para los no católicos es fiesta. Muchos monumentos de origen y naturaleza esencialmente religiosa tienen también un gran valor cultural y artístico, que sobrepasa las fronteras de lo meramente confesional.

Es aceptable que una escuela secundaria, en Arabia Saudita, cierre el día sexto, día santo para los musulmanes; o el sábado, el día del Señor en Israel. Es lógico que el día 25 de Diciembre no sea fiesta en un país mayoritariamente musulmán o hindú, y un cristiano que viva en ese país no se debe sentir ofendido por eso. Pero también se justifica que un país de tradición y cultura católica, como es Italia, festeje las principales efemérides cristianas, lo que, obviamente, no constituye ninguna ofensa para los creyentes de otras religiones, ni para los ateos o agnósticos. Además, fue en este sentido que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos entendió legítima la presencia de crucifijos en las aulas de Italia, contra uma madre que exigía su retirada, por entender que ese símbolo  cristiano contrariaba la laicidad de la educación estatal.

Los emigrantes y refugiados deben ser acogidos con hospitalidad, pero deben tener la buena educación de respetar las tradiciones culturales y religiosas de sus nuevos países, en nombre de las cuales, por cierto, fueron acogidos. No tendría sentido no referir, en las escuelas portuguesas, la reconquista de la península a los moros, por respeto a los musulmanes; u omitir las invasiones de los bárbaros, por deferencia con los pueblos germánicos; o, no festejar el primero de diciembre, para no disgustar a los españoles; o silenciar la invasión francesa, para no ofender a los franceses.

La inadecuada actitud de este director de una escuela secundaria del norte de Italia es paradigmática de un cierto complejo de inferioridad, bastante generalizado entre ciertas personas que, para no parecer nacionalistas, ni ser confundidas con los xenófobos de extrema derecha, reniegan de la identidad nacional. No debemos ser colectivamente orgullosos, ni mucho menos despreciar a los otros pueblos, ni mucho menos sus religiones, pero tampoco debemos disculparnos por ser quienes somos, ni mucho menos abdicar de nuestra identidad histórica y cultural.

En la vieja Europa se generalizó la idea de que, por el bien de la integración de los creyentes de otras religiones hay que prohibir cualquier manifestación pública cristiana, presuponiendo que un símbolo religioso es necesariamente ofensivo para quien no profesa esa religión. Es curioso que se piense que celebrar la Navidad pueda ser ofensivo para un quinto de alumnos y sus familias, cuando la supresión de esa celebración afectaría negativamente a cuatro quintos de la población escolar... En verdad, el amor, la misericordia y perdón son también, entre otros, principios esencialmente cristianos: en nombre de la laicidad de la educación, ¿¡también deberían ser excluidos de las escuelas oficiales!?
Marco Parma, al prohibir que el concierto fuese designado como siendo de Navidad, fue, en realidad muy feliz. En nombre de la historia y de la cultura italiana, con la que se identifican cuatro quintos de sus alumnos, debería haber defendido la designación tradicional. También debería respetar que los alumnos, aunque minoritarios, de otras creencias se asociasen, o no, a esa fiesta, pero sin alterar su denominación.


Cuando el director de la escuela ya no se llama Marco, nombre increíblemente cristiano y altamente provocativo para todos los alumnos y familias no cristianas, sino Yussuf, y el instituto Garofani fuera una madraza, tal vez Parma perciba, finalmente, que Navidad, más allá de una celebración religiosa, es también una afirmación de la identidad cultural europea, una lección esencial sobre el inestimable valor de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural. Pero, entonces, tal vez sea demasiado tarde para que se dé cuenta de que es obvio, o sea, que una sociedad es tanto más libre cuanto más verdaderamente cristiana es.

¿Quién tiene miedo a las pesadillas?


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

¡Las ideas que formamos a cerca de las cosas pueden atormentarnos mucho más que las propias cosas, por malas que sean!

Nuestra racionalidad llena los espacios vacíos del conocimiento con creaciones de la imaginación. Pero el resultado nunca es bueno, cuando se termina por confundir lo imaginario con lo real. La imaginación tiende a deformar la realidad, presentándonos como peor lo que no es tan malo, o mejor, lo que no es tan bueno.

Cuando se imagina lo mejor es más sublime, el riesgo de desilusión aumenta de forma brutal, al punto de bastar un instante de realidad para que la catedral que construimos se reduzca a una mera sombra de polvo que se posa sobre las ruinas.

Cuando la imaginación se deja guiar por el mal, crea desgracias de tal forma trágicas que nos hacen sufrir más que si fuesen reales.

Por eso, es necesario tomar una cierta distancia entre la realidad y la representación que de ella nos hace la imaginación.

Ya es preocupación suficiente intentar resolver los problemas reales de hoy, no perdiéndonos en hipótesis más o menos creíbles. ¿De qué vale huir de los males de hoy rumbo a lo que nos parece ser un sueño si, en realidad, estuviéramos metiéndonos en una verdadera pesadilla?
Lo que es más cierto es lo incierto y es necesario aprender a vivir con ello, a pesar de los miedos y de las ilusiones.

Cada uno de nosotros es también una obra hecha de sueños y pesadillas. Pero somos más, mucho más. Somos lo que ningún sueño o pesadilla consigue ser: somos vida. Una vida concreta, irrepetible y auténtica.

Lo peor de los sueños es que pasan; lo mejor de las pesadillas es que pasan también.
El bien parece siempre tardar y después volar lejos; el mal parece empeñarse en quedarse... pero cada uno de nosotros escoge lo que quiere dentro de sí y lo que sale fuera de su corazón.




(ilustração de Carlos Ribeiro)



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Sobre aquello de no juzgar.



Jesús cuando vino al mundo enseño a no juzgar, sino por el contrario enseño a amar, porqué lo hacemos nosotros los cristianos?












martes, 27 de diciembre de 2016

Cuando el hijo nace del amor



Un hijo puede nacer o porque se quieren sus padres, o sólo porque lo quieren sus padres, o sin quererlo sus padres. Esta serie de posibilidades 8existen màs) pueden ayudarnos a comprender un poco cuál sea la mejor manera de que nazcan los hijos, y por qué la fecundación artificial no es éticamente correcta.






lunes, 26 de diciembre de 2016

LA GRACIA del Lunes 26 de Diciembre de 2016



El mejor regalo de Navidad para Jesús es nuestra vida cristiana renovada por el amor, la sangre, el vigor y el fuego de los mártires que dieron y siguen dando su vida por Cristo.








Palabra de hoy: Politización



Entendemos por politización el proceso que reduce una discusión ética  a una controversia politica.el efecto que sigue a esa traslación es la legitimación de posturas o propuestas de intervención social que ciertamente no resistirían análisis desde la escueta consideración de su estatuto ético. 










domingo, 25 de diciembre de 2016

Elogio de la Navidad consumista



No, falsos apóstoles del anti-consumismo, no nos roben la Navidad. La religión cristiana es fiesta de alegría, todos los días y para toda la eternidad, pero sobre todo en el día que celebra el nacimiento de Jesús.

Siempre que llega la Navidad, se oyen viejas voces de nuevos profetas rebelándose contra el consumismo que, por lo que parece, ataca de forma particularmente violenta en esta época final del año. Pero, toda la elocuencia de sus invectivas morales no logra empañar el brillo de esta fiesta de todos, sin distinción de religiones o razas, nos toca y despierta para la gran alegría de la Navidad, ¡la fiesta de Dios con nosotros! La religión cristiana es fiesta y alegría, ahora y para toda la eternidad, pero sobre todo en los benditos días en que el calendario litúrgico solemnemente celebra el nacimiento de Cristo para la vida terrena y, después, en la fiesta gloriosa de la pascua de su resurrección, su definitivo nacimiento para la vida eterna!

¡Navidad! Nuestro mundo, nuestros países, nuestras ciudades, nuestras empresas, nuestras familias y todos nosotros necesitamos, absolutamente, de la Navidad. No fue por casualidad que un reciente y lamentable ataque terrorista, en Berlín, tuvo como objetivo, precisamente, una feria de Navidad. Si un terrorista, que es, por definición, un enemigo de la civilización, ataca la navidad de esta forma infame es porque, también él, de algún modo, reconoce que ninguna otra fiesta como es la celebración universal celebración del nacimiento de Cristo es tan emblemática de la cultura europea. Por eso, defender la Navidad es defender también lo mejor que hay en la cultura occidental. ¡Y, si no fuera posible hacerlo sin consumismo, peor para el consumismo!

Es verdad que el consumismo materialista no es una práctica coherente con la fe cristiana, pero tal vez no sea excesivamente atrevido afirmar que, de algún modo, Jesucristo fue el primer ‘consumista’. Por eso, sus últimas palabras, antes de expirar en la cruz, fueron: “¡Todo está consumado!” (Jo 19, 30). Un poco antes, el evangelista que el Señor amaba, al introducir su relato de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, dijo: “Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al padre, habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo, los amó hasta el fin” (Jo 13, 1). La Navidad es una invitación a este ‘consumismo’: una excelente ocasión para consumirnos en el servicio de los otros, sobre todo de los que nos son más próximos, o están necesitados.

¿¡Pero... y los pobres!? Esta es, ciertamente, la crítica más recurrente al consumismo navideño y, a caso, la más consistente. ¿¡Cómo pueden los cristianos montar belenes, cuando hay tantas personas que no tienen ni un techo para cobijarse!? ¿¡Cómo pueden sentarse a una mesa llena de apetitosos manjares, si hay tantos a su lado que ni siquiera tienen una sopa y un poco de pan para dar a los hijos!? ¿¡Como se atreven a ofrecer y recibir presentes, más o menos inútiles, si hay tantos que carecen hasta de lo más imprescindible!? ¿¡No sería mucho mejor convertir todas las despensas de tan inútiles conmemoraciones en beneficios sociales para los que más necesitan!?

No falta razón a esta tan aparente caritativa y pertinente objeción contra la Navidad consumista. Pena es que reproduzca, ipsis verbis, la argumentación de Judas Iscariote, el traidor, cuando censuró ásperamente el consumismo de María, la hermana de Lázaro, cuando ungiera al Señor con “una libra de perfume hecho de nardo puro de gran precio”: “¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios para dárselo a los pobres?” “dice esto –aclara el evangelista- no porque le importasen los pobres, sino porque era ladrón y, teniendo la bolsa, robaba lo que en ella se echaba” (Jo 12, 1-8). Y Jesús no censuró el consumismo de la hermana de Lázaro, sino la avaricia del apóstol traidor.

Los modernos profetas del anti consumismo navideño, que tanto abundan, también en las publicaciones católicas, en realidad son réplicas, más o menos exactas, del hermano primogénito del pródigo. También él, lleno de razones sin razón, se levantó contra el consumismo desenfrenado del padre, que dio al hijo más joven el vestido más precioso, un anillo en el dedo y sandalias en los pies. ¡Para ese hijo pródigo, mandó matar el ternero más gordo y organizó una gran fiesta, a la que ni siquiera faltó la música y los coros! Y, ante la indignación del hijo mayor, despechado por aquel escandaloso consumismo, el padre le dice: “Era justo que hubiese banquete y fiesta” (Lc 15, 11-32).

¡No, falsos apóstoles del consumismo, no nos roben la Navidad! ¡No nos quiten la fiesta! ¡No callen la música, ni callen los coros, porque son ángeles que nos anuncian el nacimiento del Señor! (Lc 2, 13-14). ¡No nos excluyan de esa mesa a la que el Padre de los cielos nos invita! (Lc 14, 15-24). La Navidad no excluye a nadie: Dios vino al mundo para los buenos y para los que no lo son, para los fieles y los paganos; para todos, sin excepción.

¿Porque, cómo vino Dios al mundo? No vino como Dios, para que su santidad no ahuyentase a los pecadores. No vino como omnipotente, para que su poder para que su poder no atrajese a los ambiciosos, ni apartase a los tímidos. No vino como sacerdote, para que los no creyentes, o creyentes de otras religiones, no fuesen excluidos. No vino como rey, para que no se impusiese a sus súbditos por la fuerza. No vino como maestro, para que también los soberbios lo pudiesen aceptar. No vino como sabio, para que también los ignorantes lo pudiesen comprender. No vino como héroe, para no humillar a los cobardes. No vino como vencedor, para no avergonzar a los derrotados. No vino como rico, para no intimidar a los pobres.


Entonces, ¿¡Cómo vino aquel que, antes de nacer e incluso de ser concebido, ya era rico, vencedor, héroe, rey, sacerdote y omnipotente, como Dios que es desde siempre!? Vino como niño pequeño, para que todos los hombres y mujeres del mundo, cualquiera que sea su virtud o vicio, lo puedan contemplar y amar. Porque no hay nadie, por mejor o peor que sea, que, ante la fragilidad de un recién nacido, no sea capaz de conmoverse y sonreír. ¡Santa Navidad!

sábado, 24 de diciembre de 2016

El más dulce de los sufrimientos


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

En aquellos días, una mujer salió de su casa decidida a arriesgarse. A comprometer todo lo que tenía, su vida tranquila, su estabilidad y sus seguridades a cambio de un sueño casi imposible: vivir su vida de acuerdo con aquello que creía que podría hacerla feliz.

Siguió adelante en la vida. Sin inclinarse para cualquier lado. Sincera, honesta y verdadera. Erró, cayó y se levantó, muchas veces. Tuvo que enfrentarse a adversidades que ni siquiera sabía que existían. Fue abriendo algunas puertas de esperanza en momentos de tinieblas. Tuvo la fuerza de ser paciente, sufrir sin desistir. Al final, quien no sea capaz de vencer las sombras que tiene nunca llegará a ser luz. Quien no ama, vaga en las tinieblas.

Un día mientras construía su camino una enorme paz le invadió el corazón. En ese instante comprendió que la felicidad es la paz de confiar.

Un día alguien le preguntó de dónde le venía la fuerza. Ella respondió:

 “-Quien hace posible que vaya más lejos son mi familia y mis amigos. No por la ayuda que me pueden dar mientras subo ingrávida camino de mis sueños, sino por la certeza de que al caer y resbalar... aunque sea hasta el mismo fondo del valle, algunos de ellos estarán conmigo, estarán a gusto conmigo como siempre... me ayudarán a levantarme y a luchar de nuevo. Pero, no me dejarán mientras no estuviera otra vez en camino... así, también yo estoy atenta a los que van encaminados y a los desencaminados de los que amo. Pero solo voy a su encuentro cuando la adversidad parece que va a romper su corazón. Y me retiro así que estuvieran de nuevo en camino de su felicidad.”
Amar es ser paz.

El amor nos libra de las penas, pero eso pasa por el sufrimiento de los dolores que causan.


(ilustração de Carlos Ribeiro)

viernes, 23 de diciembre de 2016

La Mejor Filosofía De La Vida



Se el resultado de tus pensamientos y toma con responsabilidad tus acciones. 







Suicidio asistido en Holanda, lo proponen para personas cansadas



Holanda legalizó la eutanasia en 2002, pero solo para terminales con sufrimiento insoportable. Como algunos vaticinaron, esa estricta indicación, se ha ido ensanchando hacia enfermos psiquiátricos y hacia niños incurables. La nueva propuesta, según ha matizado la ministra de Sanidad holandesa Edith Schippers, se limitarà a los ancianos, donde màs se da este supuesto. Pero tal limitación suena tan provisional como la del sufrimiento insoportable.







jueves, 22 de diciembre de 2016

LA GRACIA del Viernes 23 de Diciembre de 2016



Dios no te deja en anhelante espera, en dura frustración a ti que buscas alguna alegría; Él te muestra tu gracia, te manifiesta su compasión y su misericordia.







domingo, 18 de diciembre de 2016

Cuatro malos usos de las palabras


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Sólo las cosas que son buenas pueden ser usadas mal.

Es la mala utilización de una cosa lo que acaba por hacernos daño, siendo que nunca son los instrumentos los responsables de los perjuicios que causan, sino los que los usan con mala intención o sin la noción del poder que dan. Quien, por falta de conciencia del mal que puede hacer, o hace, es responsable en parte del acto, pero de forma integral por la ignorancia que impone a sí mismo.
El uso de la palabra tiene cuatro virtudes asociadas a cuatro tentadores males

No debemos ofender. La falta de respeto hacia el otro es, sin excepción, condenable, pues nadie tiene derecho a condenar a otro solo con base a una voluntad interesada solo en sí misma. Una injuria acaba siempre por deshonrar más a quien la hace, que a quien es blanco de ella.

Las palabras no deben provocar discordia. Hay quien cree que nos entendemos mejor cuando conversamos, pero hay momentos en que pasa lo contrario: es por abusar de las palabras por lo que surgen los desencuentros. Los que alimentan guerras quieren solo arrastrar a los otros a sus propias tinieblas.

No se debe mentir. La verdad es algo precioso, que perfecciona a quien la escoge en detrimento de las tentaciones de suavizar, enmascarar u ocultar la realidad. Tal vez el mundo que tenemos no sea tan bueno como sería posible, pero será siempre peor cada vez que alguien lo falsea por causa de los egoísmos, en provech0 de su orgullo y a fin de encubrir sus faltas. No hay medias mentiras ni medias verdades, eso son solo formas mentirosas de cómo la mentira dice la verdad a su conveniencia. Una mentira, sea ella mayor o menor, es siempre y solo una mentira. Algo malo es simiente para el futuro. La verdad puede causar dolor, pero nunca tanto como una mentira.

Las palabras no deben alimentar futilidades. Quien llena aquello que cree que son tiempos vacíos de su vida con palabras sueltas y desenraizadas acaba siempre por hablar de más –porque dice lo que no debe, y de menos- porque no dice lo que debe, quedándole después poco tiempo, atención y fuerza para construir algo bueno.

Quien escoge el misterio del silencio encuentra en el más paz, fuerza y luz que cualquier discurso, por más bello que parezca.

El silencio es una de las mejores armas contra el mal, que así nunca encuentra forma de atacarnos con eficacia.

La palabra es una espada afiladísima. Usada de forma inconsciente será casi un milagro que no hiera a alguien, una simple palabra tiene un poder capaz de envenenar la credibilidad de otro, las relaciones humanas y la propia dignidad de quien la dice.

El silencio es siempre la última palara.


 (ilustração de Carlos Ribeiro)

El sufrimiento...

José Manuel Almeida

Breve reflexión.

Precisamente en este bloque.
Cuando todos, o casi todos, prefieren el confort de sus hogares, hay pequeños grupos de personas que prefieren desafiar el frío, el mal tiempo, en busca de aquellos que sufren.
Los que sufren los 365 días del año, sin que nada ni nadie pueda resolver de manera definitiva y digna sus dificultades.
Los voluntarios intentan minimizar el sufrimiento ajeno, sufriendo y sintiendo esa voluntad de rescatar a alguien del mal camino, del vicio, o simplemente del infortunio.
No existen sociedades perfectas, ni modelos perfectos.
Si así fuera, no estarías ahora leyendo esta breve reflexión.
Todo sería un lecho de rosas, preferentemente sin espinas, para deleite de los políticos aventureros y mentirosos que nos engañan.
Cuando las noticias nos muestran los mayores desmanes ocurridos después de recuperada la libertad, son muchos los que se preguntan sobre el futuro de Portugal (aquí podríamos poner cualquier nombre de cualquier país, pues es universal el sentido de la reflexión, o así la entiendo yo), entregado a su suerte y a las órdenes de esta sociedad comercial que se llama UE(Unión Europea).
Un poco por toda Europa seres humanos sufren, son puestos a prueba diariamente en sus lugares de trabajo, en sus talleres, en los lugares más variados.
Les hablo de los hospitales, los centros de día, de los asilos de ancianos, de las instituciones de acogida de jóvenes...
Como tengo escrito aquí mismo, un país que no cuida de sus ancianos es un país sin futuro.
Y un país que no educa a sus jóvenes es un país que hipoteca su futuro.
Un país que ha dado nuevos mundos al mundo, depende ahora del resto del mundo.
Ironía del destino.
El sufrimiento no elige ideologías, ricos o pobres, viejos o nuevos.
El sufrimiento está ahí, anda por ahí, pero no lo siente el que no quiere sentir.
Quizás es hora de parar un poco, disfrutar de la lectura de un pequeño texto, para pensar en aquellos que sufren en silencio.
El peor dolor es aquel que no se escucha.
Es hora de escuchar a tu corazón.
Y si hay un gesto, un solo gesto, ese tiene un nombre:
Dar!
Dar sin recibir.
Ese es el secreto de la felicidad de algunos que minimizan el sufrimiento de muchos.
Tengan una excelente noche, en la comodidad de sus hogares.


https://www.facebook.com/josemanuel.almeida.35?hc_ref=NEWSFEED&fref=nf
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