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domingo, 4 de diciembre de 2016

LO QUE NOS ESPERA

Pablo Garrido Sánchez

Vivimos en la esperanza, porque en esperanza hemos sido salvados (Cf 1Pe 1,3). Proyectamos cosas, esperamos acontecimientos y recordamos lo que ha sucedido con la finalidad de afrontar mejor el futuro. Pero es preciso añadir algo más: Alguien nos está esperando siempre más allá de aquí. Le ponemos nombre a los que nos esperan en la vida de los bienaventurados: en primer lugar DIOS mismo, y en segundo lugar todos aquellos con los que en esta vida hemos construido fraternidad. En este grupo tenemos a los familiares y amigos, sin olvidarnos nunca de nuestro ángel custodio y nuestro santo patrono. La fe, la esperanza y la caridad perviven más allá de aquí (Cf 1Cor 13,13), aunque juegan un papel fundamental en el paso por este mundo. Aunque sea obvio, es preciso señalar que la espera  principal es la de DIOS mismo, y haremos bien en traer a la memoria con frecuencia la parábola del Hijo pródigo, o del Padre misericordioso (Cf. Lc 15,11-32), que sale diariamente al camino a ver si llega su hijo, que reconoce al instante aunque lo reciba hecho un adefesio y haya que vestirlo de nuevo para dejarlo presentable. 

También en el tiempo litúrgico de Adviento, no hay inconveniente en reflexionar sobre nuestro destino en el más allá. Nunca vamos a agotar el tema, pero algunas cuestiones podemos afirmarlas basándonos en la Escritura. Una primera consideración incómoda es que nos tenemos que morir, pues el estado de vida presente viene marcado por la biología con el factor de la mortalidad, y nuestras células están acompañadas del correspondiente marcador biológico que determina el envejecimiento y la muerte final en un tiempo determinado, salvo algún suceso que anticipe la propia muerte. Este hecho incómodo, por decirlo suavemente, nos acompaña con más o menos claridad en todas las decisiones de la vida adulta: sabemos que vamos a morir, aunque no sepamos exactamente ni el cómo, ni el cuándo, ni el dónde; aspectos que pueden añadir un poco más de intranquilidad a este hecho. En esta tesitura podemos afrontar de forma cristiana la muerte o dejarnos embargar por la anestesia del rechazo a un planteamiento transcendente. Es cierto que optar por esta última vía puede conducir a un estado interior muy poco recomendable, que en el fondo nada tranquiliza.

Nosotros, como apuntamos, vamos a aproximarnos al hecho de la muerte y de la vida eterna, partiendo de la Escritura y de nuestra experiencia religiosa. Es muy reconfortante, y de tener en cuenta, el haber acompañado a un amigo o familiar en los últimos días o momentos previos a su fallecimiento, y haber sido testigos de la paz y serenidad que acompañaron el tránsito de la muerte al otro lado de la existencia vedado para los que permanecemos en esta orilla de la vida. La muerte es el acto más serio, importante y decisivo del ser humano en este mundo, y DIOS así se lo toma. Los chascarrillos que formulamos sobre la muerte y los difuntos pueden rebajar algo la tensión que el tema suscita, pero se pueden decir verdaderas tonterías. Nadie en su sano juicio desearía volver de la edad adulta a la infancia, salvo que se padezca una patología regresiva; lo mismo sucede con aquel que ha entrado en la otra vida salvo patología se desengancha de esta vida, porque la existencia continúa en estadios muy superiores.

Preguntas que son comunes: ¿A dónde van los que mueren? ¿Se establece un juicio absolutorio o condenatorio? ¿Qué es exactamente la resurrección de los muertos? ¿Existe el infierno? ¿Es lo mismo el cielo que la asamblea de los innumerable bienaventurados? ¿Qué hacemos con el purgatorio? ¿Qué pasa con nuestro cuerpo? Ante estas y otras muchas preguntas no podemos abandonar y concluir que no podemos saber nada. Bueno, algo se puede decir, aunque ciertamente la fuente de esclarecimiento que es la Escritura se muestra muy parca en respuestas. También nuestro Catecismo oficial aporta elementos valiosos y firmes. Pero la investigación teológica sobre este campo apasionante no ha cesado y hay cuestiones que precisan iluminación no para satisfacer la curiosidad, sino para fortalecer la Fe. Nosotros rezamos en el Credo que creemos en la resurrección de los muertos, y no simplemente en la pervivencia de los espíritus.

JESÚS nos dice que sólo ÉL conoce al PADRE (Cf Mt 11,27); y podemos añadir que en ese conocimiento están incluidos los grandes designios del PADRE (Cf Jn 3,12) sobre los hombres. Y nos añade que tal conocimiento lo da a conocer a  quien ÉL quiere, por lo que hacemos bien en volver la mirada hacia la Escritura donde se encuentran las palabras de JESÚS al respecto de la vida eterna.

Nos dice: “Os conviene que me vaya, pues así os prepararé sitio; para que donde YO esté estéis también vosotros”(Jn 14, 3). Con lenguaje humano hay que hablar de las cosas del cielo, y  eso precisa de alguna relectura. ¿Es que JESÚS va a preparar una mansión, casa o habitáculo para después ser ocupados? Cuando decimos a una persona que tiene un sitio en nuestro corazón, ¿le estamos diciendo que tenemos un corazón parcelado y en una de sus divisiones lo hemos albergado? Entendemos, en este último caso, que a esa persona le estamos ofreciendo una relación de amistad personal, aunque utilizamos lo del “sitio” como simple metáfora. Será muy provechoso para nosotros que en el cielo no haya sitios, sino estados y relaciones personales derivados de dichos estados. Por eso encontramos en san Pablo de forma repetida que para él lo importante es “estar con CRISTO” (Cf Flp 1,23). El evangelio de Juan recoge expresiones similares:  “y estuvieron con ÉL todo el día” (Cf. Jn 1,39). El cielo, por tanto no es el “sitio” nuevo, sino la nueva relación con JESÚS resucitado, que adquirirá previo paso por la muerte en la Cruz. ÉL mismo lo reafirma: “para que donde YO esté, estéis también vosotros”; pues la vida eterna está en el conocimiento amoroso del PADRE y del HIJO: “La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, PADRE, y a tu Enviado, JESUCRISTO” (Cf Jn 17,3).

Otro aspecto que promueve interrogantes e inquietudes es lo de con cuerpo o sin cuerpo en el cielo. En el capítulo quince de  la primera carta a los Corintios, san Pablo, señala aspectos  interesantes. Indicando la diversidad corporal de las distintas criaturas llega a decirnos que resucitaremos con un cuerpo glorioso a semejanza del propio cuerpo glorioso de JESÚS resucitado. Y añade que el cuerpo actual es como una semilla para la inmortalidad (Cf 1Cor 15,35-53;Flp 3,21). Siendo nuestro cuerpo templo del ESPÍRITU SANTO” (Cf. 1Cor 3), se puede entender en el momento preciso que este cuerpo ceda el paso a otro cuerpo gestado en esta vida, pero distinto para acomodarse a las condiciones del mundo espiritual. ¿Tendrán algún efecto los sacramentos que recibimos en esta vida en la constitución del cuerpo glorioso que aparecerá una vez dejado este mundo? Si nos atenemos a lo que nos dice san Juan en su capitulo seis, la recepción del “pan de vida” repercute en la “resurrección del último día”. La expresión “último día” es polivalente, y tenemos que aplicarla a la muerte personal y al contexto general y final. El gran día de la manifestación del SEÑOR tiene lugar de forma particular en el momento de nuestra muerte, pues DIOS es capaz de aplicar todo su amor a cualquier hijo singular y particular. Todo esto no resta un ápice a la mirada universal que procura alcanzar la manifestación al final de los tiempos, que se incardina en el misterio de DIOS. Tenemos el horizonte personal con el límite de nuestra vida, y sin una precisión milimétrica podemos afirmar que en un periodo de unos años, ochenta o noventa en el mejor de los casos,  acontecerá de forma particular el “gran Día del SEÑOR”, pero la irrupción cósmica, en que todo el universo quede transformado y elevado a la categoría de universo celestial, es algo que escapa a cualquier cálculo. Porque, ni la destrucción  del propio planeta, ni la desaparición de la vida humana del mismo supondría la Manifestación Final Universal, sino el fin del género humano. Y tal cosa podría darse bajo el efecto de una tormenta solar cuya bola de fuego rodease el planeta y absorbiese toda la atmósfera. Y, ¿esto último es posible?  La ciencia actual tiene la respuesta, a nosotros nos importa acogernos a la Providencia divina.

Como se puede comprobar estas cosas del más acá y del más allá son complejas y están todas relacionadas. Nosotros decimos creer, cuando recitamos el Credo, en la resurrección de los muertos o en la resurrección de la carne. Ambas expresiones vienen a decir lo mismo con matices diferentes en los que no vamos a entrar. Pero, una vez más tenemos que señalar la diferencia de nuestra Fe con otras creencias. El destino del cristiano es nacer y morir una sola vez (Cf.Hb 9,27).  Esto tiene que ser así, ateniéndonos a los hechos: ¿Quién se muere? El que muere es una persona que vivió en un cuerpo dotado de una singularidad y personalidad. Esa persona, revestida de una corporeidad gloriosa,(Cf Flp 3,21) ¿puede volver a reencarnarse en otro cuerpo? Si esto fuera posible ¿tendría la Redención  traída por la muerte y resurrección de JESUCRISTO un carácter universal? Por supuesto no es cuestión de discutir con nadie sobre sus creencias, pero me parece  oportuno apuntar estos extremos pensando en los que un día fuimos bautizados, recibimos distintos sacramentos, y sobre todo participamos de la Eucaristía: “El que como mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y YO lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54).

Otra cuestión inquietante cuando pensamos en la muerte y lo que nos pueda pasar, gira en torno al juicio . Entonces  diferenciamos entre juicio particular y juicio final. Nos preocupa el proceso judicial que se nos pueda abrir pasado el umbral de la muerte. Al dramatismo del hecho en sí, me refiero a la muerte, añadimos el episodio de un juicio del que en un primer momento no tenemos seguridad de salir indemnes o absueltos.  Dos miedos se nos pueden juntar, y si un miedo ya es malo, que se junten dos miedos la cosa empeora. Algo tendremos que hacer, y lo mejor es tomar alguna precaución. En primer lugar hemos de precisar bien ¿quién nos va a juzgar?; ¿de qué se nos va juzgar?; y uno mismo tiene que formularse ¿quién va a ser juzgado? Lo último parece obvio, pero la reflexión sobre el dato puede dar mucho de sí. ¿Qué concepto tengo de mí?. Una lectura atenta de los evangelios, ahora, mientras vamos de camino por esta vida; y de forma especial el Sermón de la Montaña (Mt 5, 6 y 7º; y su paralelo en san Lucas, el Sermón de la llanura (cp 6), nos servirán de espejo en el que mirarnos. Esto  lleva días, meses y años; y al final, ¿cómo nos vemos? Este ejercicio hay que realizarlo bajo la mirada amorosa de DIOS, porque el perfil personal que vamos a obtener nos va a resultar más o menos deforme y el balance deficitario, porque nuestra condición humana soporta un pesado lastre. Pero JESÚS pagó por nosotros y resolvió nuestro déficit y nos ungió con su ESPÍRITU para otorgarnos una fisonomía espiritual adecuada. Pero todo ello hay que valorarlo, es preciso agradecerlo con una conciencia clara de quiénes somos.

¿Se puede hablar de juicio sin hacer mención a la posibilidad de la condenación? Cuando JESÚS  nos enseña  el  Padrenuestro, en la versión de san Mateo, incluye  la petición al PADRE para que nos libre del mal. Atendamos  a su significado: en la versión de san Mateo se designo  de modo personal al Malo, y se dice “líbranos del Malo”. Este no es otro que “el padre de la mentira (Jn 8,44). La mentira en este caso es mucho más que la falta moral de mentir, aunque la trasgresión continua de la verdad abra puertas y ventanas a la mentira esencial que se identifica con Satanás y su mundo. La gran mentira que arruina al hombre es creerse dios y no precisar de DIOS. Creo que es difícil llegar al punto de un rechazo total de DIOS y aceptar la gran Mentira de Satanás para siempre, pero la posibilidad no se puede eliminar en función de nuestra condición de personas libres con todos los matices que queramos ponerle a la libertad personal.

Pero lo más importante de todo es, ¿quién nos va a juzgar? De manera rápida, pero inapelable tenemos que afirmar: Nos va a juzgar el que nos quiere salvar a toda costa. Nos va a juzgar el que ha soportado el juicio severo que podría recaer sobre cada uno de nosotros. Nos va a juzgar el que pensó en nosotros  desde toda la eternidad, nos llamó a una existencia  histórica y concreta, nos ha hecho justos no por nuestra propia justicia, sino por la muerte de JESÚS y nos piensa glorificar, es decir, llevar al cielo a la propia gloria del HIJO: “A los que predestinó los llamó; a los que llamó los justificó; y a los que justificó los glorificó” (Rm 8,30).



sábado, 3 de diciembre de 2016

La belleza es fuente de felicidad

JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


En todo lo que decimos o hacemos, buscamos siempre la verdad, el bien y la belleza del mundo. A pesar de que las encontramos siempre unidas, no siempre comprendemos que son una sola cosa.

El mundo está lleno de belleza. Pero para admirarla es necesario salir de nosotros mismos para encontrarnos así más ricos –de aquella riqueza que importa. ¿Cuántos consiguen sentir, pensar y admirar la belleza a su alrededor? ¿Quién se deja tocar, enternecer y conmover por los brillos del verdadero bien que se esconde y revela en el mundo?

La belleza nos abre el corazón y quiere habitar en nosotros como una luz invisible, que ilumina lo que tenemos de auténtico: bueno, verdadero, bello. En el fondo de nuestro corazón existe un pedazo de eternidad, que despierta cada vez que ponemos atención en algo bello del mundo que nos rodea.

La belleza de una música puede ser suficiente para arrancarnos de la miseria en que tantas veces tememos vivir. La belleza nos revela lo invisible que está en la raíz de todas las realidades. Quien solo ve las apariencias no ve la verdad, la bondad y la belleza que existen incluso detrás de la miseria, del hambre y de la tristeza. Quien solo ve apariencias solo ve ilusiones.

Cada uno de nosotros es lo que es, no lo que parece. No debemos juzgar nada ni a nadie con base en las apariencias, o, menos aún, en las opiniones de los que solo piensan y dicen lo que oyen decir a los otros.

Hay un silencio sublime... bueno, verdadero y bello.

Un largo camino por el cual acabaremos por descubrirnos a nosotros mismos... si seguimos adelante, llegará el momento en que admiremos la verdad que hay en todo cuanto existe.

Encontrar lo esencial es descubrir el sentido de la vida.




                                                          (ilustração de Carlos Ribeiro)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Así viven los cristianos en Egipto, país mayoritariamente musulmán



¿Cómo es la vida de los cristianos egipcios tras cinco años convulsivos de revoluciones y golpes de Estado que transformaron por completo la política y la sociedad del país del Nilo? ¿Están discriminados los cristianos de Egipto?





Siguen muriendo venezolanos tras largas horas de hacer cola



La gente hizo fila desde tarde para garantizar cupo para el sábado
La impotencia que para conseguir algo para comer tiene que sufrir en esas condiciones. 

El Chavismo gozo de una fuerte llegada al poder en el 99 con mucho apoyo popular… Eso les permitió controlar el país a su antojo… En el 2013 en cunado todo empieza a ponerse peor, comienza la escasez, aumenta la inseguridad y crece la inflación. El 6 de Diciembre pasado se realizaron en Venezuela unas elecciones donde la oposición logro el 68% de los diputados del congreso (112 de oposición contra los 55 del gobierno) y si, ese fue el comienzo del fin del chavismo. 



En Venezuela se hace una cola para tomar un número para la cola.



Así se expropia Chaves. 





Diego García.



jueves, 1 de diciembre de 2016

El Cardenal Carlos Osoro y la misericordia devaluada



Hace más de dos años ya del debate que tuve con Alejandro Bermúdez sobre el tema del castigo Divino, y para ese entonces era mucha la ignorancia del pueblo católico sobre este tema. Recuerdo que el tema trascendió a las redes sociales, y muchas personalidades ilustres en la Iglesia participaron, pero solo un obispo se plantó públicamente en una entrevista, para recordar que era un error enseñar que Dios no castiga. Me refiero a Monseñor José Ignacio Munilla.







sábado, 26 de noviembre de 2016

Traducciones hay muchas...



Esta nueva traducción de la Biblia de ningún modo es la última y definitiva versión: no es “la” traducción, pero sí una, junto a muchas otras, peores y mejores, anteriores y posteriores.

Fue con alguna pompa y circunstancia que fue publicada una nueva traducción de la Biblia, al portugués, autoría de Federico Lourenço y con la aprobación de la Quetzal. Por la forma como el proyecto editorial fue presentado por la comunicación social, pero no por el traductor ni por el editor, que fueron bastante más comedidos, casi parecía que se trataba de la primera verdadera traducción de la versión griega de la Sagrada Escritura, en oposición a la Biblia católica que, precisamente por serlo, no sería enteramente fiel al texto original. No obstante la exageración, es cierto que esta nueva versión de los libros sagrados  se presenta como “no doctrinaria, no confesional y no apologética” (pág. 18), o sea, pretende ser, pura y simplemente, la Biblia toda y toda la Biblia, sin nada que quitar y poner, para creyentes y no creyentes.

La Biblia no es propiamente un texto reciente, ni desconocido: hace dos mil años que la iglesia católica y otras confesiones cristianas, principalmente los evangélicos, veneran y estudian la Sagrada Escritura, que es el libro más editado de todos los tiempos: el mayor best-seller de siempre. Todos los años, se publican centenas de tesis doctorales sobre la Biblia, estudiada profundamente en  las facultades de Teología de las universidades católicas y, sobre todo, en los pontificios institutos bíblicos. Siendo así, sólo muy difícilmente una nueva traducción, o edición, del texto bíblico puede tener la pretensión de ser algo absolutamente inédito y definitivo. Esta es, con toda certeza, una nueva traducción, pero de ningún modo la última y definitiva versión: no es “la” traducción, sino una más, junto a otras muchas, peores y mejores, anteriores y posteriores.

Es loable el propósito que anima este ambicioso proyecto editorial, como es indiscutible la comprobada competencia lingüística del referido traductor. Pero es cuestionable que alguien, que solo domina el conocimiento de la lengua que pretende traducir, que ni siquiera es la de la mayoría de los originales bíblicos, sea apto para este caso, sobre todo cuando la realidad subyacente a los diversos textos sagrados no es suficientemente conocida por el traductor, como él mismo tuvo la humildad de reconocer. Por otro lado, no parece aceptable reducir un libro esencialmente religioso a una mera obra literaria porque, perdida su especificidad, queda también desfigurada su traducción.
Tal vez Federico Lourenço no tenga culpa de no conocer bien la historia bíblica, ni el sustrato semítico de la Sagrada Escritura, pero ciertamente es responsable por permitir que se hagan afirmaciones sin suficiente base científica. Por ejemplo, da por sentado que Herodes el Grande murió en el año 4 a.C., recalcando que, sobre esta fecha “no hay duda ninguna” /pág. 27). En realidad, la cuestión aun es controvertida entre los historiadores y, por eso, está lejos de estar definitivamente resuelta (cf. A. E. Steinmann, When Did Herod the Great Reign?, “Novum Testamentum”, 51, 2009, p. 1-29).

Aunque la lectura de esta nueva traducción sea, en general, accesible, no siempre la expresión literaria adoptada es la más correcta. A título de ejemplo, recuérdese la famosa parábola de Lc 15, 11-32, cuando el hijo pródigo, ya arruinado, se emplea como porquero. La edición de los capuchinos, por suerte la mejor, hasta la fecha, en lengua portuguesa, dice: “Entonces, fue a colocarse al servicio de uno de los habitantes de aquella tierra, el cual lo mandó a uno de sus campos a guardar puercos” (Lc 15, 15; pág. 1704). Lourenço traduce: “Se puso en camino y se colocó [sic] con uno de los ciudadanos de aquella tierra, que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos” (pág. 280). Ahora, según el Diccionario de la Academia de las Ciencias de Lisboa (cfr. Vol I, pág. 862), ninguno de los significados del verbo colocar, ni de su forma reflexiva, es sinónimo de emplearse.

Igualmente algunas opciones lingüísticas, aunque técnicamente viables, parecen no obedecer al propósito de una traducción “no doctrinaria, ni confesional ni apologética”. Por ejemplo, cuando se traduce el vocablo griego “amartía”, por error, en vez de pecado. El error apunta sobre todo a una deficiencia intelectual o de conocimiento, mientras que pecado, en cuanto que consciente y voluntaria ofensa a Dios, apela siempre a la responsabilidad personal, o sea, implica el concepto de culpa, que es un lugar teológico esencial en correcta interpretación bíblica y, sin el cual, la propia redención queda necesariamente devaluada.

Más grave es, con todo, su intento de hacer de la Biblia fundamento escriturístico de una moral relativista, en oposición a la tradicional doctrina cristiana que, por el contrario, se basa en la objetividad y universalidad del bien y del mal. Según Lorenço “una de las frases-clave del Nuevo Testamento” (pág, 360) es la afirmación de Cristo, aportada por Juan en su evangelio: “Yo no juzgo a nadie” (Jo.8, 15). Si se tuviera en cuenta que Jesucristo  da prioridad al mandamiento nuevo, que se desdobla en precepto de amor a Dios y al prójimo, parece algo arbitraria la relevancia dada, por el traductor, al principio por él elegido en “una de las frases clave del Nuevo Testamento”. ¿¡Es que, de este modo, se pretende hacer creer que la verdadera religión cristiana no juzga a nadie, ni propone ningún credo de verdades reveladas, no comprende un código moral  de conductas a realizar o a evitar!? Si así fuera de hecho, el traductor estaría insinuando que la verdadera Iglesia de Cristo, al contrario de la católica, se debería abstener de cualquier discurso o actitud condenatoria, en pro de una teoría práctica subjetivista que, en realidad, se podría reducir al moderno eslogan: “vive y deja vivir”.

Sin ser, propiamente, “la” versión científica de la Biblia, esta traducción de la Sagrada Escritura tiene innegables méritos y puede ser de gran utilidad, sobre todo para los no creyentes.  Mientras los católicos, es razonable que prefieran una traducción que, en vez de vehicular las respetables, pero discutibles, opiniones del traductor, inspira la interpretación auténtica que, para un creyente, es la del magisterio de la Iglesia, aun no siendo única.

“Pois é, se chapéus há muitos, traduções há muito mais!”

http://observador.pt/opiniao/traducoes-ha-muitas/

Razón prudente, voluntad confiada


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Un pesimista no es alguien triste, no se deja llevar por las ilusiones optimistas sin fundamento. ¡Se prepara de forma prudente para lo peor, que, muchas veces y por eso mismo, no sucede!

Hay también personas que viven sin gran fe, ni siquiera en sí mismas. Cuando el pesimismo ataca la voluntad, las personas se vuelven víctimas. Se sienten fuera del mundo, sin reconocer en él su casa, ni considerarlo como responsabilidad suya. Estas víctimas voluntarias creen que el mal les viene de fuera... sin que puedan hacer nada... en una especie de renuncia de sí, que acaba por destruir la voluntad y conducir a una renuncia casi total de libertad.

Alguien cuya razón es prudente y la voluntad es confiada tiene lo que le basta para ser feliz, en cualquier circunstancia.

¡Es que alguien puede ser feliz sin pensar en todas las pérdidas que la vida te envuelve? Hay tanta gente que es tan optimista que cree pertenecer a la primera generación de inmortales de la historia de la humanidad!

El día de hoy no es nuestro destino final. Lo mejor está en el futuro, entre muchos escenarios más, que importa evitar, prevenir y combatir.

Ser humano es ser causa. Ser protagonista de su propia vida en un mundo que es también cosa suya. Con base en una atenta lucidez, no en optimismos huecos, a la que se debe aliar una voluntad paciente, valiente y diligente. Una fe hace frente a los miedos sin fingir que ellos no existen o que desaparecerán por cualquier milagro. Es este coraje de pocos el que abre camino a muchos.

Cuando el corazón está agitado es incapaz de silencio, no tiene paz, ni descanso tampoco... es esencial que encontremos los caminos por los cuales  podemos librarnos de las impurezas que nos manchan, de las sombras que nos ciegan, de los egoísmos que nos empobrecen y de los orgullos que nos debilitan.

Podemos llorar lejos de las miradas del mundo, pero las lágrimas son siempre señal de un amor firme que se dirige a alguien concreto.


                                                        (ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/69470/razao_prudente_vontade_confiante

sábado, 19 de noviembre de 2016

Um ‘burburinho’ (estruendo) de los diablos



La radicalización y la intolerancia del discurso anticlerical de algunos homosexuales genera violencia, también contra ellos mismos, tantas veces víctimas de injustas agresiones. Y no favorecen su aceptación.

No fue solo en Nueva Zelanda donde la tierra tembló esta semana. También en las antípodas, en este país que ya fue de blandas costumbres y ahora es de ideologías uniformes y tardíos corporativismos, se registró un violento seísmo mediático, con el epicentro en las controvertidas declaraciones de la Dra. María José Vilaça. Entrevista en la revista Familia Cristiana, la presidenta de la Asociación de Psicólogos Católicos dice: “Yo acepto a mi hijo, amo si cabe aún más, porque sé que él vive de una forma que yo sé que no es natural y que lo hace sufrir. Es como tener un hijo toxicómano, no voy a decir que es bueno”.

Lo que es, o no, natural temo mucho que se le diga. Sin entrar en el fondo de la cuestión, se puede decir que es natural lo que observa en la generalidad de las personas y que, por eso, se atribuye a la naturaleza humana. Ahora, en el mundo entero, cerca del 97% de la humanidad se siente atraída por el sexo opuesto: se puede decir por tanto que, en términos sociológicos, esa es la tendencia más natural, sin que su contrario sea anormal. En este sentido, el celibato, que contraría una inclinación  general, no es tan natural como el casamiento, sin que por eso sea, ninguna anormalidad. Ser superdotado tampoco es natural, aunque sea, como es obvio, excelente.

La comparación entre la tendencia homosexual y la toxicomanía no fue feliz: no son, de hecho, realidades equiparables. Sin embargo, el discurso no versaba sobre la bondad o maldad de la tendencia homosexual, que no compete a la sicología enjuiciar, sino a la ética y a la teología moral. Por el contrario, incidía sobre las consecuencias de esa ocurrencia para los padres, como la misma sicóloga después aclaró: “Lo que (yo) dije es que, ante un hijo que tiene un comportamiento con el cual los padres no están de acuerdo, (estos) deben con la misma acogerlo y amarlo. La toxicomanía es sólo ejemplo de comportamiento que, a veces, lleva a los padres a rechazar al hijo. No es una comparación sobre la homosexualidad, sino sobre la actitud ante ella”.

Es una pena que esa actitud de aceptación y caridad para con los homosexuales, principalmente los que viven con los padres, y para con todos los seres humanos, haya pasado desapercibida a los que no tardaron en apedrear públicamente a la presidenta de la Asociación de Psicólogos Católicos. Ahora bien María José Vilça, siguiendo además al Papa Francisco, como corresponde a cualquier católico coherente, exigió acogimiento y amor para todos.

A propósito, debe aclararse que la Iglesia no reprueba la tendencia homosexual, ni mucho menos a las personas –algunas por cierto católicas- que, a veces contra su voluntad y con gran sufrimiento, se reconocen en esa situación. Lo que la iglesia reprueba son los comportamientos contrarios a lo que, según la Biblia, se entiende es el correcto uso de la sexualidad humana, sean esos actos practicados por un hombre o una mujer, una persona soltera o casada, con tendencia homosexual o heterosexual. No tendría sentido que, a los homosexuales, no se les exigiese lo que a todos los cristianos se pide: en realidad, eso sería incluso una injusta discriminación. El evangelio es igualmente exigente para todos los fieles: principalmente los que optan por el celibato, a pesar de la inclinación natural para la actividad sexual; o los que se comprometen a la fidelidad para siempre, en el matrimonio monogámico, no obstante la natural atracción por otras eventuales parejas. Por eso, cuando Cristo enunció los principios a que se obligan los cristianos cuando se casan, muchos concluirían que, siendo así, más valía no casarse! (Mt 19, 10).

Entre las muchas reacciones suscitadas por las polémicas declaraciones de la presidenta de la Asociación de Psicólogos Católicos, sorprendió, por positiva, el sensato comentario de quien, identificándose como homosexual, tuvo el coraje de criticar a los que, a cubierto de esa misma tendencia, dieron indicios de una mentalidad peligrosamente autoritaria y de una exagerada susceptibilidad en relación a cualquier discurso que no exalte su estilo de vida, o no aplauda sus puntos de vista. En efecto, a este propósito, José Leote escribe: “asistimos a un fenómeno curioso y preocupante que, desgraciadamente, se ha acentuado en los últimos tiempos: quien expresa una opinión contraria a la nuestra es necesariamente homófobo. En otras palabras, queremos rotular de homofóbica a toda persona que no esté de acuerdo con nosotros, que tiene una opinión diversa sobre la homosexualidad, aunque no incite al odio contra quien quiera que sea. O sea, pretendemos coartar la libertad de expresión a los otros, que reclamamos a los cuatro vientos para nosotros. Muchos de entre nosotros llaman a los sacerdotes pedófilos, haciendo una generalización infundada y abusiva; llama a los fieles de esto y aquello, a la Iglesia de aquel otro y al de más allá. Todos y todas se arrogan el derecho a hacer y decir las mayores barbaridades en nombre de la libertad individual y de expresión, pero cuando alguien disiente de nosotros: “Aquí d’el-rei que é ‘homofóbico/a’!”

La crítica no podía ser más acertada, porque la radicalización e intolerancia del discurso de algunos homosexuales genera violencia, también contra ellos mismos, tantas veces víctimas de crueles agresiones. Es justa y necesaria la fundamentada denuncia  de casos de verdadera homofobia, o de injustificada discriminación, porque no tiene posible justificación legal o moral. Pero, el recurso arbitrario a esa acusación incentiva los autos de fe y los juicios sumarísimos en la plaza pública. Los ataques de algunos homosexuales, ciertamente pocos,  a la libertad de pensamiento y de expresión, a la libertad religiosa y de opinión, a los derechos humanos, a los valores y a los principios de la democracia, no favorecen, en una sociedad libre y democrática, su comprensión y aceptación. Por eso, es de esperar que la Orden de los Sicólogos Portugueses no dé curso a las quejas contra la libertad de expresión  de sus profesionales porque, en ese caso, podrá convertirse en una odiosa orden de policías del pensamiento...


En su posterior aclaración, María José Vilça, con serenidad y bonhomía, reconoce que, como reacción a su entrevista, se generó un cierto “burburinho”… En verdad no fue un murmullo, sino –dígase sin que nadie se sienta ofendido- ¡un ‘burburão’ de los diablos!

Corazones bellos con fea apariencia


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Hay personas que tienen un corazón muy sensible, que desborda sentimientos, bajo una fría y dura capa superficial.

Este escudo protector se debe a la necesidad de preservar lo que otrora fue violentado. Las heridas de los golpes pasados pueden curar, pero quedan a la vista, marcan el cuerpo... estas, sin embargo, son solo señales de otras mayores –escondidas en lo íntimo.

La paz que buscamos no está aquí ni allí, en un tiempo o en un lugar determinados. Resulta de un encuentro que cada uno de nosotros debe hacer con el otro –dentro de sí mismo. La paz que buscamos en el caos del mundo está en nosotros.

Esta paz sublime nace del amor, que es el camino para una vida verdadera.

La belleza exterior no es una señal fiel de lo que pasa en el interior. ¡Cuánta bondad se esconde tras feas apariencias! Por eso mismo, tal vez haya siempre algo tan extraño cuan íntimo en los rostros más tristes, cerrados, fríos y distantes de las personas en quien nuestra mirada se posa.
Las personas más emotivas se esconden, muchas veces, bajo capa de insensibilidad. Lo que nos hace sufrir nos marca. Pero es el dolor lo que nos engrandece el corazón. No por eso, sino porque nos hace luchar con más vigor por el bien.

No somos el dolor que sentimos, somos el sentido que le damos.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/68899/belos_coracoes_com_feias_aparencias

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Expulsados del parque natural

 “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace reposar; me conduce hacia fuentes tranquilas, repara mis fuerzas...”

Pusieron su nido en medio del parque natural, en una salina abandonada, como cualquier pareja migratoria encuentra su sitio, el más adecuado para instalarse y cumplir con la misión que la misma naturaleza les encomienda: vivir, desarrollarse y crecer; en su caso para facilitar la vida, ofrecer descanso y dar la oportunidad de reponer fuerzas a otros peregrinos... 

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo, tu vara y cayado me sosiegan...”

Pero las leyes humanas que protegen el parque natural son inflexibles e inhumanas, sólo protegen a los animales, a una pareja humana la expulsan del paraíso que se había creado, que les daba cobijo, alimento y además ofrecía refugio y descanso a cualquiera que acertara a pasar por allí. No son como los animales, que por instinto defienden su nido y su territorio, su casa era casa de acogida y descanso para animales y humanos, caminantes con destinos diferentes que necesitan hacer un alto en el camino.

La fuerza judicial y policial  los expulsó, en el acto, intempestivamente, sin tregua para poder  llevar consigo sus enseres, y alguna ropa de abrigo para afrontar aquella noche fría, ya que tendrían que dormir al sereno, vigilantes, pegados a los muros de su casa, donde quedaban encerrados y precintados sus animales y sus pertenencias...

Preparas una mesa delante de mis enemigos, unges mi cabeza, mi copa rebosa”.



Pero, Dios escribe derecho con renglones torcidos, dicen los que saben. En su divina providencia, Dios mismo, a veces, nos mueve y nos zarandea, como en este caso hizo en la pareja expulsada,  para que encontrara otras soluciones mejores, para que acertaran con la puerta a donde habían de llamar, donde les abrirían y estarían dispuestos a echarles una mano.

Por eso ahora, esta pareja de excluidos sociales,  expulsados del parque natural que ocupaban tan respetuosamente, y hasta devotamente, pueden disfrutar de una vivienda digna, en un medio aún mejor que el que habitaban. Ha sido el resultado de una confluencia de esfuerzos y buenas voluntades, de tenacidad y de fe. 

Ya sólo falta que dispongan lo antes posible de recursos suficientes para ser autónomos completamente, porque seguro que seguirán siendo tan agradecidos  y generosos como en l0 eran en la escasez, son gente muy probada.

Hoy día queremos arreglarlo todo con un clic,  y del mismo modo queremos que nadie sufra necesidad alguna, ni siquiera la mínima... No quisiera parecer conformista, todo lo contrario, pero creo que el ser humano es imprevisible, siempre habrá personas tan diferentes que no es posible encuadrarlas, ‘enjaularlas’; incluso están aquellas que ‘no necesitan’ de la caridad o ayuda ajenas, capaces de sufrir las consecuencias de su forma personal y original de ver la vida, sin culpar a nadie más que a sí mismos, ni tener mucho que agradecer a casi nadie... 

Debemos respetarlas a todas tal cual son, sin prejuicios, lo cual no quiere decir que no debamos prever y  atender lo mejor posible a cualquier ser humano, sea cual sea su forma de pensar y de vivir, disponer de albergues suficientes y dignos, comedores sociales bien situados, asequibles para que no tengan que desplazarse a lugares incómodos y alejados. La crisis crónica, las leyes de género, el disfrute de algunos derechos en perjuicio de terceros u otros más débiles, las múltiples adicciones...,  están provocando un número excesivo de personas sin hogar, muchas de las cuales no calculan o no piensan que pueden caer en la exclusión social, por eso les va a resultar mucho más difícil soportar las condiciones de vida como excluidos sociales... 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida...”


Hoy, más que nunca hacen falta personas capaces de acoger y ayudar, porque son muchas las personas que necesitan ayuda, material y afectiva, o sencillamente que sepan escuchar.

martes, 15 de noviembre de 2016

LOS SANTOS

Pablo Garrido Sánchez

Llevamos algún tiempo procurando hacer asequible la santidad dentro de nuestra Iglesia Católica, y ciertamente algún objetivo se va consiguiendo. Desde el Concilio Vaticano II a esta parte, se propone una amplia socialización de la santidad al cobrar un nuevo protagonismo el laicado. La sociedad moderna aumenta cada día su pluralidad y las aplicaciones pastorales no abarcan la diversidad existente, y se procura la acción de los laicos como la tarea de encarnación de la Fe en cada ambiente o segmento social. Pero el laico debe ser santo, se dice, para que su actividad sea fructífera. No obstante, la santidad es un atributo que nos parece reservado a una cierta elite. Se establece una ecuación: a mayor santidad más eficacia  evangelizadora, con lo que se pueden extraer unas conclusiones preocupantes si no analizamos con prudencia.

¿Quién es un santo? Se puede responder con brevedad: es el fiel santificado. Pudiera parecer que en la respuesta no nos hemos movido del sitio con respecto a los términos de la pregunta, pero no ocurre tal cosa. Primero decimos que el santo es un fiel, es decir, una persona de Fe, que ha de ser santificada, por lo que la santidad no reside en la persona misma. Y es preciso añadir, que  la santificación es un proceso renovador con carácter permanente. A DIOS le basta un instante para elevar a una persona a las cumbres más altas de la espiritualidad, pero  el proceso vital  normal es mucho más lento y gradual. Menos mal que la Escritura nos habla de multitudes alrededor del trono de DIOS, que nadie es capaz contar (Cf. Ap 7 -9 ), porque  tendemos a reducir, seleccionar y excluir, al sentirnos un poco más perfectos y elegidos, con lo que se resquebraja un tanto la propia santidad.

Nuestra Iglesia Católica establece dos grandes vías para alcanzar esa santidad que en determinado momento es propuesta como ejemplo para toda la Iglesia, y para toda la humanidad; esas dos grandes vías son: la práctica de un conjunto de virtudes cristianas en grado heroico y la muerte martirial, en la que la persona muere confesando a JESUCRISTO y perdonando a sus verdugos. En este último caso los hechos anteriores de su vida cobran menos relieve, pues se considera, y parece plausible, que  se muere en la paz del SEÑOR por una gracia extraordinaria que se otorga a los que el SEÑOR mismo santifica. Si la muerte es santa no cabe la más mínima duda que tras la muerte se entra  de manera directa en la esfera de la santidad y contemplación de DIOS como le ocurrió al buen ladrón (Cf Lc 23, 42-43 ). A veces la imprecisión del lenguaje requiere realizar alguna consideración: no existe ningún robo que encierre una bondad intrínseca, lo mismo que no existe un ladrón bueno; en todo caso podemos asistir a un ladrón arrepentido que es santificado por la infinita misericordia de DIOS. ¿Qué hizo este hombre antes de morir para recibir esa gracia que supera todo lo imaginable?: reconocer a JESÚS como su SALVADOR, “acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Y JESÚS le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43)

Puede ser que ahora nos encontremos en mejor disposición para entender en qué consiste la santidad. El concepto de santidad cristiana, teniendo en cuenta lo anterior, empieza a definirse. ¿Es suficiente ejercitar un alto número de virtudes para ser santo? Caben algunas matizaciones: se da el caso de personas no creyentes y poco creyentes que muestran un alto grado de comportamiento ético, y si les preguntásemos si se sienten santas contestarían con cierta indiferencia. Para catalogar la santidad de alguien, la Iglesia precisa de examinar el comportamiento de manera simultánea en dos dimensiones: el ejercicio de las virtudes como el fruto de la acción de JESUCRISTO mismo en esa persona. El campo de influencia en el que se desenvuelve la santidad queda redefinido en el Nuevo Testamento, si antes se decía “seréis santos, porque YO, YAHVEH, soy santo” (Lv.19-2  ); ahora la santidad cristiana establece el amor a JESUCRISTO y la inhabitación trinitaria para que la santidad sea un hecho (Cf Jn 14, 15 y 16). JESUCRISTO es el tesoro escondido, la perla de gran valor  (Cf Mt 13,44-46); que  establece el Reino en nuestro interior por la acción del ESPÍRITU SANTO (Cf Lc 17,21). De esa forma DIOS deja de estar aquí o allí, y se le puede adorar en cualquier lugar (Cf Jn 4,23), porque el creyente en JESUCRISTO se ha vuelto templo de DIOS por el ESPÍRITU (Cf 1Cor 3,16-17).

¿Los creyentes de otras confesiones cristianas pueden alcanzar la santidad? Los católicos hemos tenido grandes dificultades en admitir una respuesta afirmativa; y sin duda, hoy, algunas personas seguirán ofreciendo distintas objeción. Los españoles tenemos un escaso campo de ejercicio ecuménico. Es posible que cerca de donde vivimos esté implantada otra confesión cristiana, pero nos ignoramos mutuamente, pues cada uno en su confesión se cree superior.  El ecumenismo es para nosotros algo exótico y en absoluto vivencial. Esta y otras razones dificultan la consideración de otros hermanos cristianos con posibilidades de perfección y santidad.

La Iglesia Ortodoxa oriental ofrece culto a sus santos, entre los que se encuentran algunos comunes con la Iglesia Católica, que son aquellos anteriores a la ruptura en el mil cincuenta y cuatro, como san Atanasio una de las figuras más importantes a la hora de definir la doctrina sobre JESUCRISTO y la TRINIDAD. Pero el santoral de la Iglesia Ortodoxa cuenta con místicos del nivel de san Serafín de Sarov o de Andréi Rubliov, autor de los iconos más representativos sobre la TRINIDAD.


Hablar de la santidad sin concretarla en personas resulta un discurso abstracto y un tanto estéril, y si lo establecemos de modo directo hacia las personas podremos decir algo, pero nos desborda el misterio. La santidad es una obra de DIOS en el hombre, y esta acción siempre  está revestida por el misterio mismo de DIOS. Cuando se murió santa Teresita de Lisieux, alguna de sus hermanas en religión opinaba, que de Teresita nadie volvería hablar; y como bien sabemos la cosa  no ha sido así. ¿Quién sabe lo que la Gracia va realizando en el corazón de la persona? ¿Quién puede determinar lo cerca que está de DIOS una persona?  Nuestra Iglesia Católica sólo establece el canon de la santidad para algunas personas que de forma notoria se hayan manifestado como testigos de JESUCRISTO, pero sigue habiendo mucha Gracia oculta y silenciosa que sólo es reconocible por los circuitos de la adoración, expiación y servicio fraterno, y esta trama de Gracia invisible solo está presente de manera exclusiva para DIOS. 

sábado, 12 de noviembre de 2016

Amárica, América!




El Papa, como la Iglesia católica, no está, ni puede estar, a favor de uno contra otro candidato presidencial; ha de estar siempre por la paz y por el bien común.

No soy de aquellos profetas retroactivos que, después de verificado un acontecimiento que no previeron, se apresuran a decir que siempre supieron que las cosas irían a ser como de hecho  acontecieron y que, sólo por una cuestión de modestia, no lo dijeron a nadie... Además, seguí la campaña presidencial norteamericana con moderado interés porque, como aquí escribí, ninguno de los dos candidatos me entusiasmaba. Por eso, quedé sorprendido, pero también aprensivo, con la elección de Donald Trump.

Hillary Clinton fue, sin duda la gran derrotada. En Roma, se suele decir, quien entra papa en el cónclave, sale de él de cardenal. Así sucedió con la absolutamente imprevisible elección de San Juan Pablo II, que no era “papable” a la salida y que vino a ser uno de los mayores papas de la actualidad. Es verdad que, en relación al obispo de Roma hay que contar con la especial intervención del Espíritu Santo que, ciertamente, no interfiere en la elección del presidente de los Estados Unidos de América, muy enhorabuena todo poder vendrá de lo alto... En este caso, el proverbio romano se ha cumplido a la letra: la “candidata oficial” fue preterida. Hillary Clinton, de cierto, no vendría a traer nada nuevo a los EEUU de América: era, solamente, más de lo mismo y el pueblo norteamericano quiso indiscutiblemente, apostar por el cambio.

El electorado estadounidense no solo derrotó a la candidata oficial sino que también infligió una derrota al “cuarto poder” que, en su casi totalidad, había apostado, sin pudor, por la candidata demócrata. Desde el principio, Donald Trump fue el lobo de la fiesta y el blanco de todas las críticas. En el caso Watergate, la prensa alcanzó el auge de su poder, obligando a dimitir a un presidente de los EEUU de América. Pero, con la elección de Donald Trump, la prensa ha quedado reducida a lo que nunca debió dejar de ser: un medio de comunicación e información. El “cuarto poder” no puede ser, en democracia, ningún poder, porque no goza de legitimidad democrática. En este sentido, fue positivo que el electorado norteamericano reaccionase contra el candidato que la prensa le quiso imponer y contradijese a la abrumadora mayoría de los sondeos. La victoria de Trump fue, por tanto, una importante victoria para la democracia.

Hillary Clinton era, obviamente, la candidata políticamente correcta. Obama fue elegido en nombre de las minorías, porque un negro, en la Casa blanca, era la prueba de que América había superado los prejuicios raciales, realizando el sueño de Martin Luther King. Hillary quería ser otro tanto: la primera mujer en ser elegida presidenta de la principal superpotencia mundial. Pero los americanos no estuvieron por esas, porque saben que, mucho más importante que ser negro o mujer, el presidente de los EEUU de América tiene que ser, más que un buen cartel, una persona capaz. América no necesita de un icono, ni de una bandera, sino de un presidente a la altura de su inmensa responsabilidad nacional e internacional. La derrota de Hillary fue la derrota de la política formateada por los aparatos de los partidos y defendida por los comentadores de la prensa mainstream, para consumo del elector.

Clinton se presentó también como la candidata de los lobis y de las franjas marginales del electorado norteamericano. A veces, las mayorías son secuestradas por las minorías que, por vía de un discurso victimista,  tienden a imponer sus opciones. Las minorías deben ser reconocidas y todas las personas, sin excepción, deben ser respetadas, por lo menos en la medida en que son dignas de consideración. Pero hay que hacerlo sin permitir que el que es minoritario se imponga a la mayoría. Contra la política de las minorías y de los lóbis, el electorado norteamericano ha reaccionado, eligiendo a Trump. Hillary amenazó con limitar la libertad religiosa, hasta el extremo de admitir, a manera de las dictaduras, la supresión de la objeción de conciencia. Por paradójico que pueda parecer, el voto contra Clinton fue también un voto por la libertad, principalmente religiosa.

Es verdad que Donald Trump, cuando anunció su propósito de construir un muro en la frontera con México mereció, de parte del Papa Francisco, una dura crítica. Pero ese comentario no puede ser interpretado al margen de las no menos severas censuras de Francisco a la ideología de género y al aborto, que Hillary Clinton promueve en tan larga escala. El Papa, como la Iglesia católica, no está, ni puede estar, a favor o en contra de ningún candidato presidencial: ha de estar siempre por la paz y el bien común.

¿Pero, con Trump en la Casa Blanca, no estará más seriamente amenazada la paz mundial? La paz no está, ciertamente, garantizada, pero son obviamente exagerados los rumores de que el próximo presidente de los EEUU de América provoque la tercera guerra mundial. Como disparatada fue la concesión del premio Nobel de la paz a Obama, que nada hizo, que sepa, digno de ese galardón, más político que humanitario. Ni Obama fue tan pacífico como se suponía, ni Trump será tan belicoso como lo pintan. 

Si la elección de Donald Trump fue una sorpresa, también lo será, ciertamente, su mandato presidencial. El futuro pertenece a Dios, sin olvidar que igualmente depende de las acciones y oraciones de los hombres, de todos los hombres. ¡Que Dios ilumine al próximo Presidente de los EEUU. God bless América!

La importancia de un corazón no dividido


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Cuando el silencio invita a la contemplación... es tiempo de recorrer de forma atenta nuestras elecciones. De entre todas, merece un análisis detenido y valiente aquello que escogemos sonando

Una de las mayores fuentes de sufrimiento resulta de la brutal y cruda confrontación entre los deseos y la realidad.

El que desea lo imposible está, desde luego, decidiéndose por una inevitable frustración a corto plazo. Es importante saber soñar, con la cabeza en las nubes, mas con los pies en la tierra. Sin una conciencia clara de la realidad, no hay sueño que se consiga cumplir.

Para alcanzar cualquier objetivo es fundamental saber bien de donde parte y  qué hacer  para seguir en dirección a lo que se desea. Quien espera que los sueños se realicen sin responsabilizarse con rigor en su consecución, sin arriesgarse, no debe esperar sino desesperación...

Es esencial mantener un corazón íntegro. Sin crear vicios que lo rompan, dividan y debiliten.
Hay quien desea todo lo que ve. Algunos hasta desean lo que saben que después tendrán el placer de rechazarlo.

Quien tiene un corazón entero nunca está solo. Quien se entrega a deseos que solo provocan ansias aún mayores, se entrega a las promesas de todo cuanto existe y no existe. Pero la vida no es así. Cada uno de nosotros es llamado a crear las condiciones para que se concrete lo que pretende, a comprometerse en la creación activa del mundo que quiere para sí.

Quien trata de convencerse a sí mismo de aquello que sabe que es mentira, se destruye.

Para llegar a alcanzar lo que deseamos no debemos perder tiempo en hablar de eso. Sólo con fe, coraje y paciencia conseguimos liberarnos de las fantasías que nos adormecen –sin dejar de soñar.



(ilustração de Carlos Ribeiro)



http://rr.sapo.pt/artigo/68315/a_importancia_de_um_coracao_nao_dividido

miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Divorcio o poligamia?



El obispo matizó que, al dar ese paso adelante, consolidar un matrimonio civil, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, piden ayuda y orientación en su situación.








Impaciencia ecuménica



La búsqueda de la unidad de los cristianos no es algo opcional. Forma parte de nuestro ser de discípulos del Señor, que oró con palabras de inequívoco significativo: “Que sean uno” (Juan 17)


El camino hacia la unidad no es sencillo ni parece breve. Y es ahí donde puede hacer su aparición la impaciencia, que tiene dos vertientes principales. 






sábado, 5 de noviembre de 2016

​ Hoy no voy a desistir


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Hoy no es el día en que voy a desistir. Ayer no desistí y hoy tampoco voy a desertar.

Hay momentos en la vida en que es esencial dejar todo lo que no importa del pasado y fijarnos solo en lo que tiene valor.

El camino de cada uno de nosotros debe ser soñado y construido en lo oscuro... rumbo a la luz que no se ve, pero que se tiene la certeza de que existe, pues no hay sombra sin luz.

Todos tenemos muchas montañas para subir y estrellas donde agarrarnos, pero es siempre bueno tener presente todos los caminos que ya recorrimos, los adversarios contra los cuales luchamos en todas las adversidades que, a pesar de haber dado más fuerza a nuestros miedos, aún no consiguieron derrotarnos.

Somos libres, pero responsables para asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Una elección cobarde nos vuelve cobardes. Una elección valiente nos hace  a nosotros valientes y nos da más fuerza.

A veces es preciso arriesgar, dar un paso adelante por donde no hay suelo firme... Si el camino es por ahí, entonces será solo por ahí por donde debemos ir. Mirar adelante y no hacia abajo. Lo mismo si caemos, porque nosotros no somos del abismo, sino del cielo.

Ser amigo es cuidar de quien está atravesando un mal momento. Amar a quien está necesitando cuidado, no a quien nos puede devolver el doble... eso es inversión, negocio, pero no es amor.

Mantener un corazón sensible en un mundo cruel es algo heroico. No es una flaqueza, sino más bien una señal de la más bella y fuerte de las fuerzas nos anima.

Puede incluso suceder que alguien desista de mí, pero no yo.

Sé, con certeza, que voy a estar bien... ¡aunque no sea precisamente hoy!


(ilustração de Carlos Ribeiro)



http://rr.sapo.pt/artigo/67707/hoje_nao_vou_desistir

jueves, 3 de noviembre de 2016

LA GRACIA del Jueves 3 de Noviembre de 2016



La ley cristina de la distribución de bienes se basa en que debe haber más tiempo, más caridad, más generosidad, más atención para quién más necesita.











Luterándonos: el libre examen



Los artículos de Lutero están destinados a promover un gran escándalo, pues por su causa muchos despreciarán el poder de su Santidad del Papa y de la santa Sede Romana. También se abandonarán las obras de penitencia interpretar la escritura a su antojo, por donde la santa y universal cristiandad habrá de incurrir en gran peligro de las almas, pues cada cual no creerá sino en aquello que bien le pareciere. 







Corea del Sur: afirman que la presidenta es dirigida por una líder sectaria



Park Gun-hye, presidencia surcoreana, bordea la dimisión por un escándalo de corrupción que ha sumido al país en la perplejidad y en las dudas sobre quien pilota el Gobierno. El centro del culebrón lo ocupa Choi Scool-sil, una inquietante mujer con una presuntuosa influencia absoluta sobre la que sido su amiga durante cuatro décadas. Lo cuneta en El periódico Adrán desde Pekín.





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