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sábado, 21 de abril de 2018

El bien y el mal no dependen de las leyes




José Luís Nunes Martins



La sociedad actual tiene una perspectiva tan alejada de lo que son los valores que se cree capaz de determinarlos por la vía de las leyes.

Lo que separa el bien del mal no es lo mismo que separa lo legal de lo ilegal. Los valores fundamentales son intemporales, forman parte de nuestra identidad como seres humanos. No están sujetos a los cambios. Tratar de alterarlos es tan peligroso como insensato.

Hoy, muchos atentados contra la vida encuentran soporte en las leyes, que los justifican, e incluso los prescriben.

El aborto, por ejemplo, es y será siempre algo condenable, mientras que, de acuerdo con las perspectivas actuales, llega a ser recomendable en muchos casos, siendo que, para ello, basta que la madre (¿o es sólo mujer? ¡También pude ser hombre que haya cambiado el papel de ciudadano!), no quiera el hijo (¿o es solo un conjunto insignificante de células?) para que el Estado (¿nosotros?) lleve a cabo su voluntad (¿pero no es involuntaria esa interrupción?).

Son muchas las inseguridades, las oscuridades y las contradicciones cuando se debaten estas cuestiones. ¿Pero por qué razón, en estos casos, se prefiere la muerte?

La justificación del mal contra la vida es paradójico: de cara al sufrimiento, existente o posible, se prefiere ponerle fin inmediato. La sociedad solo solicita que alguien asuma la responsabilidad y exige a los demás que  acepten el gesto sin comentarios negativos. ¡Si alguien prefiere la vida ante el sufrimiento, y elige enfrentarse a ese mal con el bien en que cree, ese sí, es condenado como si se tratase de un verdugo!

La vida está hecha de dolores. Sufrimientos profundos. No hay vida sin desdichas, por lo que su inevitable acontecimiento debía ser motivo para unirnos en la defensa del bien y no para tratar de acabar el mal con… un mal aún peor.

Matar es un mal, incluso en los casos en que las leyes defienden a quien lo hace.

La dignidad es el valor que nos llega por el hecho de ser libres, para el bien y para el mal. Quien elige el mal, se elige indigno de de su libertad. ¿Si una madre y un padre confían en las decisiones de un hijo que, después, en el uso de esa libertad, elige el mal, ¿Es que los padres deben alegrarse con la libertad de su hijo? ¿Es él responsable? ¿Y si lo que hace no viola ninguna ley de su país?


La eutanasia, otro ejemplo, se enraíza en una idea de infalibilidad del discernimiento, o sea, de que acertamos siempre en que es mejor para nosotros mismos. En verdad, y por experiencia, todos sabemos que muchas veces nos engañamos respecto a eso. No sabemos ni hacemos lo que es mejor para nosotros mismos. Aunque las leyes crean que sí.

¿Qué tiene que hacer cualquiera ante una ley injusta? ¿Cumplirla por ser ley, o violarla por ser injusta?


lunes, 16 de abril de 2018

Una ley peligrosa



Los suicidios de adultos que recurrieron a tratamientos con hormonas del sexo opuesto, o se someterán a cirugías de cambio de sexo, es 20 veces superior a lo normal.

Por muy poco – 109 votos a favor contra 106- el parlamento aprobó ayer la ley que permite a cualquier joven de 16 años determinar, sin necesidad de recomendación médica, su género. O sea, cambiar en el registro civil su nombre propio –de masculino a femenino, o viceversa- y considerar como suyo el sexo correspondiente. Sólo cuando fuese mayor de edad, a los 18 años, estará autorizado a requerir intervenciones quirúrgicas y médicas que simulen el sexo con el que se identifica; pero, en realidad, no cambia de sexo, solo altera su apariencia anatómica.

La ideología de género entiende que la identidad sexual es algo esencialmente subjetivo y no determinado física y biológicamente, y que la apariencia sexual/morfológica debe ser la que corresponda a esa identidad. El cuerpo humano es masculino o femenino, pero el género admite más de cincuenta modalidades: ‘gender fluid’, ‘gender variant’, ‘genderqueer’, ‘gender questioning’, ‘gender nonconforming’, ‘agender’, ‘bigender’, ‘cisgender’, ‘cisgender male’, ‘cisgender female’, etc. No existiendo ningún fundamente objetivo del género, este depende solo de la propia decisión, que pude optar por la identidad sexual que entienda más adecuada a su personalidad. Más aún, no solo tiene plena libertad para determinar su género, sino también el derecho a ser tratado, a todos los efectos sociales, como tal.

¿Pero, cuál es la opinión de los especialistas en la materia? El Colegio Americano de Pediatras, a través de su presidente, Michelle A. Cretella, y de su vicepresidente, Quentin Van Meter, realizó un estudio, exclusivamente científico, sobre la transexualidad juvenil. Sus conclusiones fueron resumidas por Javier Fiz Pérez, en artículo publicado el pasado 1 de marzo, en el ‘site’ Aleteia, del grupo mediático europeo Media Participations:

La sexualidad humana es una característica binaria, biológica y objetiva. Los genes XX e XY son identificadores genéticos de un estado normal de salud, no de un trastorno. Lo que es natural, en el plano genético humano, es ser hombre o mujer. La sexualidad humana está proyectada de manera binaria, con una interconexión evidente con la reproducción y multiplicación de nuestra especie.

Nadie nace con género. Todo ser humano nace con sexo biológico. Nadie nace con la consciencia de sí mismo como hombre o mujer. Esa conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todo proceso de desarrollo, puede ser influenciada por las percepciones subjetivas de la infancia. Las personas que se identifican  con ‘la sensación de pertenecer al sexo opuesto’, o ‘a algún punto intermedio, no forman un tercer grupo sexual, porque continúan siendo, en términos biológicos, hombres o mujeres.

Cuando un niño, biológicamente saludable, piensa que pertenece al sexo biológico opuesto, padece un problema sicológico y no físico, una disfunción de género, reconocida como un trastorno mental, en la más reciente edición del Manual de Diagnósticos y Estadísticas, de la Asociación Americana de pediatría (DSM-V), en una entidad no confesional.

El bloqueo de las hormonas de la pubertad provoca la ausencia de pubertad, inhibiendo, así, el crecimiento y la fertilidad de un niño que, antes de una intervención de esa naturaleza, era biológicamente saludable.

La gran mayoría de jóvenes -98% de los chicos y 86% de las chicas- que, durante la infancia y juventud, tuvieron problemas de identificación con su sexo biológico, aceptan, después de la pubertad, su sexo biológico. Los datos son del DSM-V, una guía clínica para sicólogos y psiquiatras.

La utilización de hormonas sexuales del sexo opuesto tienen riesgos para la salud: altera la presión arterial, causa la formación de coágulos en la sangre, provoca AVC y cáncer.

En adultos que usaron hormonas del sexo opuesto, o se sometieron a una cirugía de cambio de sexo, las tasas de suicidio son 20 veces superiores que en personas que no se sometieron a esos tratamientos, ni hicieron esas operaciones.

La suplantación de sexo biológico por cirugías y productos químicos no es normal, ni saludable, al contrario de lo que se dice a estos jóvenes con estos problemas.

Según las estadísticas, la identificación de los jóvenes con el sexo opuesto es un trastorno de la personalidad que, en el 92% de los casos, después es superado. Se pregunta entonces: ¿Por qué razón el parlamento portugués, sin ninguna autoridad científica en la materia, quiere facilitar que los adolescentes, que aún no han alcanzado la madurez psíquica y sexual, ni la mayoría de edad, que todavía no pueden beber en público bebidas alcohólicas, ni siquiera votar, puedan precipitar una decisión que tendrá gravísimas repercusiones en su salud física y mental?!Más penoso es saber los suicidios de adultos que recurren a tratamientos con hormonas del sexo opuesto, o se hubieran sometido a cirugías de cambio de sexo, es 20 veces superior al normal. Siendo así, esta nueva ley no es solo temeraria, sino potencialmente homicida.

La Iglesia es particularmente sensible al inmenso sufrimiento de los jóvenes que padecen disfunción de género y de sus familias. Prueba de eso son las innumerables instituciones católicas especialmente dedicadas a su apoyo. Pero también sabe que la complacencia con esas disfunciones no es el camino que mejor sirve a esas personas, que deben ser ayudadas, psíquica, clínica y espiritualmente, a aceptar la versas sobre su identidad sexual y a amarse a sí mismas como realmente son, que es también como Dios las ama. La Iglesia enseña que su condición –como, además, cualquier orientación sexual- en nada disminuye su dignidad, ni impide su realización humana y sobrenatural.

A pesar de los lamentables casos de pedofilia, afortunadamente ya castigados con la merecida severidad y -¡se espera!- definitivamente superados, la Iglesia católica tiene un especial aprecio por los jóvenes, que estos reconocen y retribuyen: las Jornadas Mundiales de la Juventud son la mayor concentración periódica  mundial de gente joven. Este año, el Papa Francisco convocó a los jóvenes de todo el mundo a un sínodo que se realizará en Roma y que será, ciertamente, una jubilosa celebración más de la vida. Al contrario, por aquí la extrema izquierda parlamentaria insiste en lo que San Juan Pablo II llamó ‘la cultura de la muerte’: si la ley que promueve la interrupción voluntaria del embarazo fomenta la muerte de los niños aún no nacidos, la eutanasia favorece el homicidio de los enfermos, de las personas de edad, esta nueva ley hace de los jóvenes víctimas potenciales.

https://observador.pt/opiniao/uma-lei-perigosa/


sábado, 14 de abril de 2018

¿Cuánto cabe en una lágrima?


José Luís Nunes Martins

Ser sencillo es una lucha permanente contra todas las tentaciones para desviarnos del camino cierto. Requiere una atención constante frente a nuestra tendencia a complicárnoslo todo siempre. Hay cada vez más estímulos y opciones, es esencial que cultivemos el discernimiento para trazar y seguir nuestro propio camino.
Mucha de la sed que sentimos es el resultado de deseos que aceptamos como nuestros. Buscamos con todas las fuerzas tantas cosas innecesarias que acabamos por despreciar lo importante. Queremos todo y acabamos, casi siempre, sin nada.
Somos egoístas y tan poco inteligentes que incluso creemos que nos bastamos a nosotros mismos y que tenemos en nosotros todo lo que necesitamos. No. Somos la mitad de tantas cosas y gotas de agua entre otras.

El agua es vida y siempre encuentra la forma de encontrar su camino. Insiste, se acumula y, con paciencia, acaba por descubrir a dónde ir. Cuando se estanca, se corrompe. ¡El agua es sencilla, pura y… viva!
No debemos detenernos en nada pasajero, en la certeza de que la eternidad es vida. Belleza sublime aconteciendo, creándose y multiplicándose.

Vivir es crear. Hacer nacer. Fuente de bien. El mundo quiere ser cada vez más bello, porque su belleza aún no está completa. Por eso cuenta con nuestra capacidad de crear para ser perfecto.
Hoy falta tiempo para pensar. Para esperar y meditar bien antes de decidir. Las acciones quedan siempre con sus autores. El resultado de nuestras decisiones somos nosotros. Mucho de aquello que soy depende de lo que decido, con mayor o menor consciencia. Soy responsable de mi vida, de dar respuestas y encontrar caminos.

¡Estoy llamado a concluir la creación de lo que soy, a ser protagonista de mi existencia, a ser espectador de todo y soy, por encima de todo, una obra prima!
Cada uno de nosotros tiene una misión. El que no sabe cuál es, procure hacer uso de sus dones. A lo que tiene de diferente y mejor de cara a los otros. No, no es lo que le es más fácil o le da más placer, es, sí, lo bueno que puede y debe hacer.

Tu misión es hacer de ti alguien en quien la vida tiene sentido.

El agua que brota de las fuentes no vuelve a ella sin haber cumplido su misión.
En este mundo solo tenemos esta vida. Sepamos hacernos fuentes de agua viva. Matando la sed de los que andan sedientos de respeto, verdad y amor, y limpiando cada una de las heridas de los que fueron despreciados, maltratados, humillados.

El agua busca el agua. Amor busca amor.
¡En una lágrima cabe toda la tristeza… pero también en una lágrima cabe la alegría de una vida entera!

En una lágrima hay una oración y una sonrisa. Una traición vencida por una esperanza de amor que, con certeza, se cumplirá.


domingo, 8 de abril de 2018

La paradoja de la Pascua y otros misterios



Al contrario de otras resurrecciones de las que n os hablan los Evangelios, la de Cristo no fue un mero regreso a la existencia anterior a la muerte.
Los relatos evangélicos relativos a la resurrección de Cristo esconden varios misterios y, como escribió Benedicto XVI en ‘Jesús de Nazaret’, una paradoja.

El primer misterio respecto a la resurrección. Los soldados que estaban de guardia en el sepulcro, no refieren ningún acontecimiento extraordinario entre el cierre del sepulcro y su apertura, en la madrugada del domingo, cuando se descubrió que estaba sorprendentemente vacío. Las mujeres que, esa mañana, se dirigían al sepulcro, no solo no vieron ninguna resurrección, como creyeron, sino que parecía obvio, que el cadáver había sido robado (Jn. 20,2).
Aquel mismo primer día de la semana, Cristo se aparece a María Magdalena (Jn 20, 1-18); a Simón Pedro (Lc 24,34); a los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35); y por último, a los apóstoles, ya excluido Judas Iscariote y faltando Tomás (Jn 20, 19-23). Todos lo ven, es cierto, pero ninguno de ellos lo vio resucitar y, por eso, más que testimonios de la resurrección de Jesús, son solo testimonios del resucitado.

Un segundo misterio se refiere al momento en que tuvo lugar la resurrección de Jesús de Nazaret, pues no se sebe con certeza cuando fue. Se supone que ocurrió en la madrugada del domingo, porque era el tercer día, tal como fuera profetizado repetidas veces.
Los científicos forenses que han estudiado el sudario de Turín –que no es objeto de fe, aunque la Iglesia, en la medida en que es científicamente creíble, lo venera como reliquia de la pasión y muerte de Cristo – envolvieron en lienzo de lino puro, perfumados con mirra y áloe, cadáveres ensangrentados y observaron que “después de 36 o 34 horas de contacto (…) las imágenes de los cuerpos quedaron impresas en los respectivos lienzos, pero muy lejos de la perfección que la síndone presenta”. Muy al contrario la precisión y permanencia extraordinaria de la imagen del sudario de Turín lleva a creer que su impresión se debe a causas trascendentales, es probable que el tiempo de contacto del sudario con el cuerpo en él retratado haya sido también de 36 horas, aproximadamente. Siendo así, si Jesús fue sepultado a la 18h del día sexto, la resurrección habría acontecido a partir de las 6h de la madrugada del domingo siguiente.

Como en tantos otros episodios bíblicos, algunas apariciones del resucitado son anunciadas por los ángeles. Aparecen a las santas mujeres (Lc 24 1-7), especialmente a maría Magdalena, que ve dos ángeles sentados en el sepulcro vacío, uno a la cabecera y otro a los pies de donde estuviera el cuerpo de Jesús (Jn 20, 12-13). Es curiosa esta certeza de que eran ángeles, por cuanto deben haberse aparecido con figura humana, como siempre acontece pues, en caso contrario, no se les podría ver ni oír fácilmente.
Aunque Pedro hubiese sido confundido con su ángel (Hch 12,15), nadie cree que se le apareció un ángel y no Jesús de Nazaret. Inicialmente, es cierto, no es reconocido por aquellos que, siendo sus discípulos más próximos, lo conocían muy bien, pero nadie lo confundió nunca con un ángel. Cuando María Magdalena, estaba buscando a su Maestro y Señor –que trata siempre con la veneración debida por la criatura a su creador y nunca con intimidades de esposos o amantes- lo ve pero no lo reconoce, piensa que se trata del hortelano y no de un ángel (Jn. 14-16)

¿La misteriosa volatilidad de la enigmática y vaporosa presencia del resucitado –aparece en el cenáculo estando las puertas cerradas (Jn 20,19)- sería señal de que allí estaba solo su alma y no su cuerpo?! Sería una hipótesis razonable, si no fuesen las palabras y acciones del mismo Cristo: “’Mirad mis manos y mis pies, porque soy yo mismo; tocad y ved, porque un espíritu no tiene carne, ni huesos, como veis que yo tengo’. Dicho esto les mostró las manos y los pies. Pero, estando ellos, por causa de la alegría, aún siempre sin querer creer y estupefactos, les dice: ‘¿Tenéis ahí algo de comer?’Ellos le presentan un  trozo de pez asado. Habiéndolo tomado, comió a la vista de ellos” (Lc 24, 39-43)
¿A pesar de todo, cómo es posible que los apóstoles, que ya lo habían visto resucitado dos veces por lo menos, y Pedro tres, no sean capaces de identificarlo, ni siquiera por la voz, cuando Él, desde la orilla les dice que echen las redes al mar?! (Jn 21, 1-14).

Más escandaloso es aún el caso de los discípulos de  Emaús que, hablando largamente con Él sobre su propia pasión y muerte, no lo identifican durante toda aquella larga conversación, que termina solo al final del día, cuando finalmente lo descubren, en la fracción del pan (Lc 24, 13-35). ¡Están con Él, hablando de Él y no lo reconocen!
Al contrario de otras resurrecciones de las que nos hablan los Evangelios –de la hija de jairo (Mt. 9, 18-26), del hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 11-17) y de Lázaro (Jn 11, 1-46)- La resurrección de Jesús no fue un mero regreso a la existencia anterior a la muerte. Aquellos tres resucitados volvieron a ser los que eran antes de morir y, más tarde, como cualquier mortal, morirán. Pero no así Cristo. ¡Los apóstoles tal vez pudiesen ‘inventar’ una resurrección como las que Jesús había realizado delante de ellos, pero nunca podrían imaginar que Él, resucitando, fuese verdaderamente el mismo, siendo totalmente diferente!

Jesús, al resucitar, reasumió su humanidad de una forma totalmente original. Su naturaleza divina permaneció inmutable, pero su naturaleza humana era ahora, visiblemente, muy diferente – de ahí la dificultad de su reconocimiento, incluso para sus más próximos- pero siendo absolutamente Él: ¡He ahí la paradoja de la Pascua! Es el mismo, pero de otro modo e, incluso, con otro aspecto: la misma identidad, con el mismo cuerpo resucitado, pero totalmente diferente. Más que un mero regreso a la vida, Jesucristo, con su resurrección, inauguró una nueva vida, que es también para todos los que son salvados en su nombre.

sábado, 7 de abril de 2018

El amor permite ver lo que la pasión oculta



José Luís Nunes Martins

Cada uno de nosotros es un ser dotado de  mayor o menor sensibilidad. Todo lo que existe, visible o invisible, interior o exterior, puede afectarnos.

Si algo nos afecta en alto grado, entonces puede hablarse de pasión.

Así, pasión es lo que sucede cuando algo golpea fuertemente la sensibilidad de alguien.

Una pasión se vuelve señora de la voluntad y, con violencia irresponsable, quema las riendas de la libertad, llevando a la persona  a actuar fuera de lo que es su identidad y su deber.

El concepto de pasión significa sufrimiento. Algo que está obligado a soportar. Un deseo desordenado y fuerte que nos vuelve esclavos. Pero, que nos ciega de cara a lo que somos, a lo que tenemos, a los otros y a toda la existencia.

También se denomina pasión a un entusiasmo fogoso, a una exaltación debida a  una atracción que algo o alguien despierta. No obstante, no es bueno todo lo que se  haga con voluntad consciente, sin noción clara de las consecuencias, o por lo menos, acogiendo de forma madura todos los desechos de este camino muy inclinado. Es malo aquello que se elige no teniendo el corazón en paz y contra toda nuestra razón.

Lo que comienza como un simple y dulce encanto acaba, muchas veces, por convertirse en algo capaz de arrastrarnos y, en una cólera intima, herirnos en lo más hondo. Un dolor que se torna dolencia. Una tragedia. Un mal que casi siempre se disfraza de amor.

Ilusiones que viven de esperanzas seductoras, seducciones que alimentan un hambre de satisfacción, una falsa promesa de placeres que serían puros si no resultasen ser un engaño. Se satisfacen con las novedades, al mismo tiempo que disminuyen con la posesión que se va conquistando.

Una parte de las pasiones nos toman sin que nada podamos hacer sino sufrirlas, no obstante, hay también una gran cantidad de pasiones que podemos dominar, más pronto o más tarde,  con más o menos voluntad y sabiduría.

¿Qué se debe hacer para afrontar una pasión? Descubrir la verdadera raíz o darle un sentido.

Un corazón inquieto es señal de que el amor es poco.

El amor es el bien supremo. Vive fuera del tiempo y sobre  las influencias de los cambios. La verdad del amor permite revelar todos los engaños que se hacen pasar por él, siempre de forma pasajera.

El que ama, es señor de sí y nada le afecta de forma duradera. Porque solo el amor es eterno.

Quien sufre por amor auténtico, o hace de él el sentido de su dolor, ama.

El mal jamás está en el amor, pero sí en su ausencia.

El amor está siempre con los ojos abiertos y abre los ojos que la pasión cegó.

Nada lo disminuye ni debilita. Es eterno y la eternidad no lo cansa.

https://www.facebook.com/jlnmartins

martes, 3 de abril de 2018

Camino hacia Dios.




Especial para un Día de retiro espiritual. El camino de nuestra fe queda bien representado en el itinerario que recorrió Job. Se trata de ver cómo la imagen que tenemos de Dios tiene que purificarse y hacerse más verdadera.









sábado, 31 de marzo de 2018

El ‘selfie’ de JC





La fe en la resurrección de Jesucristo, lejos de ser una suposición gratuita, está fundada en una certeza científica, que hace creíble la explicación sobrenatural.

Habrá quien piense que los ‘selfies’ son una invención moderna, pero no es verdad. Que me disculpen los iconoclastas, pero esta idea de reproducir la propia imagen es mucho más antigua de lo que pudiera pensarse, pues viene, por lo menos, de los tiempos de Jesucristo. De Él fue, de hecho, el primer ‘selfie’ del que se tenga memoria: el sudario de Turín.

La resurrección de Cristo es un principio fundamental de la fe cristiana (1Cor 15, 17-19), pero no la mortaja que, según la tradición, envolvía el cuerpo muerto de Cristo, durante aproximadamente 36 horas. Aunque son muchas las razones científicas que afirman que el hombre del sudario no puede ser otro que Jesús de Nazaret.

Es cierto que, en 1988, algunos científicos propusieron una datación entre los años 1260 y 1390, pero hoy esa tesis científica está científicamente desacreditada, no solo porque la muestra utilizada en ese estudio no era creíble, sino también porque científicamente no quedó probada esa conclusión.

Por eso,  los estudios necrológicos y paleontológicos del calvinista suizo Max Frei, profesor de la universidad de Zurich y criminólogo de renombre internacional, permitirán concluir que la síndone,  tejido de lino tejido al modo indiano, es originaria de Palestina, donde fue tejida aproximadamente hace dos mil años. Se supone que estuvo en Edesa y en Constantinopla, de donde se cree que algún cruzado la pudo haber llevado a Lirey, en Francia, donde aparece en 1353. Más tarde, en 1578, ya era venerada en Turín, donde aún hoy permanece, siendo entonces propiedad de la Casa Real italiana que, en la persona de su último rey, Humberto II, la donó, por disposición testamentaria, al papa, que entonces era San Juan Pablo II.

No quedan dudas de que el sudario envolvió el cuerpo de alguien que fue, hace dos mil años, crucificado, después de flagelado y coronado de espinas. Hasta es posible saber que ese hombre fue azotado –hay registro de 370 heridas, como resultado por lo menos de 600 golpes – con látigos que corresponden exactamente a los que entonces utilizaban los soldados romanos. También son visibles las marcas dejadas por las llagas de las manos y de los pies, así como la del costado, que fue infligida en el cuerpo muerto de Jesús para garantizar, con certeza absoluta, su óbito.

Si las señales de la crucifixión y de la flagelación no son suficientes para concluir que el hombre del sudario es necesariamente Jesús de Nazaret –muchos otros condenados a pena capital eran también azotados y crucificados – no se puede decir lo mismo de la corona de espinas, que sólo a Él le fue impuesta. Fue precisamente esa la razón de su condena, como además se hizo constar, en varias lenguas, en la propia cruz: Jesús de Nazaret, Rey de los judíos (en latín, INRI). También por estas razones, la datación que conducía a los siglos XIII y XIV no es verosímil pues, entonces, hace ya mucho que nadie era flagelado públicamente y crucificado, como indudablemente aconteció al hombre del sudario.

En relación a la imagen de la síndone, subsisten algunos misterios, que la ciencia no ha conseguido descifrar aún. Especialmente lo que respecta a la figura humana visible en el tejido, a modo de un negativo fotográfico. Es sabido que la imagen del sudario no fue pintada, ni reproducida por técnica conocida alguna. Algunos científicos de la NASA llegaron a la sorprendente conclusión de que esa reproducción de un cuerpo humano es tridimensional, lo que también sería impracticable para cualquier falsificador de hace dos mil años, o medieval. Ante la imposibilidad de concretar la forma de fijación de esa representación corpórea en el sudario de Turín, hay quien admite que la impresión haya sido consecuencia de una momentánea explosión de energía. De haber sido así, aquella mortaja no sería solo una reliquia de la pasión y muerte de Jesucristo, sino también una prueba científica de su resurrección.

Cualquiera que sea el veredicto de la ciencia sobre el particular, la verdad es que la resurrección de Cristo, siendo un acontecimiento histórico ampliamente comprobado por muchos y variados testimonios creíbles – en una ocasión única, más de quinientas personas vieron a Jesús resucitado (1Cor 15, 6) – se inscribe en una dimensión trascendente, a la que solo por la fe se tiene acceso. Pero, incluso aquellos que entonces creyeron, como el incrédulo Tomás (Jn 20, 24-29), creyeron porque tenían muchas y sólidas razones para hacerlo. S u fe, lejos de ser una suposición gratuita, estaba fundada en una certeza empírica, que hace científicamente razonable la explicación sobrenatural.

Como escribió D. Américo do Couto Oliveira, que fue obispo de Lamego y autor de A Santa Síndone de Turim, À luz da ciência moderna, ¡“agnósticos o ateos, católicos o no católicos, casi todos están convencidos de que aquel Hombre [del sudario] es Cristo! Oigamos las palabras del filósofo de Virginia, entonces no creyente, Prof. Gary R. Habermas: “Cuando yo era de hecho agnóstico y no admitía la resurrección de Jesús, fueron las pruebas históricas (…) las que me hicieron comprender que él muy probablemente había resucitado de entre los muertos. Mi honestidad intelectual me obliga a confesar que, si estas pruebas histórico científicas se refiriesen a cualquier otra personalidad histórica, mi interés e investigar el caso no habría sido menor. Quiero decir que, si la síndone hubiese sido atribuida a Mahoma, en vez de a Jesús, (…) yo tendría el coraje de reconocer la resurrección de Mahoma. Pero sucede que estas pruebas no se refieren a Mahoma, ni a nadie más que a Jesús”.

Con ocasión del fallecimiento del criminólogo suizo, el secretario del Centro Internacional de Sindonología dice: “Max Frei, cristiano evangélico, luego en el primer instante, intuyó acertadamente que aquella imagen del Hombre de la Síndone no era solo de un hombre que sufrió, ni era la figura de un vencido, sino la de alguien que amó y se dio”. El mismo Cristo había proclamado: “es por esto que mi Padre me  ama: porque Yo ofrezco mi vida, para retomarla después. Nadie me la quita, sino yo la ofrezco libremente, porque tengo poder para ofrecerla y poder recuperarla” (Jn 10, 17-18). ¡Jesús de Nazaret fue muerto, pero fue él el que quiso dar su vida por la salvación del mundo!

¡Feliz Pascua de resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, la más sublime expresión, divina y humana, de la libertad del amor!

https://observador.pt/opiniao/a-selfie-de-jc/

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