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sábado, 25 de febrero de 2017

El misterio Trump


El misterio Trump se explica por la paradoja que mejor lo define: la arrogancia de la izquierda en un político de derechas. Hay razones para creer que América ‘se mueve’ y, con ella, el mundo.

La misión de la teología es explicar misterios. Algunos, como la Trinidad y la Eucaristía son sobre Dios; otros dicen respecto al mundo, como los de su origen y su fin; y otros todavía se refieren a los hombres y a su misteriosa capacidad para el bien y para el mal. Cada ser humano es un misterio, pero hay algunos que lo son más que otros: es el caso de Donald Trump, el actual presidente de los Estados Unidos de América.

Dígase lo que se diga, la verdad es que Donald Trump tiene la condición de irritar a mucha gente, desde la derecha más conservadora a la izquierda más progresista. A nadie le gusta su estilo arrogante, de su palabrería ordinaria a veces, de ser un nuevo rico de mal gusto, para no hablar de su increíble melena. ¿¡Cómo se explica entonces que haya ganado la elección presidencial!? Posiblemente no se explica, pero estas diez pistas tal vez ayuden a comprender mejor el misterio Trump.

1º.  Trump es la expresión de lo políticamente incorrecto: su elección es una reacción contra el sistema político que, en nombre de la democracia, asfixia la libertad. Por eso los norteamericanos eligieron un político anti sistema, en detrimento de Hillary Clinton, que era un profesional de la política, una funcionaria del sistema.

2º.  Trump tenía prácticamente toda la prensa en contra, con la excepción del Fox News y  The Telegraph. Si Watergate fue, al lograr la dimisión de un presidente de los Estados Unidos de América, el auge del poder de la prensa, la elección de Trump fue su canto de cisne. Fue sobre todo gracias al facebook, al twiter y al Instagram como Trump consiguió hacer llegar su mensaje al electorado. Una prensa libre es esencial a la democracia, pero la parcialidad de los medios en la campaña electoral puso en evidencia los intereses políticos y económicos a que, a veces, ceden algunos medios de comunicación.

3º. Trump tiene las ideas claras sobre la vida humana, el matrimonio y la familia y está dispuesto a luchar por ellas. Los partidos conservadores tienen, en general, una actitud tibia y vergonzosa, pero los partidos de izquierda tienen una agenda clara y no pierden ocasión para impulsar: la liberalización del aborto gratuito; matrimonio y adopción por personas del mismo sexo; vientres de alquiler; eutanasia; etc. Trump no tiene respetos humanos en lo que respecta a la defensa de la vida, al matrimonio natural y de la familia, como se vio por las medidas tomadas en relación al aborto.

4º. Trump tiene una relación diferente con los lobis. Muchos gobiernos viven prácticamente secuestrados por los grupos de presión, que son una especie de comisarios políticos de la democracia. Trump ya dio a entender que, en América, manda él, porque fue él, y no esos grupos, por muy respetables que puedan ser, quien fue elegido presidente.

5º.  Trump no tiene miedo de la iniciativa privada, si fuera la que mejor sirve al bien común. La izquierda privilegia la salud pública y la enseñanza estatal porque, en teoría, son los que mejor sirven al interés nacional pero, en la práctica, porque heredó del marxismo una concepción totalitaria del poder y desconfía de la libertad y de la iniciativa privada. Trump cree en el mercado pero, como el Papa Francisco tiene alertado, la lógica de lo descartable es injusta y profundamente inhumana.

6º.  Trump manda él mismo y, por eso, dimitió la procuradora general interina, después de que  Sally Yates cuestionara la orden presidencial que prohíbe la entrada en los Estados Unidos de América a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. También dimitieron todos los embajadores ‘políticos’, que habían sido nombrados por su antecesor y que no eran de su confianza. Es razonable que el presidente exija lealtad a sus funcionarios, mientras  no sobrepasasen sus competencias, respete nla independencia del poder judicial y la separación de poderes.

7º.  Trump no tiene una visión utópica o idealista del mundo. Quiere contribuir a la NATO, cuya importancia estratégica conoce, pero no si Europa no estuviera interesada en su seguridad. En relación al Medio Oriente, es sensible a las pretensiones de Israel, teniendo decidida ya la instalación de la embajada de los Estados Unidos de América en Jerusalén. La capital del estado judío, lo que ciertamente no es una buena noticia para los palestinos. Quiere la paz mundial, pero no solo con los sacrificios de su país.

8º. Trump está a favor de la libertad religiosa, pero no admite que nadie, ni ninguna religión, ponga en peligro la paz y la seguridad de los ciudadanos norteamericanos. Es justo, mientras no viole el derecho fundamental de cualquier creyente a profesar, privada y públicamente, su religión. Los musulmanes no son todos potenciales terroristas, pero es evidente que esta religión  es esencialmente guerrera y que hay un terrorismo mahometano, que deriva del concepto islámico de guerra santa: la jihad.

9º.  Trump es patriota y defiende los legítimos intereses de su país, principalmente por medio del muro en la frontera austral. Todos los estados tienen derecho a evitar la inmigración ilegal y es bueno no olvidar que fue Bill Clinton, un presidente demócrata, quien decidió e inició la construcción del muro, que ya se levanta a lo largo de mil kilómetros, cerca de un tercio de la frontera con México. Y la verdad es que Obama, durante sus dos mandatos, no lo destruyó; ni Hillary, si hubiese sido elegida, lo haría. Pero una América cerrada sobre sí misma puede llevar al resurgir de los nacionalismos proteccionistas, con grave perjuicio para la solidaridad internacional y para los países más necesitados.

10º.  Trump es arrogante, es cierto, y sus efectos no parecen ser lo mejor. No son referencias adecuadas a su función: es, como es obvio, un peligro para su país y para todo el mundo. En realidad, es preocupante que un hombre, a veces tan básico e imprevisible, esté al frente de la mayor superpotencia mundial. Pero no es lo único...

Tal vez el misterio Trump se explique por la paradoja que mejor lo define: La arrogancia de la izquierda en un político de derechas. Por todo esto y lo que queda por decir, hay razones para creer que América ‘se mueve’ y, con ella, el mundo. Si es para mejor o peor, el tiempo lo dirá. Ahora mismo, hay que rezar: ¡Dios bendiga América!

http://observador.pt/opiniao/o-misterio-trump/

La culpa es el dolor por lo que no hemos sido

OPINIÓN DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La culpa pasa y repasa. Pisotea y aplasta. Azota, casi sin fin. Nunca mata, solo quiere prolongar el sufrimiento.

La libertad nos condena a la responsabilidad. Ser libre es decidir, pero es, aún más, haber aprendido a vivir con todas las consecuencias de nuestras elecciones. Buenas y malas. La culpa aparece cuando nos damos cuenta de haber sido autores de un mal.

Con todo, muchas veces somos irresponsables... no solo no asumimos nuestras faltas sino que las atribuimos a otros... algunos de los cuales las aceptan sin comprender que cargan peso que no es suyo.

La falta nunca está en lo que sentimos, sino en lo que aceptamos sentir. La culpa también.
Lo peor de la culpa es el espacio y el tiempo que abre al miedo. El culpable que tiene conciencia de eso ya está cumpliendo parte de su pena, un temor constante que lo paraliza, impidiéndole las alegrías más simples.

La culpa se redime, no por el pesar y por el remordimiento, sino por el arrepentimiento. Compromiso por el cual el futuro se altera a fin de lograr un verdadero perdón por el pasado. Quien se pierde justificándose solo enmascara su culpa, dando al mal aún mayor fuerza y poder.

El arrepentimiento solo tiene sentido y valor si, de hecho, las decisiones futuras obedecieran a la noble voluntad de perfeccionarnos y, recurriendo a todos los medios necesarios, no volvemos a cometer el mismo crimen contra nosotros mismos.

La voluntad de expiar la culpa es el principio de su fin.

La culpa de tanta infelicidad no suele ser de los otros, sino de nosotros mismos.

Nacemos para ser felices, no para ser esclavos del pasado, ni del miedo o la culpa.


                                                 (ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/76961/a_culpa_e_a_dor_do_que_nao_fomos

POLÉMICA: ARQUIDIÓCESIS DE CALI Y ABUSO SEXUAL DE NIÑOS



La Arquidiócesis de Cali culpa en un documento a los niños y a sus padres por haber sido abusados sexualmente por un sacerdote. La increíble posición del arzobispo encendió la polémica y causó repudio.




Entrevista a Monseñor Darìo Jesùs Monsalve Mejìa.









viernes, 24 de febrero de 2017

Lutero, la Reforma sin renovación



Estamos inmersos en una conmemoración particular para el cristianismo de Occidente, con motivo del quinto centenario de la Reforma protestante.







sábado, 18 de febrero de 2017

La vida no se remienda, se enmienda


OPINIÓN DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS
Las apariencias y mentiras con que, a veces, somos tentados para esconder las heridas abiertas de nuestras flaquezas son remiendos.

Cuando algo nos hiere, desgarra o daña, lo importante es trabajar en eso, con todo lo que queda, respetando siempre nuestra integridad anterior y reponiéndola en la medida de lo posible. Sin ilusiones y aceptando que todos somos frágiles y que, por eso, tenemos muchas cicatrices... resultado de golpes que no conseguimos evitar o de escaladas de violencia que tomaron proporciones mayores de lo que creíamos.

Es esencial que cada uno de nosotros comprenda que la voluntad de olvidar, disfrazar o tapar sus flaquezas con pedazos de vida que no es la nuestra es un error, enorme.

Ninguna herida se cura solo por ser cubierta, a veces eso es solo una forma de agravarla. Enmendar no es ocultar el hecho, es curarlo. Doy, siempre y mucho, pero vale la pena. Corregirse y superarse a fin de sobrepasar el error, asumiéndolo y haciendo lo necesario para repararlo en nosotros y en aquellos a quien perjudicamos.

Remendar es mezclar pedazos extraños unos a otros.

La vida es preciosa, íntegra y auténtica, a pesar de todas las cicatrices que son parte de nosotros, de nuestra historia y de nuestra felicidad. Somos nosotros.

Aquellos que no asumen los errores propios como suyos y como parte de su proceso de perfeccionamiento, de tantos remiendos como colocan, llegan a un punto en el que ya ni ellos mismos saben quienes son. No tienen enmienda... son meros remiendos encima de remiendos, ya se acabaron... son solo trapos sin historia.
                                                           (ilustração de Carlos Ribeiro)


sábado, 11 de febrero de 2017

DE LOS MOMENTOS PRUDENTES AL INSTANTE IMPRUDENTE


OPINIÃO DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Nuestros apetitos necesitan ser moderados y encaminados, nuestras pasiones necesitan ser comprendidas. Cuando integramos las pasiones, ellas son utilizadas para realizarnos, cuando dejamos que nos dominen, nos orientamos para su propio bien, no para el nuestro.

Ceder a los apetitos es un camino siempre corto, porque en poco tiempo perdemos el equilibrio y caemos en los abismos de la vida. Dejarse llevar también por las pasiones nunca es algo que sea duradero. Son tan inestables como huidizas. Lo que es hoy, mañana ya no es.

Es importante aprender a orientar los deseos para que nuestras decisiones no nos desvíen del camino del bien.

La prudencia nos ayuda a encontrar la verdadera finalidad de nuestras acciones y a  descubrir los medios necesarios para llegar allí. Por más lejos, demorado y difícil que sea...

La vida es bella cuando es vivida sin excesos. Dentro de los límites de nuestras posibilidades y de acuerdo con las valoraciones más sensatas de nuestra razón.

Ser prudente es señal de inteligencia. Las emociones son una fuerza sublime, pero dejadas a rienda suelta arrastran al más fuerte de nosotros hacia la desgracia.

Un momento nunca es largo y un instante es aún más corto.

Pero hay algo mucho más importante de lo que son la razón y las pasiones, por el cual tenemos obligación de dejar atrás la racionalidad y las emociones. Es el amor. Y el amor exige un acto de fe.

La prudencia cuando se ama es cobardía. La pena de quien no se atreve a amar es pasar a vivir sin paz, atormentado por la idea de que no fue capaz de comprender que, más que las pasiones y las razones, la felicidad exige una última prueba de fe y de voluntad. Un salto capaz de romper todos los límites posibles.

Una prueba absoluta del creer y del querer.

Porque, al final, para el amor nada es imposible.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


jueves, 9 de febrero de 2017

Cuando la injusticia es legal



Quizá la historia sea falsa, pero no son falsas dos realidades que se reflejan en la misma. La primera: han existido y existen estados con leyes completamente injustas. La segunda: hay personas que piensan que las leyes injustas otorgan el derecho de realizar acciones injustas… 







miércoles, 8 de febrero de 2017

Un síntoma de una grave enfermedad espiritual que aqueja a la Iglesia



Que una religiosa católica diga cosas en tv sin ningún tipo de medida disciplinaria de parte de sus superiores es un síntoma de una grave enfermedad en la Iglesia. Pero màs grave aún es que un arzobispo (monseñor Santiago Agrelo) salga en su defensa en las redes sociales diciendo que piensa que la virginidad de María es cosa suya y de Dios, y que ocuparse de esto es perder tiempo en vez de ocuparse por ejemplo de salvar a un niño de seis años que murió trágicamente al cruzar el Estrecho de Gibraltar. 






Sor Lucía Caram dice que José y María tenían relaciones sexuales



En momentos como estos, extraño la inquisición.

Creo que no es mucho pedir la suficiente coherencia como para que sus superiores la echen de su congregación, o por lo menos le hagan retractarse.









Bajo fuego “amigo”



Aunque son casos puntuales, esto me da oportunidad para hacer algunas reflexiones, y pongo sobre aviso a quienes me leen, dado que aunque no debería, muchas personas tienden a creer todo lo que se dice aunque no se fundamente.

Leer la nota ...






Reflexiones sobre ecumenismo: "Excesos" ecuménicos



El auge en el empeño ecuménico nos hecho dejar en segundo plano la importancia de la apologética, la cual la jerarquía eclesiástica considera en su mayor parte un intento de resolver las diferencias por medio de conflictos y discusiones.







Sobre el designio de Dios Padre en la Pasión de su Hijo Jesucristo




¿Cuál es el lugar de la justicia divina en la muerte de su Hijo, inocente y santo en la cruz? ¿De qué modo o en qué sentido se cumpliría la voluntad de Dios con que su hijo muriera de esa forma infame e injusta?







domingo, 5 de febrero de 2017

Un "Silencio" ensordecedor


Los siete pecados capitales del romance de Shusaku Endo y del film de Martin Scorcese, según la doctrina y moral católicas, pecados que se deben a la contradicción con los principios básicos de la fe cristiana.

La película “Silencio” tiene ciertamente muchas cualidades cinematográficas, pero también tiene, por lo menos, siete pecados capitales. No los clásicos, sino los que se derivan de la contradicción entre su argumento y algunos principios básicos de la fe cristiana y de la moral católica.

El argumento del film, inspirado en el romance homónimo de Shusaku Endo, se podría resumir en una frase: por caridad, sería justificable la apostasía, o sea, el rechazo de la fe. En algunos casos, el martirio, que es la victoria de la fe, debería ceder ante el imperativo de la caridad: no sería virtuosa la muerte que arrastrase consigo la vida de seres inocentes. En un contexto de una eventual persecución, podría ser incluso meritoria la apostasía, como expresión de un amor desinteresado, porque el mártir podría ser , en último término, un orgulloso que, para garantizar su propia gloria, permitiría la tortura y muerte de fieles inocentes. Por el contrario, el cristiano auténtico sería el que, por amor a los otros –¿no es la caridad la principal virtud cristiana?!- se estaría dispuesto incluso a renegar de su fe, aún sabiendo que, de ese modo, pecaría gravemente y, por lo tanto, comprometería su salvación.

Este es, a groso modo, el argumento de “Silencio”, el romance de Shasaku Endo que Martin Scorcese realizó como film. ¿Pero, esta tesis es aceptable según las enseñanzas de la fe cristiana y de la moral católica? No parece, a cuenta de los siete pecados capitales de este ensordecedor “Silencio”...

1. El primer pecado capital de “Silencio” es, precisamente, la contradicción que establece entre la fe y la caridad cristiana, insinuando que, en algún caso, puede ser necesario negar la fe para salvaguardar la caridad, o sea, apostatar por amor. Tal suposiciones contraria a la noción de martirio cristiano, que no es, como se pretende hacer creer, un acto de orgullosa afirmación personal, sino un acto supremo de caridad cristiana: “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los amigos”(Jn 15,13). San Pablo enseña que la muerte más cruel, sufrida por la fe, pero sin amor, no sólo no es martirio sino que tampoco tendría, en términos cristianos, ningún valor: “aunque yo /...) entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me aprovecha” /1Cor 13, 3). El mártir no antepone su salvación y gloria eterna al bien de los otros sino que, imitando a Cristo, ofrece su vida por los hermanos y por el bien de sus almas. Siendo lo mismo, en términos humanos, sin gloria la muerte del mártir, la Iglesia siempre consideró que el martirio nunca es un acto egoísta, ni en vano, porque la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.

Nótese que antes de Cristo, el pueblo judío ya tenía esta convicción: la madre de los siete hermanos macabeos los exhorta a permanecer fieles hasta la muerte, pues su apostasía sería deshonrosa, no sólo para ellos, sino también para su familia y para todo el pueblo de Dios. Cuando las autoridades piden a la piadosa madre que, por lo menos, evite la muerte del último del último hijo que le resta, aquella santa madre que, “llena de nobles sentimientos, unía un coraje varonil a la ternura de mujer” (2Mac 7, 21) lo anima a permanecer fiel hasta la muerte: “No temas, por tanto, este suplicio, y sé digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que, en el día de la misericordia, yo te encuentre en medio de ellos” (Mac 7, 29). Su cesión sería siempre, incluso en aquel contexto tan doloroso, una ignominiosa traición y, al contrario, su fidelidad hasta la muerte, la mejor expresión de su caridad, también para con sus hermanos y su madre, que por eso lo anima a abrazar el martirio.

2. El segundo pecado capital de “Silencio” es la suposición de que un acto, en sí mismo malo,  podría no serlo en un determinado contexto. O sea, mentir o apostatar sería justificable en legítima defensa, ante una agresión injusta y brutal. Es en esta contradicción donde radica el relativismo del argumento porque, según la moral cristiana, una acción intrínsecamente mala no puede dejar de serlo, aunque fuere un medio para alcanzar un bien mayor. No se puede matar a un ser humano inocente, ni apostatar, aunque sea para salvar otras vidas.

3. El tercer pecado capital radica en la supuesta independencia entre los actos de un sujeto y su fe, o sea, un creyente podría externamente apostatar, sin con todo negar la fe en su interior. Pero no se puede restringir la afirmación de la fe a una mera actitud interior, porque es por las obras como se conoce la verdadera fe.

La escena final de este film sugiere, por tanto, que la apostasía podría, en realidad, no afectar a la verdadera fe del apóstata, porque este, aunque exteriormente hubiese públicamente repudiado su condición de cristiano, en su intimidad continuaría siendo católico, aunque fuera viviendo en abierta contradicción con su fe. ¿Pero, sería cristiana tal contradicción entre las obras exteriores y las convicciones íntimas?!

Es obvio que esa duplicidad, si consciente y voluntaria, no es compatible con la fe cristiana que, más que creer en unas determinadas verdades, exige una vivencia de acuerdo con esos principios, que lo son precisamente porque tiene correspondencia con la práctica. Por lo tanto, no es católico quien dice que lo es, sino quien procura vivir como tal. En caso de contradicción entre la fe y las obras, es por las obras como se ha de reconocer la fe y no al contrario: “¿de qué aprovecha, hermanos, que alguien diga que tiene fe, si no hiciera obras de fe? A caso esa fe podría salvarlo? (...) Así también la fe: si ella no tuviera obras, está completamente muerta. Más aún: ¿podrá alguien alegar sensatamente: Tú tienes fe, y yo tengo obras, muéstrame entonces tu fe sin obras, que yo, por mis obras, te mostraré mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También lo creen los demonios, pero se llenan de terror. (...) Así como el cuerpo sin alma está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Stg 2, 14. 18-19. 26).

4. El cuarto pecado capital tiene que ver con el silencio propiamente dicho, que sirve de título al romance y al film correspondiente.  En realidad, es casi blasfema la afirmación de que Dios se mantiene en silencio cuando los padres Ferreira y Rodrigues se enfrentan a un doloroso dilema, porque ellos saben muy bien cual es la respuesta de Dios a su duda. Por eso, Dios habla por la Sagrada Escritura, Dios habla por la sagrada tradición, Dios habla por el magisterio de la Iglesia, Dios habla por la oración, Dios habla por la obediencia del religioso a su superior, Dios habla aún por la voz de la recta conciencia. Más que del silencio de Dios, habría que hablar de la sordera de los hombres que no quieren oír su voz, o de su flaqueza para cumplir sus mandatos.
Imputar, a un hipotético silencio divino, la culpa de la apostasía del misionero es tan absurdo como desacertado sería que un asesino se disculpase del crimen que realizó, diciendo que no oyó ninguna voz de lo alto prohibiéndole matar...

5. El quinto pecado capital de “Silencio” es su intento de presentar la religión católica como un producto occidental que se opone a la tradición y cultura nipona, como si los misioneros, con el pretexto de evangelizar, en el fondo fuesen colonizadores, o agentes de un cierto imperialismo cultural. En este sentido,la reacción de las autoridades japonesas sería, en primer lugar, patriótica y, en este sentido, por lo menos comprensible, cuando no elogiable.

Ahora bien el cristianismo no pertenece, en régimen de exclusividad, a ninguna cultura o tradición pero, como verdad que es, forma parte del patrimonio universal de la humanidad. Sería absurdo considerar que la evangelización de Europa fue, en realidad, una acción colonialista oriental, sólo porque los cultos paganos europeos fueron sustituidos por la creencia judeocristiana, de origen asiático. Toda la verdad, principalmente la fe cristiana, no es de ningún pueblo en particular pero, como la ciencia, es patrimonio de toda la humanidad: por eso la Iglesia es católica, o sea universal.
En cada país, la fe cristiana se adapta perfectamente a los usos y costumbres locales, en cuanto sean moralmente lícitos. Dígase de paso que en este proceso, no siempre fácil, de inculturación de la fe, los jesuitas realizaron un trabajo admirable, principalmente en el Extremo Oriente.

6. El sexto pecado capital de “Silencio” es lo se deriva de la metodología adoptada para el tratamiento cinematográfico, aunque aficionado, de una determinada realidad histórica. Por eso, la dificilísima evangelización del Japón es una de las páginas heroicas de la historia de la Iglesia Católica y de la Compañía de Jesús: al referirla por la perspectiva de la apostasía de unos pocos, se ofende la memoria de los muchos que fueron verdaderos héroes. La apostasía de algunos fue la excepción a la regla del martirio de tantos: recuérdense, por ejemplo, San Paulo Miki y sus compañeros mártires.

Es verdad que el Padre Cristóvao Ferreira apostató y no fue el único, pero contar la evangelización del Japón a través de ese prisma es tan incongruente como injusto sería exponer la acción heroica de los 40 conjurados que restauraron la independencia nacional, en 1640, por el prisma del traidor Miguel de Vasconcelos...

7. El séptimo pecado capital de “Silencio” es confundir apostasía con apóstatas, transfiriendo el perdón y comprensión de los apóstatas, como cualquier otro pecador, carecen, para la propia apostasía, que es de este modo moralmente justificada. Ahora bien la Iglesia siempre enseñó a amar a los pecadores y a despreciar el pecado, de modo semejante a como un médico lucha contra la enfermedad, pero acoge y protege a los pacientes. La tolerancia con el pecador y, aunque él, solo puede ser perdonado y acogido de nuevo si verdaderamente está arrepentido.

La Iglesia siempre ha venerado a los mártires, pero nunca los confundió con apóstatas, pero que tampoco nunca excluyó, aunque mucho requiriese, su perdón y readmisión en la comunión eclesial, su arrepentimiento y penitencia, que debía ser pública cuando la apostasía también lo era. Así aconteció con los primeros cristianos que flaquearon ante las persecuciones romanas, los ‘lapsi’, sobre los cuales S. Cipriano de Cartago escribió un tratado.

Al contrario de los musulmanes, que aún hoy aplican la pena capital a los renegados, la Iglesia Católica, sin legitimar nunca la apostasía, siempre perdonó y acogió  de nuevo a los apóstatas arrepentidos. ¡Simón Pedro negó por tres veces al Maestro, lloró amargamente su pecado, del que el Señor lo perdonó y después fue mártir y primer papa de la Iglesia Católica! ¡Porque Dios es amor, perdona siempre al pecador arrepentido, no una vez, setenta veces siete! (cf. Mt 18, 22).

http://observador.pt/opiniao/um-silencio-ensurdecedor/

sábado, 4 de febrero de 2017

¡Sólo el amor basta!

OPINIÓN DE JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Entre el mundo material y aquel que no se puede tocar, ni ver, hay una diferencia enorme. Los hechos objetivos son solo una parte de la realidad.

La verdad incluye esos dos mundos y, por eso, va mucho más allá de lo que es material.

El mundo está lleno de cosas a las que se da un valor que poco tienen que ver con sus cualidades intrínsecas. Hay quien ve las cosas como condiciones esenciales, escalones o trampolines para la felicidad y hay quien ve en ellas la finalidad y plenitud de su existencia...

Tal vez esta confusión se dé porque muchos no comprenden que el amor,  tal como el viento, sólo se puede conocer por sus obras.

Hay quien piensa que el amor es una flaqueza, inutilidad e incluso una ilusión. Esto porque, cuando se ama, todo se relativiza al máximo hasta tal punto que parece casi perder su sentido anterior, una vez que pierde el valor que le dan los que no aman.

Ninguno de nosotros es el centro de su misión.

Pero hay quien busca lo divino solo en busca de milagros.

La mayor parte de nosotros prefiere soñar y llorar por un milagro cualquiera en el mundo material, en vez de creer y sufrir por el amor verdadero. No, no se puede tener todo, ni tendría sentido alguno. Sólo el amor basta. Todo lo demás es prescindible.

¡El amor no es un milagro. Es algo mucho mejor!



(ilustração de Carlos Ribeiro)


jueves, 2 de febrero de 2017

Pedófilos, locos y suicidas: así eran los ideólogos de género



Cuatro de los principales ideólogos de género: Wilhelm Reich, Margaret Sangre, Michel Foucault, y Margaret Mead: Es como si alguien hubiera abierto las puertas del manicomio y las teorías de sus locos màs celebres se convirtieran en doctrina mundial. Ya no hay nada objetivo, ni siquiera la diferenciación biológica XX ò XY, oh cromosomas fascistas, que determinan si es hombre o mujer. 









LECTURA ESPIRITUAL - 02/02 - pres - Fiesta de la Presentacion del Senor



Lectio Fray Nelson, para la Fiesta de la presentación del Señor, lectura espiritual.


Escucha"pres - Fiesta de la Presentacion del Senor" en Spreaker.







Orar con los santos



Textos de hombres y mujeres de Dios; capaces de enseñar, inspirar y acompañar nuestra vida de fe.







sábado, 28 de enero de 2017

¿A quién veo cuando me miro en el espejo?


JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

La imagen que el espejo me ofrece es una sombra de lo que soy. Es visible, pero no se puede tocar.

La imagen es real. Puedo verla delante de mí. Pero es una verdad cruda y una mentira cruel, porque yo no soy solo lo que allí se refleja. Por eso, busco historias pasadas en cada detalle de mi rostro. Me surgen preguntas, muchas, y me pregunto ante aquel reflejo que nada me dice... y acabo por desesperarme por no oír nada. Me pregunto de nuevo, como si mi determinación pudiese intimidar al silencio... Y el silencio me responde con más silencio.

Tal vez yo mismo, aquel que pregunta, sea la respuesta que la vida me da.

Estoy aquí y siento la vida en mí. Tal vez yo necesite aprender y aceptar los silencios, no como vacíos de sentido, sino como espacios de tiempo que la vida reserva para sí misma, no para mí.
Cada uno de nosotros está obligado a pasar largas horas en los desiertos de la existencia. Son tiempos tan duros como importantes. Porque cuanto más cruda y dura es la verdad, más duele. Pero más nos purifica y perfecciona.

Es a mí a quien corresponde la decisión de ser, dentro del fruto ya maduro de mi pasado, la simiente del futuro que quiero crear.

Los que se dejan perder en los desiertos, mueren... y hay también muchos que se quedan presos en la relación de sí consigo mismos.

Comprender que hay una misión para cada día y que la vida tiene sentido a pesar de todos los dolores... mientras, tal vez me vuelva digno de la vida que me fue confiada, comenzando a mirar para los otros y dejando de mirar para mí.



(ilustração de Carlos Ribeiro)


http://rr.sapo.pt/artigo/74565/quem_vejo_quando_me_olho_ao_espelho


jueves, 26 de enero de 2017

LA ADORACIÓN



Pablo Garrido Sánchez

Cuentan que un maestro espiritual entró en un templo, no es importante especificar si era una mezquita, una catedral cristiana o un templo hinduista, y se tumbó en tierra con los pies hacia el altar dando una imagen irreverente a las miradas de los presentes, que consideraban el altar como un lugar donde la presencia de Dios estaba de forma especial. Algunos para resolver tal desacato intentaron mover al maestro espiritual y orientarlo de otra forma de manera que  los pies no estuvieran frente al altar, y en ese momento el templo comenzó a girar en el mismo sentido en el que pretendían mover al maestro espiritual. La lección estaba clara y sigue siendo necesaria: DIOS está en todas partes.

Esta verdad así desnuda es silenciosamente revolucionaria. Fue silenciosamente revolucionario el bautismo impartido por Juan Bautista en el Jordán, pues ponía en evidencia que el efecto espiritual de los sacrificios realizados en el Templo de Jerusalén no era superior al producido por su bautismo de confesión de los pecados llevado a cabo por él, y esto molestó en gran medida a los que ostentaban la postura oficial. Pero sobre todo la revolución silenciosa se produce con el ministerio público de JESÚS. ¿Puede ser público y silencioso a la vez? El profeta se encargó de anunciarlo: “No clamará, no gritará por las calles, la caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará (Is 42,2-3). De múltiples formas la voz del MAESTRO (VERBO), a lo largo de las generaciones, viene hablando en el silencio del corazón a personas de toda condición más allá de credos, razas y adscripción social. Sigue siendo revolucionaria la máxima de JESÚS a la samaritana: Los verdaderos adoradores adorarán en  ESPÍRITU y VERDAD; esos son los adoradores que el PADRE busca · (Cf Jn 4, 23).


La escena vivida entre JESÚS y la mujer samaritana sirve para extraer una lección magistral sobre la adoración. No sólo la adoración puede ser el objeto de meditación partiendo de este encuentro, pero entre las múltiples facetas que ofrece este texto aparece con suficiente entidad la adoración misma.
Tanto la Samaritana como nosotros heredamos una tradición religiosa recogida en la Biblia, a la cual tenemos que volver la mirada de forma reiterada. El libro revelado nos muestra que la adoración es el ser o no ser del pueblo elegido; que la desgracia original acontece cuando la adoración es suplantada por la propia deificación, seréis como dioses (Cf Gn 3, 5); que la idolatría es la causa de la dispersión, la destrucción y la muerte del pueblo en su conjunto y del hombre en particular. Son muchas las citas bíblica que podríamos aportar para justificar los asertos anteriores. La adoración construye, la idolatría confunde, divide y destruye; pero como en otras materias el panorama ofrece una escala de grises bastante amplia, pues la adoración no es nada sin el adorador, y este no es químicamente puro. Lo vamos a decir de otra manera: el sujeto que adora precisa de un proceso de transformación permanente para hacer del acto de adoración un momento de encuentro personal con DIOS de creciente significación; de ahí que la adoración se aprenda adorando, lo mismo que a hablar hemos aprendido hablando. La corrección es una faceta del aprendizaje a la que todos estamos sometidos en esta vida, por eso tenemos necesidad de volver de manera repetida a las fuentes donde están las claves del camino cristiano.

JESÚS nos informa, en el evangelio de Juan, que es una tarea permanente y urgente por parte de DIOS buscar adoradores. Teniendo en cuenta el mismo evangelio, a DIOS se lo estamos poniendo un poco difícil. JESÚS fue al Templo de Jerusalén y allí no encontró adoradores y se enfadó ostensiblemente (Cf. Jn 2, 13ss); y como Siervo sin dejar de ser el HIJO fue a buscar por los caminos y en Sicar, pueblo de Samaria, encontró una mujer que un rigorista habría excomulgado cinco veces o seis, pues había estado casada cinco veces, y el hombre con el que vivía no era marido suyo;  tampoco nos dice de quién era marido. Esta persona samaritana encarna muy bien a los que se encuentran en las encrucijadas de la vida, que DIOS llama (Cf Mt 22,9); pero que los que se creen de un nivel superior dan un rodeo y pasan de largo (Cf Lc 10,31-32,). El lugar en este caso era el pozo donde los vecinos del pueblo iban a sacar agua. Conocemos la escena, se inicia un diálogo que parte de una de las necesidades humanas más básicas: satisfacer la sed. Si era mediodía y verano la cosa podía estar en cuarenta y cinco grados, y beber un poco de agua es casi un imperativo. JESÚS el Siervo de DIOS se hace pobre y necesitado de aquella mujer que le había dado tres portazos a muchas cosas en la vida en busca de un amor que no encontraba, con cinco hombres había estado conviviendo y para colmo el actual era marido de otra. JESÚS conduce un diálogo que leído en el evangelio de Juan dura dos minutos, pero en la realidad pudieron ser dos horas o más. A la mujer no es que se le hubiera ido el santo al cielo, sino que a través de aquel intercambio personal despunta un fondo religioso de máximo nivel y hace la pregunta capital: por la adoración. Para la mujer samaritana la adoración estaba sujeta a unos rituales determinados, que debían realizarse en el lugar preciso: ese lugar era ¿el templo del monte Garizín o el Templo de Jerusalén? Pero JESÚS ofrece una alternativa absolutamente nueva: Ni en este monte, ni en Jerusalén. Llega la hora, y ya está aquí que los que adoran realmente son los que adoran en ESPÍRITU y VERDAD. Tales adoradores son los que el PADRE busca  (Cf Jn  4, 23)

Nos hemos saltado muchas cosas de este episodio, pero no son decisivas para el tema que nos ocupa que es la adoración. Sí procede, por otra parte, rescatar y ahondar en lo posible sobre la frase: Los verdaderos adoradores adorarán al PADRE en ESPÍRITU y VERDAD (Jn 4,23).  El espíritu del hombre tiene que estar unido al ESPÍRITU de DIOS, porque DIOS es ESPÍRITU (Cf Jn 4, 24). La adoración tiene una meta: “ABBA”. Este término fonéticamente pertenece al lenguaje universal, pues todos los niños de cualquier cultura hacia los seis meses de vida emiten una expresión similar para referirse a la persona más próxima que le ofrece amor, alimento y protección. San Pablo elevó este impulso humano inicial a la categoría de tendencia primaria hacia DIOS mismo: El ESPÍRITU se une a nuestro espíritu y clama: “¡ABBA!”(Rm8 15-16) de manera que alcanzamos la conciencia misma de los hijos de DIOS gracias a la unción que nos transfiere el ESPÍRITU SANTO nos resulta fácil afirmar con el salmista del salmo 138 la omnipresencia de DIOS:.. Otros salmos dilatan el alma de la persona orante a las dimensiones de lo inabarcable de DIOS y de su presencia totalizante, providente y amorosa. Sentirse siempre en la presencia amorosa de DIOS es paso decisivo y un objetivo prioritario para cualquier persona que discurra por la senda de la adoración.

JESÚS señala la adoración en “verdad”. En el propio evangelio de Juan hay que buscar su significado preciso. La verdad  en este caso no es una categoría ética con la que determinar si algo es cierto o falso, aunque el término “Verdad” no excluya ningún aspecto en ese sentido. La “Verdad” requerida por JESÚS para que la adoración resulte auténtica es el resultado de la unión vital con el “YO SOY”, que es la “VERDAD” misma: “YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 5) Por tanto, el hombre para constituirse en adorador tiene que estar anclado en la nueva EXISTENCIA CRÍSTICA. Tengamos presente que el evangelio de san Juan habla de JESÚS de Nazaret con la perspectiva que se obtiene del Hijo del hombre RESUCITADO, ofreciéndonos al mismo tiempo la realidad actual del REDENTOR y la relación y visión que hemos de tener de ÉL.

En el JESÚS del evangelio de san Juan están de manera especial “las cosas nuevas”. La Redención hace nuevas todas las cosas y la verdad del hombre no es la condición humana anterior al YO SOY que se ha hecho carne y acampó entre nosotros” (Cf Jn 1,14). La revelación a Moisés en el Sinaí, en la que DIOS se manifiesta como la EXISTENCIA -YAHVEH-(cf. Ex 3,14) , adquiere una realidad totalmente nueva con la encarnación, muerte y resurrección del HIJO de DIOS. Si la dignidad humana antes de la redención era de máximo rango, después de la Resurrección el hombre entra de forma directa en la esfera divina de manera difícilmente imaginable. Toda esta sublime realidad está en cada uno de nosotros de forma incipiente, aún no manifestada; y por eso la adoración adquiere una importancia capital porque es la rendija que nos permite vislumbrar la grandeza de DIOS y su obra por nosotros.  Conocemos la escena en la que Pilato le pregunta a JESÚS con un desdén escéptico: “y qué es la verdad”. El silencio de JESÚS fue la contestación, porque el romano no apreció, ni escuchó lo anterior que le había expuesto JESÚS. “Que ÉL había venido para dar testimonio de la Verdad” (Cf Jn 18,37-38). JESÚS se estaba identificando con la Verdad, por lo que elevaba el concepto de la mera lógica formal o la categoría ética a la condición de persona. JESÚS es la Verdad del hombre para DIOS, y es la Verdad de DIOS para el hombre. DIOS contempla al verdadero hombre en su HIJO JESUCRISTO; y nosotros los hombres podremos contemplar a DIOS sólo a través del HIJO: “Nadie conoce al PADRE, sino el HIJO, y aquel a quien el HIJO se lo quiera revelar (Mt 11, 27)

La adoración se convierte en una acción TRINITARIA en el corazón del hombre: El PADRE busca adoradores y es la meta de la adoración; el HIJO nos reviste de la humanidad verdadera con la que podemos realizar un acto de adoración movidos por el ESPÍRITU SANTO. Esta breve síntesis no es una arquitectura caprichosa o artificial de la adoración; todo esto resulta de una vida en CRISTO iniciada en el bautismo sobre la que decidimos en un sentido o en otro a lo largo de los años. La adoración nos sitúa en el corazón del mundo y en el verdadero motor de la historia. Nunca la inteligencia artificial será capaz de adorar, aunque los avances técnicos puedan simular multitud de facetas humanas. La adoración no es un hecho insignificante en el conjunto de las manifestaciones humanas; es, por otra parte, la actuación más diferenciadora y específica del ser humano.


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